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domingo, 7 de diciembre de 2025

GRADO DE URBANIZACIÓN Y TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LA PYME EN ESPAÑA

Esta entrada fue elaborada con la Prof. Lidia Valiente y publicada en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.

La transformación de los sistemas productivos derivada del desarrollo acelerado de las tecnologías digitales representa un reto para el presente y el futuro de las pymes, que deberán adaptarse diligentemente a este proceso de cambio tecnológico disruptivo (Romero, 2025; Romero y Mammadov, 2025). Las condiciones para esta transformación pueden ser muy diferentes según el ámbito territorial donde opera la empresa. Las pymes en zonas urbanas pueden beneficiarse de mejores infraestructuras digitales, de mayor capital humano y de la integración en ecosistemas digitales avanzados. No obstante, también las pymes en zonas rurales tienen la posibilidad de explotar nuevas oportunidades asociadas al tele-trabajo, al comercio electrónico de productos locales o a la agricultura inteligente.

Resulta interesante, por tanto, observar cuáles son los niveles de transformación digital de las pymes españolas en distintos ámbitos espaciales según el nivel de urbanización para indagar en las consecuencias territoriales que podrán derivarse de los procesos de cambio en curso. A tal efecto, utilizaremos en esta entrada la clasificación DEGURBA (degree of urbanization), propuesta por la Comisión Europea y Eurostat, que combina el tamaño y la densidad de la población para diferenciar tres tipos de ámbitos: las zonas urbanas (cities), las zonas de densidad intermedia (towns and suburbs) y las zonas rurales (rural areas) (Eurostat, 2025). Para aproximarnos al nivel de transformación digital de las pymes en España, emplearemos datos procedentes de una encuesta realizada en el segundo trimestre de 2022 a pymes españolas en el marco del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME). La muestra fue diseñada para ser representativa de la población de pymes en España (con un margen de error del ±5.0% y un nivel de confianza del 95%). El grado de transformación digital lo mediremos empleando un índice sintético global, a su vez obtenido a partir de tres subíndices que capturan dimensiones parciales del proceso de transformación digital: 
i) la dimensión de infraestructura digital y digitalización básica, que considera la disponibilidad y uso de TIC, las herramientas de comunicación internas y externas y la inversión en infraestructura digital; 
ii) la dimensión de cultura organizacional y competencias digitales, que evalúa aspectos como la implementación de una estrategia de transformación digital, las competencias digitales de los empleados y la externalización de funciones TIC; y 
iii) la dimensión de digitalización avanzada y ciberseguridad, que refleja el uso de tecnologías emergentes, como el big data o los servicios de cloud computing, y el establecimiento de medidas de seguridad TIC. 
Tanto el índice global como los índices parciales toman valores entre 0 y 1.

Gráfico 1. Nivel de transformación digital de las pymes españolas por tipología territorial


Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto DIGIPYME.

El Gráfico 1 muestra el valor medio del índice general para las pymes en los tres ámbitos espaciales considerados. Se observa cómo el grado de transformación digital disminuye conforme se consideran zonas con menor nivel de urbanización. Este patrón se repite cuando consideramos por separado las tres dimensiones parciales de transformación digital (véase Gráfico 2). Todas las diferencias observadas entre estas medias son estadísticamente significativas, siendo la diferencia más amplia entre las zonas urbanas y las zonas rurales la que afecta a la dimensión de cultura organizativa y competencias digitales, seguida de la relativa a digitalización avanzada y ciberseguridad. 
En definitiva, se observa la existencia de una brecha digital relevante entre las pymes españolas que operan en entornos urbanos en comparación con las que operan en el ámbito rural. Esta brecha puede agravar los desequilibrios territoriales que se manifiestan en la geografía económica española, al dificultar que las zonas rurales, en cuyo tejido empresarial las pymes asumen un especial protagonismo, puedan explotar las oportunidades que brinda la revolución digital. 

Gráfico 2. Valores medios de las pymes españolas por dimensión de transformación digital según tipología territorial

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto DIGIPYME.

Nota: Esta entrada se enmarca en el Proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado en la convocatoria 2020 de «Proyectos de I+D+i» del Programa Estatal de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Bibliografía:

Eurostat (2025): Degree of urbanization. Methodology. https://ec.europa.eu/eurostat/web/degree-of-urbanisation/methodology
Romero, I. (2025): "Information technology as a driver of organizational change in SMEs: a study of key determinants", Journal of Organizational Change Management, Vol. 38 No. 3, pp. 625-643. https://doi.org/10.1108/JOCM-11-2024-0702
Romero, I. y Mammadov, H. (2025): “Digital Transformation of Small and Medium-Sized Enterprises as an Innovation Process: A Holistic Study of its Determinants”, Journal of the Knowledge Economy, Vol. 16, 8496–8523. https://doi.org/10.1007/s13132-024-02217-z


jueves, 8 de mayo de 2025

BARRERAS A LA DIGITALIZACIÓN DE LA PYME EN ESPAÑA Y NIVEL DE URBANIZACIÓN.

