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miércoles, 13 de mayo de 2020

DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19

Artículo realizado junto con Pedro de Ahumada Servant y publicado en el diario Expansión (Andalucía) el 07/05/20.


El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital. 


Las circunstancias actuales están permitiendo confirmar que España dispone de buenas infraestructuras TIC, capaces de dar respuesta a un crecimiento explosivo del tráfico de datos. Sin embargo, la transformación digital no es un proceso meramente tecnológico: su principal protagonista no son los ordenadores, ni las redes, sino las personas. A este respecto, el Digital Economy and Society Index (DESI), elaborado por la Comisión Europea, muestra deficiencias comparativas en las competencias digitales de la población española en el contexto comunitario. 

La gravedad de la situación económica derivada de la pandemia se acentúa en el caso de aquellos sectores, como el comercio, que se ven más afectados por el confinamiento. El impacto de la crisis se agudiza asimismo en esta rama de actividad debido a su atomización empresarial. El 60,5% de las empresas comerciales en Andalucía no tienen empleados y el 35,8% son microempresas con menos de 10 trabajadores. Estas empresas disponen de un limitado colchón financiero para absorber la paralización de su actividad. El comercio aporta un 9.1% del VAB andaluz y más de 460.000 empleos para la economía regional. Una parte significativa de este tejido empresarial está en riesgo. La amenaza afecta con mayor intensidad a la mujer, dado que la representación femenina en el empleo del sector alcanza el 60,4%. 

El reto de la digitalización representa en estos momentos para la pyme comercial una crisis de supervivencia. A este respecto, un estudio reciente elaborado por Angloben Digital Economy muestra que el nivel de digitalización del comercio en Andalucía se sitúa en el 42,9 % de su potencial. Por lo tanto, el sector se enfrenta a esta crisis con un retraso notable en su transformación digital, pero con perspectivas de mejora extraordinarias en dicho plano. 

El potencial de la digitalización como motor de cambio de los modelos tradicionales de negocio en el comercio es formidable y constituye una singular oportunidad. Los comercios locales pueden desarrollar servicios digitales para reducir los obstáculos asociados a las barreras físicas -más limitantes en un contexto de confinamiento y aislamiento social-, simplificar las cadenas de suministro y agilizar la provisión de bienes y servicios. En estos días difíciles, muchos comercios tradicionales se están transformando digitalmente con éxito. En las propias plazas de abastos algunos negocios han diseñado herramientas de pedidos, han contratado personal y multiplicado por cinco sus ventas. La clave en estos procesos es sin lugar a dudas el capital humano y no son pocos los comerciantes que están evaluando con rapidez la situación y aprendiendo a relacionarse digitalmente con sus clientes. 

La crisis del Covid-19 supone un punto de no retorno para la transformación digital del comercio. Las políticas públicas deben acompañar a los comerciantes perspicaces y dinámicos que busquen aprovechar las oportunidades que la transformación digital pone a su alcance, garantizando la viabilidad presente y futura de un tejido empresarial necesario para la economía andaluza.

sábado, 6 de febrero de 2016

LA CRISIS DE LA CLASE MEDIA

Publicado en ABC de Andalucía del día 19 de Febrero de 2016

La clase media en las sociedades occidentales se enfrenta a retos de gran calado. En el plano económico, se ha visto particularmente herida por el impacto de la crisis. Ésta ha venido acompañada de un agravamiento de las desigualdades económicas que ha sido especialmente intenso en el caso de España, en buena medida como resultado de la espectacular destrucción de empleo que padecimos. 

No obstante, la crisis de la clase media obedece fundamentalmente a factores de carácter estructural. La globalización ha acentuado la competencia internacional, en tanto las barreras comerciales entre países tienden a disminuir y la movilidad internacional de empresas y capitales a aumentar. Ello ha espoleado a su vez el fenómeno de la deslocalización industrial hacia economías en desarrollo con menores costes de producción –principalmente derivados de sus bajos costes laborales-. Estos procesos presionan a la baja los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores en sectores industriales de los países desarrollados. 

Asimismo, la clase media se ve golpeada por el debilitamiento de los fundamentos financieros del sistema de protección social que conocemos como “Estado del bienestar”. Las empresas y las grandes fortunas pueden explotar las ventajas de la globalización localizándose en paraísos fiscales o territorios de baja fiscalidad. La consecuente erosión de las bases imponibles merma los ingresos públicos, tanto directa como indirectamente, propiciando en ocasiones una “competencia fiscal” entre países para atraer o retener empresas, rentas y patrimonios. La presión fiscal tiende a concentrarse así en las rentas del trabajo de la clase media, por ser más controlables y menos móviles.

