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jueves, 17 de noviembre de 2022

¿TIENEN ÉXITO LOS EMPRENDEDORES INMIGRANTES? UN ANÁLISIS DE LA SUPERVIVENCIA EMPRESARIAL DE LOS NEGOCIOS CON INCUBACIÓN PÚBLICA EN ANDALUCÍA

Entrada elaborada con Víctor Bellido Jiménez y Domingo Martín Martín y publicada en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.

La creación de un negocio proporciona un medio de vida y puede mejorar la situación socioeconómica de los inmigrantes, especialmente en el caso de los que muestran una desventajosa inserción en el mercado de trabajo. A este respecto, la supervivencia de las empresas creadas por inmigrantes puede considerarse un indicador elemental del éxito de sus iniciativas empresariales.

En un reciente trabajo publicado en la revista Investigaciones Regionales – Journal of Regional Research- (Bellido-Jiménez, Martín-Martín y Romero, 2022) analizamos la supervivencia de las empresas incubadas por la Fundación Andalucía Emprende (AE). AE ha sido el instrumento fundamental de la Junta de Andalucía para la promoción del emprendimiento y el desarrollo de la pyme en las últimas dos décadas. La actuación de AE se enmarca en el esfuerzo desplegado por el gobierno regional para impulsar el espíritu empresarial y la actividad emprendedora en Andalucía (Romero y Fernández-Serrano, 2014).

Nuestro análisis se construye a partir de un estudio de la supervivencia anual de 1,974 negocios incubados por los servicios de apoyo público de esta fundación en el período 2009-14, incluyendo iniciativas impulsadas por auto-empleados (empresarios individuales) de nacionalidad española y extranjeros. Desde la perspectiva metodológica, el análisis emplea modelos econométricos sobre datos de duración. 

El negocio promedio en nuestra base de datos estaba localizado en una ciudad media del interior, disponía de un empleado en el momento de su creación y contó con una inversión inicial de unos 28,500 euros, operando en el sector servicios. El perfil más habitual de su promotor era el de varón de nacionalidad española, de más de 40 años y con estudios de bachillerato o formación profesional. 

No obstante, el perfil más frecuente difiere cuando se analizan por separado los auto-empleados nacionales y extranjeros. Así pues, las empresas creadas con el apoyo de AE por auto-empleados extranjeros se situaron predominantemente en los centros urbanos regionales y ciudades medias del litoral, que representan polos de atracción de la población inmigrante en Andalucía. El negocio promedio impulsado por los auto-empleados inmigrantes contó con una inversión inicial menor, que ascendió solo a algo más de la tercera parte de la observada en el caso de los promotores nacionales. La edad media del auto-empleado extranjero fue superior a la del nacional y preponderó el perfil femenino, frente al masculino en el caso de los promotores nacionales. Finalmente, entre los inmigrantes fue menor la participación de promotores con estudios de Bachillerato y Formación Profesional, en comparación con lo observado para los auto-empleados nacionales. Sin embargo, entre los auto-empleados extranjeros los porcentajes de promotores con estudios primarios y ESO, así como con estudios universitarios, fueron superiores a los observados en el caso de los auto-empleados nacionales.

Nuestros resultados indican que las probabilidades de supervivencia de los negocios impulsados por emprendedores inmigrantes son menores a las de los puestos en marcha por auto-empleados autóctonos. Como se observa en el gráfico, la curva de supervivencia empírica de los promotores extranjeros está sistemáticamente por debajo de la de los promotores autóctonos. Transcurridos cinco años desde la puesta en marcha del negocio, más de la mitad de los auto-empleados habían abandonado la actividad, en concreto, el 52.97% de los auto-empleados nacionales frente al 65.51% de los extranjeros. Estas diferencias se mantienen cuando se controla mediante métodos econométricos por diversas características básicas de los negocios y de los perfiles personales de los auto-empleados (como la localización, el nivel de inversión inicial y el sector de actividad del negocio y el nivel educativo y el sexo de la persona promotora, entre otras variables). 


