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martes, 15 de septiembre de 2026

DIFERENCIAS REGIONALES EN LA PRECARIEDAD LABORAL DE LA JUVENTUD ESPAÑOLA

Esta entrada fue elaborada con Sebastián Marín Galindo y Domingo Martín y publicada en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.

En los últimos tiempos ha crecido la preocupación por la vulnerabilidad de la juventud española ante las dificultades para el acceso a una vivienda a precios asequibles (bien en propiedad, bien en alquiler), el problema de la sostenibilidad del sistema de pensiones, o la inseguridad laboral. A este respecto, la población ocupada joven se ve afectada con mayor intensidad que otros colectivos por situaciones de precariedad laboral, que manifiestan patrones diversos de intensidad desde una perspectiva territorial, como mostraremos en esta entrada. 

A tal efecto, hemos elaborado un índice que incluye las siguientes tres dimensiones que describen y explican la precariedad laboral: 

1) Los problemas de continuidad del empleo (trabajo temporal o discontinuo);

2) El subempleo (personas ocupadas que desean trabajar más horas, están disponibles para hacerlo y trabajan menos horas de las habituales en su sector por insuficiencia de horas).

3) La degradación de las condiciones laborales (asociada al impago de las horas extraordinarias). 

En este ejercicio hemos considerado joven a la población ocupada con menos de 30 años y hemos utilizado los microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA) para el periodo comprendido entre el primer trimestre de 2021 y el cuarto trimestre de 2024. El índice normalizado, que toma valores entre 0 y 1, se ha calculado como un promedio para el período considerado. 

El Gráfico 1 presenta este promedio por comunidades autónomas, siendo la intensidad del color rojo proporcional al nivel de precariedad laboral de la población joven ocupada. Se observa cómo Andalucía, Extremadura y País Vasco son las comunidades que presentan mayores niveles precariedad laboral juvenil, mientras que Madrid y Cataluña son los territorios con menores niveles de precariedad. En el caso de Andalucía y Extremadura la alta precariedad juvenil está asociada a un mayor peso de sectores estacionales (como la agricultura, la construcción y el turismo). Por el contrario, en Madrid y Cataluña estructuras productivas más diversificadas proporcionan una mayor calidad en el empleo. La excepción a este comportamiento la marca el País Vasco que, en un contexto de buen comportamiento general del mercado de trabajo, muestra barreras importantes para que la población joven acceda a los segmentos más estables del mercado laboral. De hecho, es la comunidad autónoma con mayor tasa media de contratación temporal juvenil en España. Se observa, por tanto, en el País Vasco una dualidad laboral marcada por la presencia de trabajadores consolidados, con mejores condiciones laborales, frente a nuevos entrantes (jóvenes) afectados por una mayor temporalidad y rotación, generando una brecha generacional.


Gráfico 1. Promedio del índice de precariedad para los jóvenes menores de 30 años por comunidades autónomas, primer trimestre de 2021 hasta el cuarto trimestre de 2024.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Encuesta de Población Activa (Instituto Nacional de Estadística).


Resulta relevante igualmente señalar la marcada brecha de género que existe en los niveles de precariedad de la población ocupada joven en España. El Gráfico 2 muestra el porcentaje de población ocupada joven en situación de precariedad alta considerando que ésta se presenta cuando se dan simultáneamente las tres condiciones de precariedad señaladas o al menos la combinación de subempleo o temporalidad con el impago de horas extraordinarias. Como se puede observar en el gráfico, en todas las comunidades, sin excepción, el porcentaje de mujeres en situación de alta precariedad supera al de hombres. 

Las menores diferencias de género en los niveles de precariedad juvenil se observan en Madrid (1.78), Canarias (1.74) y Cataluña (2.58), mientras que las mayores brechas se observan para Navarra (8.28), Extremadura (8.13), Castilla-La Mancha (7.24) y País Vasco (7.14). 

