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jueves, 30 de julio de 2020

CAPITAL HUMANO Y DIGITALIZACIÓN EN LA PYME COMERCIAL

El sector del comercio se enfrenta a una mutación profunda como consecuencia del proceso de transformación digital. El uso de pantallas táctiles y probadores digitales, la interacción con los clientes a través del uso de las redes sociales y aplicaciones para móviles, el empleo de nuevos procedimientos digitales de pago o la aplicación del “big data” son solo algunas novedades que están revolucionando la actividad comercial. Este proceso de transformación se está acelerando además como consecuencia de la crisis de la Covid-19 (como comentamos aquí).

En este contexto, diversas administraciones públicas se están planteando como objetivo apoyar a la pyme comercial en su adaptación a las nuevas circunstancias para favorecer así su viabilidad y mitigar la destrucción de empleo asociada a la crisis que atraviesa el sector. A este respecto, es necesario tener en cuenta en el diseño de estas actuaciones públicas la evidencia disponible sobre los factores que favorecen y obstaculizan la adopción de tecnología en la pyme comercial. Se trata de un aspecto que analizamos en este artículo (junto a Juan Antonio Martínez Román). 

En dicho trabajo estudiamos los factores impulsores de la adopción de tecnología (introducción de nuevo equipamiento técnico e informático y adopción de nuevo software y aplicaciones) sobre una muestra de pymes operando en el sector del comercio al por menor en España. 

El análisis efectuado permitió comprobar que los perfiles personales de los empresarios, tanto en lo que se refiere a las motivaciones para la puesta en marcha o mantenimiento del negocio, como a su bagaje educativo constituyen factores clave que delimitan la capacidad de las pymes para adoptar tecnología. En relación con la motivación empresarial, son los empresarios con motivaciones por oportunidad (frente a aquellos motivados por situaciones de necesidad) los que lideran pymes comerciales con mayor capacidad de adopción tecnológica. En el caso del nivel educativo del empresario, cuanto mayor es este, mayor capacidad de adopción de tecnología muestran las pymes comerciales, como cabría esperar.

La importancia del capital humano como factor clave en estos procesos de transformación tecnológica, se ve avalada también por un segundo resultado en este estudio: aquellas empresas que implementaron actividades formativas para sus empleados tuvieron mayor capacidad de absorción tecnológica.

Asimismo, aquellas pymes que desarrollaron iniciativas de cooperación con otras empresas pudieron adoptar nueva tecnología en mayor medida. Este hecho indica que las limitaciones a las que se enfrentan las pymes derivadas de su reducido tamaño, que les impide beneficiarse de economías de escala, podrían verse mitigadas mediante mecanismos de cooperación empresarial. 

Por otra parte, nuestros resultados sugieren que la adopción de tecnología en las pymes del comercio minorista no se plantea con el objetivo de reemplazar a trabajadores, como a menudo se suele suponer. 

Por lo tanto, las administraciones públicas pueden jugar un papel positivo catalizando los procesos de adopción de tecnología en las pymes comerciales a través del fortalecimiento del capital humano en estas organizaciones. Para ello cobra sentido el apoyo público a acciones formativas y de asesoramiento con un enfoque que estimule la colaboración empresarial. Este tipo de iniciativas parece ser el mecanismo más eficaz para aumentar la productividad y la calidad del servicio en las pymes comerciales tradicionales, promoviendo así la supervivencia e incluso el crecimiento de estas empresas.

Referencia: 
Romero, I. and Martínez-Román, J.A., 2015. Determinants of technology adoption in the retail trade industry – the case of SMEs in Spain. Amfiteatru Economic, 17(39), pp. 646-660.

miércoles, 13 de mayo de 2020

DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19

Artículo realizado junto con Pedro de Ahumada Servant y publicado en el diario Expansión (Andalucía) el 07/05/20.


El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital. 


Las circunstancias actuales están permitiendo confirmar que España dispone de buenas infraestructuras TIC, capaces de dar respuesta a un crecimiento explosivo del tráfico de datos. Sin embargo, la transformación digital no es un proceso meramente tecnológico: su principal protagonista no son los ordenadores, ni las redes, sino las personas. A este respecto, el Digital Economy and Society Index (DESI), elaborado por la Comisión Europea, muestra deficiencias comparativas en las competencias digitales de la población española en el contexto comunitario. 

La gravedad de la situación económica derivada de la pandemia se acentúa en el caso de aquellos sectores, como el comercio, que se ven más afectados por el confinamiento. El impacto de la crisis se agudiza asimismo en esta rama de actividad debido a su atomización empresarial. El 60,5% de las empresas comerciales en Andalucía no tienen empleados y el 35,8% son microempresas con menos de 10 trabajadores. Estas empresas disponen de un limitado colchón financiero para absorber la paralización de su actividad. El comercio aporta un 9.1% del VAB andaluz y más de 460.000 empleos para la economía regional. Una parte significativa de este tejido empresarial está en riesgo. La amenaza afecta con mayor intensidad a la mujer, dado que la representación femenina en el empleo del sector alcanza el 60,4%. 

El reto de la digitalización representa en estos momentos para la pyme comercial una crisis de supervivencia. A este respecto, un estudio reciente elaborado por Angloben Digital Economy muestra que el nivel de digitalización del comercio en Andalucía se sitúa en el 42,9 % de su potencial. Por lo tanto, el sector se enfrenta a esta crisis con un retraso notable en su transformación digital, pero con perspectivas de mejora extraordinarias en dicho plano. 

El potencial de la digitalización como motor de cambio de los modelos tradicionales de negocio en el comercio es formidable y constituye una singular oportunidad. Los comercios locales pueden desarrollar servicios digitales para reducir los obstáculos asociados a las barreras físicas -más limitantes en un contexto de confinamiento y aislamiento social-, simplificar las cadenas de suministro y agilizar la provisión de bienes y servicios. En estos días difíciles, muchos comercios tradicionales se están transformando digitalmente con éxito. En las propias plazas de abastos algunos negocios han diseñado herramientas de pedidos, han contratado personal y multiplicado por cinco sus ventas. La clave en estos procesos es sin lugar a dudas el capital humano y no son pocos los comerciantes que están evaluando con rapidez la situación y aprendiendo a relacionarse digitalmente con sus clientes. 

La crisis del Covid-19 supone un punto de no retorno para la transformación digital del comercio. Las políticas públicas deben acompañar a los comerciantes perspicaces y dinámicos que busquen aprovechar las oportunidades que la transformación digital pone a su alcance, garantizando la viabilidad presente y futura de un tejido empresarial necesario para la economía andaluza.