Curvas de supervivencia estimadas para los negocios con promotores extranjeros y nacionales (método Kaplan-Meier)



Nuestro análisis se centra en empresas que disfrutaron de apoyo con recursos y asesoramiento público. En el caso de los auto-empleados extranjeros, se trata, por tanto, de emprendedores inmigrantes que tenían un cierto grado de integración en la comunidad de acogida, dado que tuvieron conocimiento de los servicios de apoyo público al emprendimiento y desarrollaron una colaboración efectiva con Andalucía Emprende. A pesar de ello sus tasas de supervivencia se situaron significativamente por debajo de las de los promotores nacionales. Este resultado sugiere la existencia de dificultades particulares para el inicio y la consolidación de las iniciativas emprendedoras en el caso de los auto-empleados de origen extranjero.

La supervivencia en los auto-empleados extranjeros fue inferior a la de los nacionales para todos los grupos por nivel educativo; no obstante, estas diferencias fueron muy amplias para el caso de los auto-empleados con solo educación primaria o ESO; resultaron menores en el caso de los auto-empleados con educación universitaria, reduciéndose aún más en el caso de los auto-empleados con título de bachillerato o formación profesional. 

Los resultados de este trabajo muestran que, en general, la formación del auto-empleado tiene un impacto positivo en la supervivencia de los negocios de nueva creación y que este factor juega un papel aún más relevante para los inmigrantes. Una formación superior parece proporcionar instrumentos cognitivos que permiten a los inmigrantes superar las barreras específicas que afrontan en el desarrollo de sus iniciativas emprendedoras. Así pues, en el caso de los emprendedores extranjeros el nivel de educativo actúa como una “vacuna” frente al cierre de sus negocios. 

De estos resultados pueden derivarse implicaciones directas en relación con las políticas de fomento al emprendimiento en Andalucía. El apoyo a las iniciativas empresariales de la población inmigrante puede jugar un papel relevante para la mejora de la situación económica y laboral de este colectivo y, en consecuencia, para su integración social en la región. No obstante, los servicios de apoyo público deben ser conscientes de las mayores dificultades que experimenta este colectivo de emprendedores y promover iniciativas que favorezcan sus probabilidades de éxito. El establecimiento de procedimientos de atención particularmente diseñados para inmigrantes en los servicios de información y apoyo para la creación de empresas podría ser una aproximación útil a este respecto. Asimismo, a tenor de los resultados de este trabajo, ciertas acciones formativas podrían favorecer la supervivencia y el éxito empresarial de los negocios promovidos por los inmigrantes.

Referencias bibliográficas.

Romero, I. y Fernández-Serrano, J. (2014): “The European Cohesion policy and the promotion of entrepreneurship. The case of Andalusia”, Investigaciones Regionales / Journal of Regional Research, 29, 215-236.

Bellido-Jiménez V. M., Martín-Martín, D. y Romero. I. (2022): “Autoempleo en inmigrantes y supervivencia empresarial de los negocios incubados en Andalucía”. Investigaciones Regionales / Journal of Regional Research, 52, 25–41.


miércoles, 13 de mayo de 2020

DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19

Artículo realizado junto con Pedro de Ahumada Servant y publicado en el diario Expansión (Andalucía) el 07/05/20.


El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital. 


Las circunstancias actuales están permitiendo confirmar que España dispone de buenas infraestructuras TIC, capaces de dar respuesta a un crecimiento explosivo del tráfico de datos. Sin embargo, la transformación digital no es un proceso meramente tecnológico: su principal protagonista no son los ordenadores, ni las redes, sino las personas. A este respecto, el Digital Economy and Society Index (DESI), elaborado por la Comisión Europea, muestra deficiencias comparativas en las competencias digitales de la población española en el contexto comunitario. 

La gravedad de la situación económica derivada de la pandemia se acentúa en el caso de aquellos sectores, como el comercio, que se ven más afectados por el confinamiento. El impacto de la crisis se agudiza asimismo en esta rama de actividad debido a su atomización empresarial. El 60,5% de las empresas comerciales en Andalucía no tienen empleados y el 35,8% son microempresas con menos de 10 trabajadores. Estas empresas disponen de un limitado colchón financiero para absorber la paralización de su actividad. El comercio aporta un 9.1% del VAB andaluz y más de 460.000 empleos para la economía regional. Una parte significativa de este tejido empresarial está en riesgo. La amenaza afecta con mayor intensidad a la mujer, dado que la representación femenina en el empleo del sector alcanza el 60,4%. 

El reto de la digitalización representa en estos momentos para la pyme comercial una crisis de supervivencia. A este respecto, un estudio reciente elaborado por Angloben Digital Economy muestra que el nivel de digitalización del comercio en Andalucía se sitúa en el 42,9 % de su potencial. Por lo tanto, el sector se enfrenta a esta crisis con un retraso notable en su transformación digital, pero con perspectivas de mejora extraordinarias en dicho plano. 