En el caso de Navarra y País Vasco la elevada brecha de género en la precariedad juvenil puede estar asociada al fuerte peso de la industria junto a una cierta segmentación del mercado de trabajo por género. Así, la industria emplea más hombres jóvenes ofreciéndoles mejores condiciones laborales, mientras que las mujeres jóvenes concentran su actividad laboral en mayor medida en actividades de servicios que están más afectadas por situaciones de empleo parcial o temporal. Como resultado, las mujeres jóvenes quedan más expuestas a la precariedad en términos relativos. 


Gráfico 2. Porcentaje de jóvenes en situación de alta precariedad laboral por comunidades autónomas y sexo


Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Encuesta de Población Activa (Instituto Nacional de Estadística).

viernes, 26 de diciembre de 2014

SOBRE LAS UVAS DE LA IRA Y LAS DE AÑO NUEVO

En breve la ingesta de doce uvas marcará la cuenta atrás en el inicio de un año nuevo que traerá, según indican las previsiones, un fortalecimiento de la recuperación económica en España. En la antesala a este cambio de calendario el gobierno actual se ha apresurado en despedirse de la misma crisis que con excesiva tardanza admitió el gobierno anterior

Más allá de la gesticulación política, cuando este triste episodio concluya, la sociedad española habrá afrontado lo que la historiografía contemporánea consagrará como una auténtica “depresión”, como la crisis económica más grave desde la Guerra Civil. Para varias generaciones de economistas el referente ineludible de la depresión como fenómeno económico lo constituyó la “Gran Depresión” que estallara con el “crack” bursátil de 1929 en EE.UU. Y la Gran Depresión tiene su gran novela: “Las uvas de la ira” de John Steinbeck.

Los protagonistas de esta obra son los Joad, una familia de agricultores del estado de Oklahoma a los que, como a otras muchas familias de la zona, los bancos embargan su propiedad por el impago de préstamos, siendo expulsados de su propia tierra y hogar. En este contexto las grandes compañías irrumpen en la región introduciendo una agricultura capitalista con sistemas de explotación mecanizados. Ante la falta de oportunidades de empleo, los agricultores de esta zona deprimida del “South Central” estadounidense optan por emigrar a California, donde se demanda mano de obra para la cosecha de los viñedos. 

Al llegar a su destino, los Joad encuentran una realidad no menos dura que aquella de la que escapan: la llegada masiva de emigrantes ha generado un exceso de oferta de mano de obra que condena a los agricultores a salarios de subsistencia, condiciones laborales deplorables y ausencia de derechos. A ello se une el rechazo de algunos colectivos de la sociedad local, que acosan a los emigrantes instalados en campamentos. Las ayudas establecidas por la Administración, en el marco del New Deal de Roosevelt, son insuficientes y no alcanzan al conjunto de los necesitados. En esta magnífica novela, Steinbeck reivindica el valor de la dignidad y la solidaridad humanas frente a la injusticia económica y social. La estremecedora escena que cierra la obra destila profunda amargura, no exenta de un cálido hilo de esperanza. 

Afortunadamente las condiciones materiales e institucionales han mejorado substancialmente desde los años treinta del siglo pasado. El desolador escenario descrito por Steinbeck para el EE.UU. de la Gran Depresión dista mucho del que observamos en la España de esta crisis que nos acometió embozada tras una burbuja inmobiliaria. Sin embargo, los paralelismos son inevitables: desahucios, desempleo masivo, emigración, rechazo de los inmigrantes, solidaridad familiar como mecanismo de supervivencia, situaciones de necesidad económica, dramas familiares e individuales,... La misma música estridente y luctuosa, aunque con una letra diferente, adaptada a otro tiempo.

La crisis española no tiene aún su gran novela, ni tampoco su punto final. Desde una óptica macroeconómica, hemos caído mucho y mucho tardaremos en recuperar los niveles anteriores al estallido de la crisis. Según el Servicio de Estudios del BBVA, España no recobrará el número de empleos previo a la crisis hasta 2025 y cabe esperar que mantendremos tasas de desempleo socialmente inaceptables por un período de tiempo dolorosamente largo.