Entrada publicada con Antonio Gutiérrez en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.


Las pymes en España se enfrentan a múltiples desafíos en su proceso de digitalización. A pesar de los beneficios que puede brindar en términos de generación de valor, eficiencia y acceso a nuevos mercados, muchas pymes sufren limitaciones que dificultan su transformación digital. En esta entrada consideraremos la relevancia de las diversas barreras a la digitalización a las que se enfrentan las pymes españolas. Para ello empleamos datos de una encuesta realizada en el segundo trimestre de 2022 a pymes españolas (entre 1 y 200 empleados) realizada en el marco del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME). Esta muestra fue diseñada para ser representativa de la población de pymes en España (con un margen de error del ±5.0% y un nivel de confianza del 95%). 

En esta encuesta se interrogó a los empresarios y gerentes de pymes por el impacto de diversas barreras a la digitalización, en concreto:

- La falta de fondos y/o financiación.
- La falta de personal cualificado.
- La falta de información.
- Las dificultades para encontrar socios de cooperación, asesores o proveedores.
- La incertidumbre sobre la rentabilidad de la inversión en digitalización.
- La falta de demanda o interés por parte de los clientes.
- Y la dificultad para obtener una conexión a Internet adecuada (es decir, estable, con capacidad suficiente y a coste razonable).

Estas barreras fueron medidas empleando una escala Likert con cuatro ítems, diferenciando si la percepción de los empresarios/gerentes encuestados sobre la intensidad de estas barreras era nula (0), baja (1), media (2) o alta (3).

Los datos obtenidos permiten concluir que los empresarios y gerentes de pymes españolas consideran, en general, como baja la intensidad de las barreras a las que se enfrentan sus empresas ante la digitalización (véase Gráfico 1). En cualquier caso, la falta de fondos y/o financiación es la barrera que más acusan las pymes, seguida de la falta de personal cualificado y la incertidumbre sobre la rentabilidad de la inversión en digitalización. Sin embargo, la barrera menos relevante es la dificultad para obtener una conexión a Internet adecuada, lo que muestra el adecuado nivel de desarrollo de las infraestructuras digitales en nuestro país. En un rango intermedio de relevancia, encontramos la falta de demanda/interés por parte de los clientes, la falta de información y las dificultades para encontrar socios de cooperación, asesores o proveedores. 


Gráfico 1. Intensidad de las barreras a la digitalización percibidas por las pymes en España.

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto DIGIPYME.


No obstante, la percepción de las barreras a la digitalización de las pymes españolas muestra una considerable dispersión, lo que revela una alta heterogeneidad en la aproximación de las pymes españolas respecto a la digitalización. Esto puede asociarse a la existencia de brechas digitales, como la debida al retraso en la digitalización en las zonas rurales en comparación con las áreas urbanas. De este modo, resulta interesante observar las diferencias en la percepción de las barreras a la digitalización en función del nivel de urbanización (véase Gráfico 2). 

Diferenciamos, a este respecto, cuatro tipos de municipios: aquellos con una población menor de 10.000 habitantes; los de población entre 10.000 y 50.000 habitantes, los de población entre 50.000 y 250.000 habitantes y aquellos con más de 250.000 habitantes. De este modo, podemos observar cómo las pymes en municipios de menor población se enfrentan a mayores problemas de conectividad, debido a las limitaciones en la infraestructura digital que persisten en las áreas rurales. Asimismo, la falta de demanda y, asociada a ella, la incertidumbre en torno a la rentabilidad de las inversiones en digitalización son obstáculos que se sienten con mayor intensidad en los municipios de menor tamaño en comparación con las ciudades de más de 250.000 habitantes. Este hecho puede deberse a que la mayor cercanía con los clientes locales en los municipios rurales reste utilidad a la interacción online. Asimismo, puede influir, a este respecto, la menor cultura digital de la población en los municipios de menor tamaño en comparación con las grandes ciudades.

Gráfico 2. Intensidad de las barreras a la digitalización percibidas por las pymes en España según el tamaño municipal


Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto DIGIPYME.