El potencial de la digitalización como motor de cambio de los modelos tradicionales de negocio en el comercio es formidable y constituye una singular oportunidad. Los comercios locales pueden desarrollar servicios digitales para reducir los obstáculos asociados a las barreras físicas -más limitantes en un contexto de confinamiento y aislamiento social-, simplificar las cadenas de suministro y agilizar la provisión de bienes y servicios. En estos días difíciles, muchos comercios tradicionales se están transformando digitalmente con éxito. En las propias plazas de abastos algunos negocios han diseñado herramientas de pedidos, han contratado personal y multiplicado por cinco sus ventas. La clave en estos procesos es sin lugar a dudas el capital humano y no son pocos los comerciantes que están evaluando con rapidez la situación y aprendiendo a relacionarse digitalmente con sus clientes. 

La crisis del Covid-19 supone un punto de no retorno para la transformación digital del comercio. Las políticas públicas deben acompañar a los comerciantes perspicaces y dinámicos que busquen aprovechar las oportunidades que la transformación digital pone a su alcance, garantizando la viabilidad presente y futura de un tejido empresarial necesario para la economía andaluza.

lunes, 10 de diciembre de 2018

LA RECETA DE LA INNOVACIÓN PARA ANDALUCÍA

Publicado en Expansión (Andalucía) 03/12/18

Existe un amplio consenso que apunta a la innovación como el factor clave para avanzar en el desarrollo de Andalucía. Sin embargo, no resulta tan evidente cómo hacer más innovadora a la economía andaluza. 

La innovación se concibe en la actualidad como el resultado de procesos interactivos de creación, transformación, aplicación y difusión de conocimiento, en los que participan diversos actores presentes en el territorio (empresas, sistema educativo, centros de investigación, administraciones públicas, …). Este paradigma lo ilustra a la perfección un modelo de excelencia como el Silicon Valley, donde se explotan con éxito las sinergias derivadas de la colaboración entre los agentes que conforman el sistema de innovación. 

No obstante, supondría una ingenuidad pensar que es posible recrear un Silicon Valley en cualquier territorio. Para cocinar ese plato hacen falta unos ingredientes y unos medios técnicos que no siempre están disponibles e, incluso si lo estuvieran, reproducir la receta con acierto resultaría harto complicado. Un enfoque más realista consiste en fortalecer los sistemas regionales de innovación a partir de las fortalezas y debilidades de cada territorio. Se trata de cocinar adaptando recetas aplicadas con éxito en otros entornos a los ingredientes y los medios disponibles. A tal efecto, conviene considerar que los factores críticos que estimulan y obstaculizan la innovación empresarial difieren parcialmente entre unas regiones y otras. En un reciente estudio (“The entrepreneur in the regional innovation system. A comparative study for high- and low-income regions”, publicado en la revista Entrepreneurship and Regional Development) ponemos de manifiesto estas diferencias para el caso de España. 

Así pues, en las economías regionales de ingreso más alto, como Madrid, País Vasco y Navarra, las restricciones financieras, fiscales y administrativas representan los obstáculos más sensibles a la innovación empresarial. Por el contrario, en las regiones de bajo ingreso del sur español, como Andalucía, Extremadura y Murcia, las deficiencias en capital humano e infraestructuras siguen actuando como las principales barreras para las empresas innovadoras. Asimismo, en las economías con atraso relativo como Andalucía, con deficiencias significativas en sus capacidades emprendedoras, la ambición por el crecimiento resulta una característica muy distintiva de las empresas que innovan frente al resto. Por otra parte, la innovación en las regiones españolas más desarrolladas se beneficia de la colaboración entre las empresas, mientras que este mecanismo es poco empleado en las regiones del sur peninsular. En estas últimas, la colaboración efectiva en materia de innovación se restringe a las relaciones entre empresas y universidades/centros tecnológicos y de investigación, siendo esta cooperación en cualquier caso débil. 