Los datos y las estimaciones avalan la mirada optimista a un año que todas las opiniones coinciden en asociar a una aceleración del crecimiento económico. No obstante, la evolución de la economía española estará sujeta en los próximos tiempos a elevados riesgos e incertidumbres derivados del contexto europeo y mundial, así como a la intensidad y acierto de las reformas que necesitamos y debemos emprender. Lo primero nos vendrá dado, lo segundo dependerá de nosotros mismos. 

Desde un punto de vista microeconómico, la crisis tiene millones de rostros distintos. Para muchos españoles 2015 marcará efectivamente el final de la etapa de vacas flacas. Para otros ya lo hizo 2014. Algunos pocos habrán conseguido esquivar la crisis durante estos años con mínimos rasguños o incluso habrán sacado provecho de ella. Sin embargo, otros muchos españoles solo atisban aún en el horizonte el final de la pesadilla, mientras que algunas familias se enfrentan ahora a lo peor de “su” propia crisis. 

Así pues, a los afortunados que dejan la crisis atrás, he aquí mi enhorabuena. A los más desfavorecidos, mis deseos de entereza y fortaleza ante la adversidad. Espero que las uvas que cosechéis no sean de ira, sino de solidaridad, justicia y esperanza y que en 2015, con más o con menos, todos seamos juntos un poco más felices.

domingo, 21 de septiembre de 2014

LA REINDUSTRIALIZACIÓN IMPLAUSIBLE

El pasado 16 de septiembre el Ministerio de Industria, Energía y Turismo presentó la Agenda para el Fortalecimiento del Sector Industrial en España, un plan de acción para mejorar la competitividad del sector. Este anhelo industrializador es compartido en España por la oposición  y enlaza con la estrategia de la UE, que pretende elevar el peso del sector industrial por encima del 20% del PIB en 2020 desde el 16% actual.

Las llamadas a la reindustrialización parecen haberse convertido en un lugar común, en un mantra que se invoca como respuesta esperanzada a la crisis. Sin embargo, poco cabe esperar de este voluntarismo. Los más optimistas a este respecto quisieran ver a España convertida en la nueva Alemania. Pero una mirada fugaz en el espejo alemán nos depara alguna que otra sorpresa.

En Alemania el peso de la industria -como porcentaje del empleo total- no ha dejado de reducirse en las últimas décadas. Si nos circunscribimos a lo que va de siglo, la contribución de la industria (excluyendo el subsector energético) al empleo total ha caído más de 4 puntos porcentuales (fuente: Organización Internacional del Trabajo). El proceso se remonta, no obstante, más atrás en el tiempo y la caída acumulada es superior. 

El caso alemán solo es una manifestación particular de una tendencia general en las economías más avanzadas. En todas ellas el sector industrial ha perdido peso relativo en lo que va de siglo y en todas se destruye empleo industrial. Estas tendencias se explican en el contexto de la globalización que está impulsando procesos de deslocalización industrial en los países desarrollados y una expansión de la industria en las economías emergentes. Asimismo, el avance tecnológico y la robotización conllevan una diminución del empleo en muchas actividades industriales. 

En España el peso del sector industrial sobre el total del empleo en lo que va de siglo se ha reducido en más de 6 puntos porcentuales. En nuestro país este proceso de destrucción de empleo se ha concentrado muy especialmente en el período de la crisis. 

Por lo tanto, es razonable aspirar a la recuperación de parte del empleo industrial perdido en las circunstancias excepcionales de los últimos años y apoyar el crecimiento en el medio y largo plazo de algunas ramas industriales específicas en las que acreditemos ventajas competitivas a escala global.

Pero hay que ser conscientes de que probablemente en las próximas décadas se seguirá destruyendo empleo en bastantes subsectores dentro de la industria española. No sería un planteamiento realista señalar globalmente a la industria como la respuesta a nuestro trágico problema de desempleo. Pretender rellenar con nuevo empleo industrial el vacío dejado por la burbuja de la construcción resultaría poco menos que una quimera. Todo ello se opone a las tendencias estructurales que se vienen observando en el mundo desarrollado en las últimas décadas.

No esperen esa reindustrialización, porque no llegará.