Sin embargo, la globalización está contribuyendo también a la gestación de una nueva clase media global al favorecer el desarrollo de economías emergentes, en especial las de los dos gigantes demográficos: China e India. A resultas de ello, el mundo está cosechando logros extraordinarios en la lucha contra la pobreza extrema. Asimismo, el ciudadano medio chino e indio, entre otras economías en desarrollo, ve aumentar su renta y disminuir la distancia relativa entre ésta y la de un ciudadano norteamericano o europeo medio. La nueva clase media global se diferencia, no obstante, de la clase media de los países desarrollados por la substancial distancia que separa aún los niveles de ingreso de una y otra. 

La globalización ofrece nuevas oportunidades también a los ciudadanos de los países desarrollados, pero son los emprendedores, directivos y accionistas de las empresas con proyección global los que sacan particular ventaja de ellas. A este respecto, se llegan a observar casos sobresalientes de movilidad social ascendente en la clase media. La lista de las personas más ricas del mundo está conformada en la actualidad en buena medida por patrimonios que se han generado en una única generación, circunstancia probablemente excepcional en términos históricos. Pero el brillo de estas trayectorias personales de éxito no puede ocultar el tono más sombrío de un panorama general en el que parte de la clase media asiste con inquietud a una merma en su seguridad económica. La globalización pone al alcance de la clase media en el mundo desarrollado productos más baratos, empero puede llegar a amenazar algunos de sus empleos, sus condiciones laborales y la red de seguridad social tejida por el Estado. 

Se manifiesta así una doble paradoja: el proceso que está favoreciendo la disminución de las desigualdades económicas internacionales acentúa a su vez la desigualdad entre ricos y pobres dentro de cada economía nacional; el proceso que nutre a la “nueva” clase media global, rescatándola de la pobreza, propicia a su vez la crisis de la “vieja” clase media del mundo desarrollado. 

Estos cambios económicos están asimismo asociados a otras transformaciones de carácter tecnológico, social y político que emplazan también a la clase media en las sociedades occidentales. Así pues, el elevado ritmo de avance tecnológico característico del mundo actual supondrá que, según algunos analistas, la mayor parte de los niños de hoy desarrollarán cuando sean mayores profesiones que ahora ni siquiera existen. Las nuevas generaciones necesitarán asimismo de un bagaje de competencias muy diferentes a las que han garantizado el éxito profesional para las generaciones precedentes. Por otra parte, en el plano político, la crisis de los partidos socialdemócratas y la emergencia de partidos populistas en posiciones radicales de izquierda y derecha, que marca el actual escenario europeo, no son fenómenos ajenos a esta crisis de la clase media. 

En los próximos tiempos, el “rescate” de la clase media marcará el debate político en las sociedades desarrolladas. Pero con independencia de la acción política que pueda desarrollarse a este respecto, el futuro de las sociedades occidentales estará delimitado por la capacidad de adaptación de su clase media a las transformaciones en curso. Y el éxito de esta adaptación, tanto a nivel individual como colectivo, requiere de la comprensión y asimilación de los profundos cambios que se están produciendo en la economía global y de los muchos que se avecinan.

jueves, 31 de diciembre de 2015

2016

No será el año en que renunciemos a los nacionalismos y provincianismos para centrarnos en resolver los problemas reales que afectan a los ciudadanos. No será el año en que los patriotas enarbolen sus declaraciones de impuestos en lugar de sus banderas.

No será el año en que todos asumamos que no seremos plenamente libres y soberanos mientras no estemos menos endeudados. 

No será por fin el año del gran pacto educativo que la sociedad española necesita para afrontar con éxito los retos económicos y sociales del siglo XXI. No será el año en que la educación ocupe el lugar prioritario en la agenda política y social, el año en que, por primera vez, se hable más de educación que de fútbol.

No será un año en que la estabilidad política contribuya al crecimiento económico. No, sin duda, no lo será.

No será el año en que completemos las reformas necesarias para disponer de un mercado de trabajo funcional que ofrezca oportunidades a todos los españoles, especialmente a los más jóvenes. No será el año en que España deje de ser una anomalía en las estadísticas de empleo en el mundo desarrollado. 

No será el año en que el crecimiento económico alcance al bolsillo de todos los ciudadanos y erradiquemos las situaciones de lacerante necesidad. No será el año en que la crisis acabe para todos.