Por lo tanto, en la receta de la innovación para Andalucía, el capital humano constituye el ingrediente clave, lo que insta al fortalecimiento tanto de la educación reglada, como de la formación continua en las empresas. Las actuaciones en este ámbito deben contemplar, de modo trasversal, el estímulo a la cultura emprendedora. Pese al avance logrado en las últimas décadas, se deben seguir abordando de modo selectivo inversiones en ciertas infraestructuras estratégicas. Finalmente, resulta esencial aumentar la interacción entre los agentes del sistema regional de innovación. A tal fin, urge estrechar las relaciones entre el sistema productivo y las universidades y los centros tecnológicos. Las empresas andaluzas deberían asimismo aprovechar mejor las oportunidades asociadas a la cooperación inter-empresarial mediante procesos de innovación abierta (“open innovation”). La cooperación resulta fundamental en un tejido productivo como el andaluz, en el que la atomización empresarial lastra la innovación. 

jueves, 4 de mayo de 2017

ANDALUCÍA Y LA ESPECIALIZACIÓN NEGLIGENTE

Publicado en Expansión (Andalucía) en 2 de Mayo de 2017

El debate sobre el modelo productivo andaluz y su transformación retorna periódicamente adquiriendo un renovado protagonismo en foros políticos, empresariales y académicos. Los anhelos de industrialización constituyen, a este respecto, el lugar común de unas demandas recurrentes de cambio estructural impregnadas de voluntarismo. El discurso industrializador se superpone en la actualidad al relato asociado a la nueva estrategia de Política de Cohesión comunitaria, que se articula en torno al concepto de especialización inteligente (“smart specialisation”).

La estrategia de especialización inteligente anima a cada territorio a aprovechar sus fortalezas, ventajas competitivas y potencial para la excelencia a través de la innovación y un desarrollo basado en el conocimiento. La estructura económica andaluza ha estado históricamente delimitada por ventajas comparativas asociadas a su base natural. Los recursos minerales, una tierra y un clima favorable para la agricultura, su litoral y su situación geo-estratégica han marcado y marcan nuestra economía. Esta especialización, más que falta de inteligencia, ha adolecido de negligencia. Desde esta perspectiva, el retraso comparativo andaluz responde en buena parte a la falta de cuidado, aplicación y diligencia para explotar al máximo las ventajas comparativas existentes, ganando escala empresarial y ampliando el valor añadido.

¿Cómo puede Andalucía avanzar hacia una especialización más inteligente? Por una parte, incrementando la capacidad de generación de valor en sus sectores tradicionales, como el agro-alimentario o el turismo. Para ello es clave la incorporación de tecnología, conocimiento y creatividad a los procesos productivos a través de la innovación empresarial. Andalucía tiene potencial para el liderazgo global en su producción agro-alimentaria y puede explotar mejor las sinergias derivadas de la conexión de este sector con el turismo a través de la restauración y, en particular, de la alta cocina. Andalucía puede atraer a un mayor número de turistas y a la vez posicionarse para captar un turismo de mayor calidad, asociado a un gasto medio por visitante superior. Este desarrollo turístico puede alcanzarse preservando el equilibrio territorial y la sostenibilidad con la contribución del sector ambiental y las energías renovables. Y Andalucía puede y debe explotar más diligentemente las ventajas logísticas asociadas a su situación estratégica en un mundo donde las cadenas de generación de valor se han hecho globales.

Al modelo productivo andaluz se han sumado apuestas exitosas, como la del sector aeronáutico, que hay que cuidar con esmero. Existen también oportunidades por explotar en los sectores de la ingeniería, otros servicios avanzados y la cultura. Asimismo, nuevos desarrollos industriales podrían contribuir a diversificar nuestra estructura productiva. No obstante, el proceso de desindustrialización afecta a la mayor parte de las economías avanzadas y la transformación del modelo productivo solo puede responder a ventajas comparativas reales y no a buenos deseos suspendidos en el aire.


La Estrategia de Investigación e Innovación para la Especialización Inteligente de Andalucía (RIS3) y la Estrategia Industrial de Andalucía 2020 proponen un marco de referencia válido para el fortalecimiento del sistema productivo regional. Sin embargo, el reto más inmediato pasa por perseguir con diligencia la excelencia en lo que hacemos. Las empresas andaluzas deben afrontar su internacionalización y mejorar su competitividad en el mercado global con ambición e invirtiendo en conocimiento. Del mismo modo, necesitamos un sector público más eficiente que aspire a la excelencia. Y todo ello no se alcanzará con la mera retórica de los planes estratégicos, sino mediante una labor sorda, esforzada y persistente a escala microeconómica en busca de la eficiencia. A tal fin, resulta prioritaria la inversión en el recurso clave para la Andalucía del siglo XXI: su capital humano. Porque solo será posible lograr una especialización más inteligente contando con la formación, la diligencia y la capacidad emprendedora de los andaluces.  