De este modo, a fin de actuar sobre la brecha digital que afecta a las áreas rurales son aún precisas inversiones para mejorar la conectividad, así como iniciativas formativas para elevar la cultura digital y las competencias digitales de la población en estas zonas. De este modo, podría favorecerse el acceso, a través de Internet, a mercados más amplios que el local por parte de las pymes establecidas en los municipios de menor tamaño, lo que podría ayudar a dinamizar económicamente estas áreas.

Nota: Esta entrada es parte del Proyecto de I+D+I “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033.

domingo, 22 de septiembre de 2024

DISRUPCIÓN DIGITAL Y PYME

(Publicado en el diario ABC -edición Sevilla- el 6 de septiembre de 2024)

La revolución digital en la que estamos inmersos representa lo que Joseph Alois Schumpeter definiera como un proceso de “destrucción creativa”. Este economista austriaco-estadounidense interpretó la dinámica del desarrollo capitalista como una secuencia de ondas de transformación impulsadas por innovaciones que, por un lado, generan nuevos productos, servicios y mercados y, por otro, acarrean la destrucción de tejido productivo obsoleto ante las nuevas condiciones de competencia. 

La revolución tecnológica en curso, asociada a las tecnologías de la información y las comunicaciones, ha estado marcada por el protagonismo de jóvenes emprendedores “schumpeterianos” que crearon pymes innovadoras. Algunas de estas iniciativas, nacidas en ciertos casos en garajes o residencias universitarias, evolucionarían hasta convertirse en gigantes empresariales a escala global. El espectacular desarrollo de la economía digital ha determinado que, en la actualidad, seis de las diez mayores corporaciones mundiales por capitalización bursátil se encuadren dentro de este sector. Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft y Nvidia ostentan hoy posiciones dominantes en sus mercados, en ocasiones desarrollando prácticas anticompetitivas que perjudican a otras empresas de menor tamaño. El sector digital ha evolucionado así desde una estructura de mercado marcada por la innovación competitiva a otra impulsada por la innovación corporativa en la que los nuevos desarrollos tecnológicos se gestan dentro de grandes corporaciones consolidadas, nacen en nuevas empresas surgidas de ellas (spin-offs) o proceden de pymes independientes que son pronto engullidas por las compañías líderes del sector.

Por otra parte, en su faceta destructiva, muchas tareas, puestos de trabajo y empresas en muy diversos sectores desaparecerán por el impacto de la digitalización. Las pymes, en especial las microempresas, se encuentran particularmente amenazadas por este proceso debido a su falta de cultura digital, a la menor formación en habilidades digitales de su empresariado, sus equipos directivos y su plantilla, o a la dificultad de acceso a los recursos financieros y humanos requeridos para adoptar con éxito las tecnologías digitales. 

Estas nuevas tecnologías generan amplios beneficios en diversos ámbitos de la economía, la ciencia y la sociedad, de los que cabe esperar mejoras en la longevidad y la calidad de vida, entre otros aspectos. Su desarrollo y aplicación no está exento de riesgos y problemas de diversa índole, pero constituye un proceso imparable y tratar de evitarlo resultaría un planteamiento vano y carente de racionalidad, como lo fuera la oposición del movimiento ludista a la mecanización del sector textil en la Inglaterra del s. XIX. Por otra parte, la creación de empleo en nuevas ocupaciones asociadas al desarrollo de la economía digital compensará probablemente el empleo que se destruya en las actividades en retroceso o desaparición. De este modo, según un informe de Microsoft, el 65% de los estudiantes actuales se emplearán en el futuro en profesiones que aún ni siquiera existen.

Sin embargo, la revolución digital conlleva un exigente proceso de ajuste del que resultarán ganadores y perdedores. Por tanto, nos enfrentamos al reto de gestionar la disrupción digital evitando shocks que socaven peligrosamente la estabilidad económica y social. Para ello debemos apoyar la adecuación al nuevo entorno tecnológico de aquellos colectivos y empresas con dificultades especiales de adaptación, así como atender a la situación de aquellos a los que les resulte imposible afrontar el aprendizaje y los cambios necesarios. 

En la economía española las pymes suponen el 99% de las empresas, generando más del 60% del valor añadido bruto y del empleo empresarial. Los empresarios, autoempleados y trabajadores del sector de la pyme engrosan, de este modo, la menguante clase media que articula nuestro tejido social. En el contexto de la nueva ola innovadora asociada al desarrollo de la inteligencia artificial, el mantenimiento de una saludable estabilidad económica y social en las próximas décadas dependerá así de la capacidad de las pymes para abordar con éxito su transición digital. 