Sin embargo, 2016 sí será un año de continuidad en un crecimiento económico saludable, un año en que aumentará el bienestar general de los españoles; un año en que muchos verán las mejoras macroeconómicas materializarse en su día a día y muchos acabarán escapando de la mayor crisis económica vivida en España desde la Guerra Civil. 

Será un año en que seguirá disminuyendo el paro, un año en que muchos españoles volverán a tener un empleo y otros muchos encontrarán uno por primera vez; un año en que más jóvenes españoles podrán quedarse en nuestro país porque les ofreceremos la oportunidad real de hacerlo.

Será un año marcado en lo político por un parlamento multicolor engendrado por la insatisfacción de los españoles con un bipartidismo decadente; y un año en el que nuestros políticos tomarán conciencia de que deben dialogar y pactar; el año en que elegiremos si parecernos políticamente a Dinamarca o a Italia, a Alemania o a Grecia.

Será el año en que unos Presupuestos Generales del Estado aprobados por un gobierno saliente, bajo fuertes críticas de toda la oposición, servirán para dar estabilidad a la economía española en circunstancias de gran incertidumbre política.

Será un año con una sociedad española más beligerante contra la corrupción, más intolerante y menos cínica frente a todas sus manifestaciones. 

Será un año más, que nos emplaza a construir un país aun mejor, una sociedad más próspera, más justa y más civilizada. Y si nos acompaña el esfuerzo, el acierto y la altura de miras, conseguiremos avanzar en lugar de retroceder.

domingo, 28 de junio de 2015

NASH, LA GALLINA Y EL LÁTIGO. A PROPÓSITO DEL GREXIT

El pasado 23 de Mayo falleció John F. Nash, matemático norteamericano que obtuvo el Premio Nobel de Economía (1994) por sus aportaciones a la teoría de juegos y los procesos de negociación. La figura de Nash se acercó al gran público a través de la película titulada “A beautiful mind” (2001) (“Una mente maravillosa”), en la que el papel de Nash lo interpretaba el actor Russell Crowe. La cinta, galardonada con cuatro premios Óscar, relata el tramo central de la vida de Nash.

Nash estaba dotado de unas capacidades extraordinarias, como avala la carta de recomendación que para él escribiera el Profesor Richard J. Duffin de la Carnegie Mellon University en Pittsburgh. La escueta pero inmejorable referencia dirigida al Director del Departamento de Matemáticas de Princeton University es una pequeña joya del género epistolar:

<<This is to recommend Mr. John F. Nash Jr. who has applied for entrance to graduate collegue at Princeton.
Mr. Nash is nineteen years old and is graduating for Carnegie Tech in June. He is a mathematical genious.
Your sincerely, >>

Paradójicamente la vida de Nash estuvo marcada por un grave desequilibrio mental: una esquizofrenia que le llevó a estar hospitalizado en varios centros psiquiátricos. Como escribiera Truman Capote: “Cuando Dios da un don también da un látigo para fustigarse”. Nash disponía de una mente prodigiosa y a la vez enferma. El resultado fueron algunas aportaciones substanciales a las Matemáticas y la Economía y una vida de película. 

Nash aportó un concepto de solución para juegos con dos o más participantes -el "equilibrio de Nash”- donde cada jugador adopta la estrategia que maximiza sus ganancias conocidas las estrategias de los otros. Un problema analizable aplicando esta noción es el conocido como “juego de la gallina” (“game of chicken”), que en una de sus versiones quedó inmortalizado en otra película, “Rebelde sin causa”, interpretada por James Dean. En ella dos jóvenes conducen sus automóviles hacia un precipicio; el primero en saltar del coche es el “gallina”. En la versión más habitual del juego, dos conductores dirigen sus vehículos frontalmente el uno hacia el otro. El primero que se desvía de la trayectoria de choque pierde, evitando, no obstante, el escenario catastrófico de colisión. Existen dos equilibrios de Nash para este juego y son cada una de las situaciones en las que un jugador gira y el otro no. 

Las negociaciones entre Grecia y la Unión Europea en el marco de la crisis del Euro se han interpretado hasta ahora como un juego de la gallina. La estrategia de cada una de las partes ha pasado por retrasar cualquier concesión significativa al otro jugador. La pérdida que supondría para ambas partes ceder en la negociación sería menor en comparación con la que se produciría si ninguno cediera. El escenario de colisión conllevaría la salida de Grecia del Euro -“Grexit”- y la inestabilización consiguiente de la Eurozona. La estrategia más razonable para cualquiera de las dos partes implicaría realizar concesiones evitando el escenario catastrófico. Sin embargo, el final de negociación parece haberse precipitado el pasado fin de semana haciendo el choque inminente. 