martes, 8 de diciembre de 2015

ABENGOA: EXCEPCIÓN Y SÍNTOMA

Abengoa representaba la gran historia de éxito empresarial andaluz en el último siglo. Compañía familiar creada por Javier Benjumea Puigcerver en 1941 –en enero cumplirá 75 años-, la continuidad de la empresa vino de la mano de sus hijos, Felipe y Javier Benjumea Llorente, quienes convirtieron a Abengoa en una multinacional con cerca de 25.000 empleados en todo el mundo, facturando más de 7.000 millones de euros, un 88% fuera de España. Hoy este buque insignia de la economía andaluza se encuentra al borde del naufragio. Prepara el que podría ser el mayor concurso de acreedores de la historia de España y su supervivencia pasará necesariamente por una reestructuración dramática.

Resulta interesante contemplar el auge y caída de Abengoa a la luz de la tesis que el politólogo norteamericano Francis Fukuyama propusiera en su libro “Trust: The Social Virtues and The Creation of Prosperity”. Fukuyama defiende en esta obra la hipótesis de que la cultura afecta a la economía, siguiendo la estela abierta por Max Weber con su clásico “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Las decisiones empresariales están condicionadas, según Fukuyama, por valores culturales impregnados en cada sociedad. Entre estos valores se encuentran la confianza mutua y el sentido de la reciprocidad que, junto a la capacidad de cooperación que se deriva de ellas, conforman el concepto de “capital social”. Estos valores y normas sociales son interiorizados por los individuos a través del proceso de socialización, lo que determina que no todas las sociedades disfruten de los mismos niveles de este recurso. 

Las sociedades con una mejor dotación de capital social actúan de modo más eficiente, como resultado de la cooperación y la eliminación de importantes costes de transacción –internos a la empresa y derivados del uso del mercado- que se manifestarían en un contexto de desconfianza, incumplimiento de las obligaciones sociales y falta de colaboración. Asimismo, en las sociedades con más confianza interpersonal existe una mayor sociabilidad espontánea, favoreciendo la aparición de asociaciones e instituciones que ocupan un ámbito intermedio entre la familia y el Estado. Se conforma, de este modo, una sociedad civil más vigorosa que impulsa y canaliza la interacción social orientada al logro de objetivos colectivos. Sin embargo, en aquellas sociedades con un pobre capital social, la confianza interpersonal se limita al ámbito de la familia y los amigos más cercanos, más allá de los cuales, la única institución con capacidad para articular acciones de carácter colectivo –aún con limitada eficacia- es el Estado. 

Según Fukuyama, la influencia del capital social es fundamental para la empresa, como unidad económica y social. Prácticamente todas las compañías tienen un origen familiar, pero en sociedades con escaso capital social la empresa solo prospera y crece en el marco de la familia, como grupo social primario. En este ambiente cultural se limita la gestión profesionalizada, la innovación organizativa y el crecimiento empresarial, debido a la desconfianza frente a los individuos ajenos a la familia. Como consecuencia de ello, en territorios con poco capital social escasean las grandes empresas, predominando absolutamente las microempresas y las pequeñas empresas familiares. Fukuyama señala a Italia como ejemplo de sociedades con escasa confianza interpersonal, en comparación con otras con alto nivel de confianza como EE.UU, Japón o Alemania. Su argumentación podría aplicarse a tejidos empresariales como el español y, muy particularmente, el andaluz, que destaca por una atomización asociada a la apabullante presencia de microempresas (96% del total de empresas) y la práctica ausencia de grandes empresas autóctonas. 

Abengoa representaba la gran excepción a este patrón. Los Benjumea supieron abrir esta empresa familiar al talento, la innovación y el capital externo. Abengoa, la única empresa andaluza que cotizaba en el IBEX, ha sido todo un símbolo de innovación en Andalucía y el mundo. La compañía parecía haber escapado a los límites asociados a la empresa familiar en el contexto de territorios con escaso capital social, pero no lo hizo definitivamente… 