Desde esta perspectiva, conviene apoyar a las pymes para que puedan superar las barreras que obstaculizan su digitalización y mejorar su productividad y competitividad gracias a la aplicación de las tecnologías digitales. Favorecer la transición digital de la pyme forma parte, pues, de la necesaria agenda pública que impulse el crecimiento económico y preserve la estabilidad social en los tiempos de la disrupción digital. 

lunes, 25 de marzo de 2024

DIFERENCIAS REGIONALES EN LA ADOPCIÓN DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL POR LAS EMPRESAS EN ESPAÑA.

Entrada publicada en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.

La aplicación de los avances en inteligencia artificial (IA) generará en las próximas décadas un impacto substancial sobre la productividad y la competitividad de las empresas. La IA puede permitir optimizar los procesos al facilitar el análisis de grandes volúmenes de datos de manera rápida y precisa, identificando patrones, tendencias y oportunidades que de otro modo podrían pasar desapercibidas. Esto permitirá a las empresas tomar decisiones más informadas y eficientes. La automatización de tareas rutinarias y la optimización de las cadenas de suministro contribuirán a reducir igualmente los costes operativos y mejorar la calidad de los productos y servicios ofrecidos. La IA podría favorecer el análisis predictivo y la generación de ideas creativas, estimulando el proceso de desarrollo de nuevos productos, servicios y modelos de negocio. De igual modo, la implementación de la IA traerá consigo oportunidades laborales, asociadas a la demanda de nuevas habilidades como el análisis de datos, la programación de algoritmos y la gestión de sistemas inteligentes, entre otros campos, al mismo tiempo que destruirá otros puestos de trabajo relacionados con tareas que podrán automatizarse. A este respecto, el complejo proceso adopción de la IA por las empresas y los resultados derivados del mismo podrían conllevar asimetrías en el plano espacial que generen un impacto sensible sobre las trayectorias económicas regionales en un futuro próximo. Desde esta perspectiva, resulta interesante observar cuál es la situación actual, en términos de implementación empresarial de la IA, en las distintas Comunidades Autónomas españolas. 


El gráfico que acompaña esta entrada muestra el porcentaje de las empresas españolas (excluyendo a las microempresas con menos de 10 trabajadores) que al inicio de 2023 estaban empleando aplicaciones de IA en sus negocios. Los datos proceden de la Encuesta sobre el Uso de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y del Comercio Electrónico en las Empresas elaborada por el Instituto Nacional de Estadística. Puede observarse en el gráfico que aproximadamente una de cada diez empresas españolas con 10 o más empleados utiliza ya la IA. Este dato global esconde, en cualquier caso, diferencias regionales significativas. Así pues, son cuatro las CC.AA. que se sitúan por encima de la media nacional, mostrando una mayor penetración de la IA en sus empresas. Son los casos de la Comunidad de Madrid, Cataluña, La Rioja y País Vasco. Por el contrario, dejando al margen el caso de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, los territorios con un menor nivel de adopción de la IA en sus empresas son Extremadura, los dos archipiélagos, Cantabria, Murcia y Castilla-La Mancha. De este modo, se abre una brecha regional significativa en la implementación de la IA, como muestra que el grado de penetración de esta tecnología en las empresas madrileñas es más del doble del observado para las empresas extremeñas.


Parte de estas diferencias se encuentra asociada a la estructura productiva sectorial de las economías regionales. En el conjunto de la economía española, el sector servicios es el que muestra un mayor grado de penetración de la IA, seguido de la industria. El comportamiento en el caso de los servicios es atribuible principalmente a los más intensivos en conocimiento. La especialización en servicios avanzados e industria podría explicar, por tanto, el mayor grado de adopción de la IA en los casos de la Comunidad de Madrid, Cataluña o País Vasco. Por el contrario, la especialización turística de Baleares y Canarias parece no beneficiar la implementación de la IA, al igual que la especialización agraria de Extremadura y Castilla-La Mancha. En el caso de la Región de Murcia se manifestarían ambas especializaciones como factores limitantes de la adopción de la IA.


Gráfico. Porcentaje de empresas de 10 o más trabajadores que emplean tecnologías de inteligencia artificial por Comunidades Autónomas (y conjunto nacional) (%). 

Primer trimestre de 2023

Fuente: Encuesta sobre el Uso de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y del Comercio Electrónico en las Empresas, Instituto Nacional de Estadística (2023).