Los últimos acontecimientos ponen en duda que esta negociación responda ya a las condiciones de un juego de la gallina. Los términos del juego podrían haber cambiado y los jugadores estar valorando la colisión -“Grexit”- como un escenario asumible:

- El gobierno griego podría entender que la salida del euro y la re-introducción de un dracma hiper-devaluado, junto a una reestructuración unilateral de la deuda, serían una opción aceptable a pesar de los altísimos costes que implicaría a corto plazo (corralito, controles de capitales, pérdida de capacidad adquisitiva a resultas de la devaluación…).  El coste político que asumiría el gobierno, siempre que la población apoyara esta alternativa en referéndum, podría juzgarse como menor que el derivado de adoptar las medidas exigidas por Bruselas, entre ellas una impopular reforma de las pensiones. Ello dependería también del estímulo que un dracma devaluado pudiera dar a las exportaciones y el crecimiento económico griego en el medio plazo.

- La UE, por su parte, podría entender que el ajuste de la economía griega con un gobierno populista y el corsé del Euro es inviable. Asimismo, podría juzgar que la Eurozona está preparada hoy por hoy para soportar la salida de Grecia sin que ello induzca a cuestionar la irreversibilidad del Euro como proyecto europeo. Ello obligaría, en todo caso, a la UE a asegurar diques de contención que frenaran el contagio de la crisis a otras economías periféricas, así como a dar un impulso decidido y urgente a reformas ambiciosas que consolidaran la arquitectura del Euro (por ejemplo, un sistema de transferencias entre países a través de un auténtico presupuesto federal europeo), fortaleciendo la credibilidad de la moneda común. 

En cualquier caso, sea cual sea el tipo de juego que se desarrolla estos días en el tablero europeo, resultan trágicamente premonitorias las palabras sobre Europa pronunciadas en 1971 por otro ilustre economista del siglo XX, Nicholas Kaldor: 

<<But it is a dangerous error to believe that monetary and economic union can precede a political union or that it will act (in the words of the Werner report) “as a leaven for the evolvement of a political union which in the long run it will in any case be unable to do without”. For if the creation of a monetary union and Community control over national budgets generates pressures which lead to a breakdown of the whole system it will prevent the development of a political union, not promote it. >>

Parafraseando de nuevo a Capote, cuando la UE se dotó del don de una moneda única (sin una suficiente unión política previa) también se proveyó de un látigo con el que fustigarse. Y en ello andamos ahora los europeos. A latigazo limpio. Pésimas noticias para Europa. 

viernes, 29 de mayo de 2015

LA POLÍTICA ECONÓMICA PARA UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO

El estallido de la burbuja de la construcción y la crisis posterior han evidenciado la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo productivo que permita consolidar la recuperación económica y afrontar algunas de las debilidades estructurales de la economía española. En este sentido, podemos preguntarnos por el papel que la política económica puede jugar a fin de favorecer tal cambio de modelo productivo. Y existen dos estrategias alternativas. 

Una primera opción, de corte más intervencionista, partiría de la identificación desde el estado de los sectores económicos llamados a constituirse en motores del crecimiento y en yacimientos de empleo. Al objeto de impulsar el cambio de modelo, los poderes públicos orientarían selectivamente la inversión y los incentivos públicos hacia estos sectores. Los candidatos previsibles serían algunas actividades de alto nivel tecnológico o buenas perspectivas de futuro. En el escenario actual, esta estrategia, con un alto protagonismo estatal, queda substancialmente constreñida por las exigencias de contención presupuestaria. Más allá de esta limitación, argumentos de peso desaconsejan esta vía. 

En una economía de mercado la detección de las oportunidades de negocio con mayor potencial no es una función propia de la iniciativa pública, sino de los emprendedores y de las empresas privadas. Es a estos a los que corresponde leer las señales del mercado y valorar las capacidades competitivas de sus empresas para tomar en consecuencia sus decisiones de inversión. Difícilmente podrá el Estado en una economía de mercado madura reemplazar con éxito a la iniciativa privada en este cometido, que constituye el núcleo central de la planificación estratégica en la empresa y la esencia de la perspicacia emprendedora.