La compañía sevillana ha sido también una empresa excepcional en el entorno andaluz por un segundo motivo: su ambición. Así pues, apostó por convertirse en un líder mundial del negocio de las energías renovables, lo que implicaba una necesidad de financiación extraordinaria. Y la ambición colisionó aquí con las limitaciones de la empresa familiar. La búsqueda de nuevos accionistas para ampliar los fondos propios de Abengoa hubiera conllevado para la familia Benjumea la pérdida del control de la empresa. El crecimiento acelerado de Abengoa se sustentó así en el endeudamiento en un contexto económico que resultaba propicio para ello. El endurecimiento de las condiciones financieras a partir de la crisis llevó a Abengoa a liquidar activos (venta de sus filiales Telvent y Befesa o salida a bolsa de Abengoa Yield) como forma de financiar el crecimiento de su negocio en energía solar. Solo cuando todos los canales de financiación quedaron cerrados y el nivel de endeudamiento se tornó insostenible, la familia Benjumea aceptó las condiciones de los bancos acreedores e impulsó una (por el momento frustrada) ampliación de capital, que los dejaría sin el control de Abengoa. Era demasiado tarde. 

La atomización empresarial que caracteriza a la estructura productiva andaluza y la crisis de Abengoa serían consistentes con la tesis de Fukuyama. La fragilidad de nuestra estructura empresarial podría encontrar bajo esta hipótesis una de sus causas en la insuficiencia de capital social. Esta deficiencia podría ser también responsable de la ausencia de instituciones que vertebren eficazmente la sociedad civil andaluza, impulsando el desarrollo regional, más allá de la alargada presencia de los poderes públicos.

martes, 29 de septiembre de 2015

EL TAMAÑO EMPRESARIAL IMPORTA

El tamaño óptimo de una empresa es el resultado de un amplio conjunto de factores (economías de escala, costes de transacción, estructura del mercado, …). A su vez, la composición por tamaños del tejido empresarial en una economía -globalmente considerada- es asimismo consecuencia de múltiples factores (dotación de recursos, tecnología, grado de apertura, instituciones, tamaño del mercado interior, …). Ambos aspectos se ven afectados por los continuos cambios tecnológicos, económicos y socio-políticos. 

En cualquier caso, las empresas que funcionan bien y colocan productos atractivos en el mercado captan, por lo general, mayor demanda y obtienen mejores resultados, lo que impulsa su crecimiento. Por el contrario, las empresas menos competitivas ven coartadas sus posibilidades de crecimiento -e incluso ponen en peligro su supervivencia-, crean menos empleo, tienen menor productividad y pagan salarios más bajos. Desde esta óptica, la mayor prueba del éxito de una pyme consiste en dejar de serlo, convirtiéndose en una gran empresa. El papel dinámico de la pyme, retando a empresas consolidadas y modificando las pautas de competencia, es fundamental en una economía de mercado. 

Así pues, el tamaño empresarial y su crecimiento representan en general un signo de salud de la empresa. No obstante, no todo crecimiento empresarial es necesariamente saludable: las nuevas inversiones pueden no resultar rentables o venir asociadas a un excesivo endeudamiento (los problemas actuales de Abengoa ilustran el segundo caso). Asimismo, cuando las empresas crecen de modo extraordinario pueden llegar a alcanzar una posición de cierto control o auténtico dominio del mercado, lo que favorece el desarrollo de prácticas que limitan o cercenan la competencia efectiva en perjuicio de los consumidores. Los poderes públicos deben diseñar regulaciones que eviten esos efectos perniciosos, como muestra el Prof. Jean Tirole, Premio Nobel de Economía en 2015. 

En el caso concreto de España y Andalucía, se aprecia un tamaño empresarial medio por debajo de las economías más prósperas de la UE. Según datos de Eurostat, el número medio de trabajadores por empresa en España era de 4,7 en 2014, número inferior al de Francia (5,7 empleados) y muy lejos de las cifras del Reino Unido (11 trabajadores) y Alemania (11,7 asalariados). Esta atomización empresarial se manifiesta como una restricción al desarrollo tecnológico, la innovación y al crecimiento de la productividad de nuestras empresas, limitando su capacidad de competir en el mercado mundial (véase esto o esto). Las grandes empresas españolas muestran unos niveles de productividad semejantes (o incluso superiores) a los de sus homólogas en las grandes economías de la UE (véase aquí). Por tanto, el desfase en los niveles de productividad de la economía nacional con las economías europeas más prósperas se explica por el diferencial de productividad en nuestras pymes y su mayor presencia relativa en nuestra economía (efecto composición).