Por otra parte, las oportunidades de negocio atractivas pueden encontrarse también en sectores maduros que difícilmente serían catalogados como “estratégicos” en ningún análisis de prospectiva. Así, por ejemplo, incuestionables referentes de éxito empresarial en los últimos tiempos en España o Suecia como, respectivamente, Inditex e Ikea se encuadran en sectores, como el textil/confección o la industria del mueble, que a priori habrían sido calificados como industrias tradicionales sin especial relevancia estratégica, ni proyección de futuro. La clave de estas historias de éxito empresarial se encuentra en aspectos intangibles como el diseño, la organización, el marketing o la innovación y estos factores son aplicables potencialmente a cualquier actividad, no sólo a las de un nivel tecnológico más alto.

Frente a esta estrategia de política industrial beligerante, cabe un planteamiento alternativo que confíe el liderazgo productivo a la iniciativa empresarial privada, limitándose a un papel de acompañamiento activo. Bajo este enfoque, la acción pública debería preocuparse fundamentalmente por crear un marco general favorable a la actividad empresarial, que estimule el surgimiento y el desarrollo fluido de las iniciativas emprendedoras. El mantenimiento de un marco regulatorio, administrativo, fiscal, financiero y cultural favorable a la empresa puede así coadyuvar a la generación y regeneración de un tejido productivo sólido y competitivo. 

Un entorno empresarial favorable propicia la aparición de nuevas empresas y la adopción por las ya establecidas de comportamientos dinamizadores (crecimiento, innovación, internacionalización, ...); pero al mismo tiempo eleva el atractivo del territorio como destino de inversiones de grandes empresas externas y contribuye a la retención de las previamente instaladas en él.

A este respecto, cabe señalar que España ocupa el puesto el lugar 33 (entre 189 países) en el mundo en función de las condiciones de su entorno empresarial según el informe Doing Business. En el último año nuestro país ha empeorado su posición en un puesto. España se sitúa en esta clasificación, elaborada por el Banco Mundial, justo por delante de Colombia, Perú o Montenegro.

La estrategia de mejora del entorno empresarial requiere de la actuación pública sobre los fallos del mercado y los fallos institucionales que constituyen obstáculos para las empresas. La regulación inadecuada, el mal funcionamiento administrativo, un sistema fiscal mal diseñado o la falta de una cultura emprendedora constituyen barreras para las empresas que la acción pública debe considerar y reparar. 

Especialmente destacables son los fallos en el funcionamiento del sistema financiero -derivados de situaciones de información imperfecta y asimétrica-, que dificultan el acceso al crédito a las pyme en comparación con las grandes empresas. Este sesgo en el racionamiento del crédito en perjuicio de las pyme limita la canalización eficiente de recursos financieros hacia proyectos ambiciosos e innovadores, que implican riesgos diferenciales. A este respecto, se abre un campo de actuación de singular relevancia para medidas de política financiera que corrijan y completen el funcionamiento autónomo de los mercados financieros, potenciando mecanismos específicos de financiación para las pyme (capital semilla, capital riesgo, sociedades de garantía recíproca, avales públicos, etc.). 

En cualquier caso, resulta indudable que en el nuevo modelo productivo deberían ganar peso las actividades de alto valor añadido asociadas al conocimiento, la creatividad y la innovación. Es por ello que la política económica para un nuevo modelo productivo debería fomentar la innovación empresarial y sentar las bases para que el conocimiento y la creatividad se incorporen con éxito a los procesos productivos. Con este fin, se justifican los esfuerzos dirigidos a mejorar el capital humano y tecnológico -activos productivos fundamentales en las economías basadas en el conocimiento-, así como a fortalecer los cauces institucionales que permitan la incorporación del conocimiento y la creatividad al sistema productivo. 

A este respecto, resulta estratégica la contribución de la Universidad. La vetusta institución universitaria está llamada a sumar en el siglo XXI una nueva función a sus clásicas responsabilidades en el plano docente e investigador: debe convertirse en una “Universidad emprendedora”. No sólo debe preocuparse de la generación y transmisión de conocimiento, sino que debe implicarse más directamente en su comercialización y en su aplicación al sistema productivo, bien a través de vínculos con las empresas existentes, bien a través de nuevos proyectos empresariales surgidos de ella (“spin-off”).

viernes, 26 de diciembre de 2014

SOBRE LAS UVAS DE LA IRA Y LAS DE AÑO NUEVO

En breve la ingesta de doce uvas marcará la cuenta atrás en el inicio de un año nuevo que traerá, según indican las previsiones, un fortalecimiento de la recuperación económica en España. En la antesala a este cambio de calendario el gobierno actual se ha apresurado en despedirse de la misma crisis que con excesiva tardanza admitió el gobierno anterior