A este respecto, cabe señalar que en el marco regulador español, como en el de otros países, existen requerimientos legales en la normativa mercantil, laboral o fiscal asociados al tamaño que tienen un efecto desincentivador del crecimiento empresarial. Así pues, nuestras empresas optan en ocasiones por no crecer para eludir determinadas normas que les acarrean costes adicionales. Se da lugar así a lo que algún analista ha dado en denominar “la maldición del empleado 50”. 

Estos problemas derivados de la regulación coexisten en nuestro país con los asociados a una acción pública insuficiente en defensa de la competencia en algunos sectores oligopolizados o con restricciones a la competencia, principalmente en el campo de los servicios. Se requiere a tal efecto una regulación más inteligente que estimule la competencia efectiva a la vez que evite la generación de distorsiones, como el mencionado freno al crecimiento empresarial. 

Asimismo, la creciente apuesta pública por los emprendedores queda excesivamente enfocada al estímulo del autoempleo -como respuesta de política social ante situaciones de desempleo- sin que ello suponga con frecuencia un impulso a proyectos empresariales con auténtica proyección económica. A este respecto, cabe apoyar en mayor medida el crecimiento de la pyme para consolidar un sector de mediana empresa capaz de competir globalmente. Esta transformación es parte del cambio en el modelo productivo que las economías española y andaluza necesitan.

jueves, 26 de febrero de 2015

ANDALUCÍA, ARISTÓTELES Y LA AMBICIÓN ECONÓMICA


El retraso económico que Andalucía mantiene con respecto a las regiones españolas y europeas más avanzadas tiene múltiples motivos y carece de explicaciones simples. A este respecto, cabe reflexionar sobre el papel que pueda jugar, entre otros muchos factores, la cultura y, en particular, una insuficiente “ambición económica”. 

Por “ambición económica” entiendo aquí el deseo ardiente de alcanzar unas mejores condiciones de vida a través del incremento de la renta y la riqueza. La ambición económica tiene manifestaciones diversas: En el caso de los trabajadores se proyecta sobre su afán por progresar en el plano laboral; en el caso de los empresarios se materializa en la actividad emprendedora y el crecimiento empresarial. 

Entendida en estos términos, la ambición económica, y muy particularmente la ambición empresarial, constituye un motor fundamental de la dinámica capitalista. Pero en cualquier sociedad este impulso económico se contrapesa con otras finalidades del comportamiento humano no vinculadas a la búsqueda de la riqueza material (el altruismo, el amor y las relaciones personales, el prestigio y reconocimiento social, las creencias religiosas, los valores éticos, entre otras). Estos otros factores motivacionales se encuentran también impregnados en la cultura y la forma de entender la vida de la población.

La ausencia de ambición económica representa un grave problema colectivo en tanto supone una condena a la pobreza. Una comunidad que se acomoda en la pobreza no puede progresar. Es una sociedad enferma. Sin embargo, ésta no es la única patología posible asociada a la ambición económica. 

En 1930 John Maynard Keynes en una conferencia pronunciada en Madrid bajo el título “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” defendió que el problema económico dejaría de ser en el futuro una preocupación para la humanidad. Llegado ese feliz momento la acumulación de riqueza no tendría relevancia social y se producirían cambios substanciales en los preceptos morales. Profetizaba Keynes que

“el amor al dinero como posesión –a diferencia del amor al dinero como un medio de gozar de las realidades de la vida- será reconocido por lo que es, una morbidez, algo odioso, una de esas propensiones semidelictivas, semipatológicas, que uno entrega con un encogimiento de hombros a los especialistas en enfermedades mentales”.

El ilustre economista británico apuntaba aquí a otra manifestación deformada y enfermiza de la ambición económica: la pasión incontrolada e ilimitada por la riqueza. 

Así pues, para la ambición económica parece ser de aplicación lo que señalara Aristóteles en su “Ética a Nicómaco” en relación con otras pasiones o acciones humanas: “la virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso, otro por defecto”. Según el propio Aristóteles, ese justo medio no viene dado por una única medida para todas las personas, sino que cada cual debe buscarlo respecto así mismo.

Lo cual me lleva, volviendo a Andalucía, al interrogante final: 

¿Se sitúa la sociedad andaluza en el justo medio de saludable ambición económica que le permita proveerse a sí misma de unas condiciones de bienestar material ajustadas a la medida de su particular idiosincrasia y actitud ante la vida? 