Más allá de la gesticulación política, cuando este triste episodio concluya, la sociedad española habrá afrontado lo que la historiografía contemporánea consagrará como una auténtica “depresión”, como la crisis económica más grave desde la Guerra Civil. Para varias generaciones de economistas el referente ineludible de la depresión como fenómeno económico lo constituyó la “Gran Depresión” que estallara con el “crack” bursátil de 1929 en EE.UU. Y la Gran Depresión tiene su gran novela: “Las uvas de la ira” de John Steinbeck.

Los protagonistas de esta obra son los Joad, una familia de agricultores del estado de Oklahoma a los que, como a otras muchas familias de la zona, los bancos embargan su propiedad por el impago de préstamos, siendo expulsados de su propia tierra y hogar. En este contexto las grandes compañías irrumpen en la región introduciendo una agricultura capitalista con sistemas de explotación mecanizados. Ante la falta de oportunidades de empleo, los agricultores de esta zona deprimida del “South Central” estadounidense optan por emigrar a California, donde se demanda mano de obra para la cosecha de los viñedos. 

Al llegar a su destino, los Joad encuentran una realidad no menos dura que aquella de la que escapan: la llegada masiva de emigrantes ha generado un exceso de oferta de mano de obra que condena a los agricultores a salarios de subsistencia, condiciones laborales deplorables y ausencia de derechos. A ello se une el rechazo de algunos colectivos de la sociedad local, que acosan a los emigrantes instalados en campamentos. Las ayudas establecidas por la Administración, en el marco del New Deal de Roosevelt, son insuficientes y no alcanzan al conjunto de los necesitados. En esta magnífica novela, Steinbeck reivindica el valor de la dignidad y la solidaridad humanas frente a la injusticia económica y social. La estremecedora escena que cierra la obra destila profunda amargura, no exenta de un cálido hilo de esperanza. 

Afortunadamente las condiciones materiales e institucionales han mejorado substancialmente desde los años treinta del siglo pasado. El desolador escenario descrito por Steinbeck para el EE.UU. de la Gran Depresión dista mucho del que observamos en la España de esta crisis que nos acometió embozada tras una burbuja inmobiliaria. Sin embargo, los paralelismos son inevitables: desahucios, desempleo masivo, emigración, rechazo de los inmigrantes, solidaridad familiar como mecanismo de supervivencia, situaciones de necesidad económica, dramas familiares e individuales,... La misma música estridente y luctuosa, aunque con una letra diferente, adaptada a otro tiempo.

La crisis española no tiene aún su gran novela, ni tampoco su punto final. Desde una óptica macroeconómica, hemos caído mucho y mucho tardaremos en recuperar los niveles anteriores al estallido de la crisis. Según el Servicio de Estudios del BBVA, España no recobrará el número de empleos previo a la crisis hasta 2025 y cabe esperar que mantendremos tasas de desempleo socialmente inaceptables por un período de tiempo dolorosamente largo.

Los datos y las estimaciones avalan la mirada optimista a un año que todas las opiniones coinciden en asociar a una aceleración del crecimiento económico. No obstante, la evolución de la economía española estará sujeta en los próximos tiempos a elevados riesgos e incertidumbres derivados del contexto europeo y mundial, así como a la intensidad y acierto de las reformas que necesitamos y debemos emprender. Lo primero nos vendrá dado, lo segundo dependerá de nosotros mismos. 

Desde un punto de vista microeconómico, la crisis tiene millones de rostros distintos. Para muchos españoles 2015 marcará efectivamente el final de la etapa de vacas flacas. Para otros ya lo hizo 2014. Algunos pocos habrán conseguido esquivar la crisis durante estos años con mínimos rasguños o incluso habrán sacado provecho de ella. Sin embargo, otros muchos españoles solo atisban aún en el horizonte el final de la pesadilla, mientras que algunas familias se enfrentan ahora a lo peor de “su” propia crisis. 

Así pues, a los afortunados que dejan la crisis atrás, he aquí mi enhorabuena. A los más desfavorecidos, mis deseos de entereza y fortaleza ante la adversidad. Espero que las uvas que cosechéis no sean de ira, sino de solidaridad, justicia y esperanza y que en 2015, con más o con menos, todos seamos juntos un poco más felices.