Aquí dejo mi pregunta, tuya es la respuesta.

Con Joaquín Guzmán en el recuerdo.

jueves, 29 de enero de 2015

ANDALUCÍA Y LOS FONDOS EUROPEOS: SOBRE EL HARDWARE Y EL SOFTWARE DEL DESARROLLO



A lo largo de las últimas décadas la solidaridad europea, materializada a través de la inversión de los fondos estructurales, ha contribuido decisivamente a transformar la sociedad andaluza e impulsar el desarrollo regional. La Andalucía de finales de los ochenta era un región con deficiencias severas en sus infraestructuras hidráulicas (restricciones de suministro de agua en épocas de sequía incluso en las grandes ciudades), mal articulada internamente (una viaje Sevilla-Jaén venía a representar poco menos que una aventura larga y peligrosa) y con malas conexiones con el resto de España (la era pre-AVE). Profundas carencias afectaban igualmente a las infraestructuras educativas, sanitarias y de ocio, con singular gravedad en las zonas rurales. 

La Andalucía de hoy es una región con unas infraestructuras de transporte, comunicaciones, medio ambientales y sociales comparables a las de las regiones avanzadas de la UE. El cierre de esta brecha profunda que nos separaba de la Europa más desarrollada no hubiera sido posible en un período tan corto, en términos históricos, sin la intervención de los fondos europeos. Europa nos ha ayudado crucialmente a dotarnos de lo que haciendo un símil informático representaría el “hardware” del desarrollo. 

El concepto de hardware hace referencia a los componentes tangibles (mecánicos y electrónicos) de un sistema informático. Pero incluso el hardware más sofisticado que pueda concebirse es incapaz de realizar tareas por sí solo. Se requiere para ello del “software” o conjunto de componentes lógicos organizados en forma de programas informáticos. Hoy por hoy Andalucía ha superado sus principales carencias de hardware. Sin embargo, sigue entre las regiones con mayores tasas de desempleo de toda la UE y su PIB per cápita se sitúa en torno al 75% de la media comunitaria. El reto actual consiste en dotarnos del software económico que permita aprovechar plenamente el potencial de los equipamientos e infraestructuras disponibles aproximando nuestra región a los niveles de renta y empleo de la Europa más avanzada. Y este software necesario cobra la forma de capital humano,  calidad institucional y capital emprendedor.  

La evolución seguida por la estrategia de desarrollo de Andalucía en relación con el uso de los fondos europeos desde su llegada a finales de los ochenta ha estado inspirada por este planteamiento. En los primeros períodos de programación los fondos recibidos se orientaron fundamentalmente a aumentar la conectividad de la región y facilitar el acceso a otros mercados a través de grandes inversiones en infraestructuras de transporte. Ciertamente lo primero era invertir en hardware: primero se compra el ordenador y luego se van adquiriendo los programas. Sin embargo, una vez que se construyeron las infraestructuras más importantes, los rendimientos esperados de los nuevos proyectos en este ámbito se fueron reduciendo e incluso pueden apreciarse hoy día excesos de capacidad en casos particulares. La estrategia andaluza en el uso de los fondos europeos ha ido evolucionado así en períodos sucesivos de programación cambiando el foco de atención hacia el campo de la empresa y la innovación. No obstante, hoy en día, los principales problemas de la economía andaluza siguen vinculados aún con el desarrollo empresarial, la innovación y la competitividad.

Particularmente, las deficiencias en la cultura emprendedora y el dinamismo empresarial han constituido una importante desventaja estructural para el desarrollo de Andalucía. Las múltiples y variadas acciones desarrolladas en el ámbito de la empresa, la innovación y el ajuste estructural han contribuido a ciertas mejoras en las dos últimas décadas, que se han visto afectadas inevitablemente por el impacto brutal de la crisis. Un análisis de los esfuerzos realizados en este campo (en el marco de los programas del FEDER) y sus resultados puede encontrarse aquí.

El espíritu emprendedor ha sido históricamente débil en Andalucía y existen obstáculos socio-culturales que dificultan la obtención de resultados substanciales de modo rápido en este ámbito. A este respecto, el papel de la educación en la transmisión de unas actitudes y una cultura emprendedora es crucial, pero sus efectos solo operan lentamente.  Algunos signos de cambio positivo se aprecian ya en la sociedad andaluza en términos de dinamismo emprendedor, pero mucho nos queda aún por mejorar en este plano.