Los datos del INE no permiten analizar la penetración de la IA en las microempresas (entre 1 y 9 asalariados) por CC.AA., pero cabe esperar que existan diferencias regionales relevantes en línea con lo observado para las empresas de mayor tamaño. Las microempresas representan en torno a un 20% del empleo a escala nacional y podrían verse amenazadas por la falta de incorporación en su actividad de los avances de la IA. El INE sí proporciona un dato global de adopción de la IA en las microempresas a escala nacional, situando el porcentaje en un 5,8%, marcadamente por debajo del nivel alcanzado en las empresas con 10 trabajadores o más (9,6%). Este diferencial entre las microempresas con respecto a las pyme y grandes empresas también podría llevar aparejado un cierto efecto espacial adicional, debido a las diferencias existentes en la estructura dimensional del tejido empresarial por CC.AA. De este modo, a título de ejemplo, el porcentaje de microempresas respecto al número total de empresas es cinco puntos porcentuales superior en Extremadura respecto a la Comunidad de Madrid. 


De materializarse las expectativas de impacto de la IA sobre la productividad empresarial, las diferencias regionales de adopción de esta tecnología podrían conducir a un incremento de las disparidades económicas regionales en nuestro país. Por lo tanto, es importante que los gobiernos regionales sean conscientes de la relevancia que tiene el proceso de adopción de la IA en las empresas a fin de impulsar la competitividad empresarial y el crecimiento regional en un marco de convergencia. Asimismo, conviene que las administraciones regionales sean sensibles a las limitaciones específicas a las que se enfrenta el proceso de adopción de la IA en las empresas de menor tamaño, como consecuencia de su más difícil acceso a recursos tecnológicos, humanos y financieros. 


Nota: Esta entrada es parte del Proyecto de I+D+I “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033.


domingo, 19 de noviembre de 2023

BRECHAS DIGITALES Y URBANIZACIÓN: SOBRE LA DIGITALIZACIÓN DE LAS PYMES EN ZONAS URBANAS Y RURALES

Entrada publicada en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.

El desarrollo y la aplicación de las tecnologías digitales conforman un proceso disruptivo que exigirá transformaciones significativas en el tejido productivo español en las próximas décadas. A este respecto, las pymes españolas parten con un retraso significativo en cuanto a nivel de digitalización en comparación con las grandes empresas (Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, 2021). El que las pymes, que representan aproximadamente el 70% del empleo nacional, sean capaces de afrontar con éxito el desafío de la digitalización resulta pues clave para un desarrollo social y económicamente sostenible en nuestro país.


En este contexto de revolución digital, junto a la ya señalada divergencia entre grandes empresas y pymes, existe el peligro de que se abran y amplíen otras brechas digitales que dejen a diversos colectivos atrás. A este respecto, se manifiesta también la amenaza de una brecha digital creciente entre las áreas urbanas y las zonas rurales. Esta posibilidad está asociada a las peores infraestructuras digitales que existen en los municipios de menor tamaño, así como a las deficiencias relativas a las competencias digitales de la población en entornos rurales, especialmente en aquellas localidades que muestran mayores niveles de envejecimiento.

En esta entrada presentaremos algunos indicadores que ilustran en qué medida las pymes españolas están mostrando ritmos diferenciados de digitalización en función del nivel de urbanización. Los datos empleados provienen de una encuesta realizada en el segundo trimestre de 2022 a pymes españolas (entre 1 y 200 empleados) en el marco del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME). La muestra fue diseñada para ser representativa de la población de pymes en España (con un margen de error del ±5.0% y un nivel de confianza del 95%).

En esta encuesta se preguntó a propietarios y gerentes de pymes si en el periodo 2019-2021 habían introducido alguna innovación que implicara la aplicación de tecnologías digitales. Las innovaciones podían referirse a sus productos, sus procesos productivos, el marketing o los modelos organizativos implementados en la empresa. Las mejoras introducidas podían tener un mero carácter incremental y representar una novedad simplemente para la propia empresa (aunque ya estuvieran presentes en sus mercados de referencia) o suponer una innovación de carácter radical. Las respuestas obtenidas nos permiten, por tanto, identificar aquellas pymes que introdujeron mejoras en ciertas áreas de su actividad gracias al proceso de digitalización.

A este respecto, los gráficos siguientes muestran, con carácter general, cómo las pymes en municipios de mayor tamaño están avanzando más rápidamente en su digitalización. En este sentido, destaca el menor impacto de la digitalización en cuanto a la innovación en productos (gráfico 1), organizacional (gráfico 4) y de marketing (gráfico 3) en el caso de las pymes en municipios de menos de 10.000 habitantes en comparación con sus homólogas en municipios de mayor tamaño. Se observan también diferencias para la innovación en procesos, aunque de menor calado (gráfico 2). Estos datos nos hablan, por tanto, del riesgo de consolidación de una brecha digital, que podría tener consecuencias relevantes sobre la trayectoria económica y social de los municipios rurales en las próximas décadas.


Gráfico 1. Innovación digital en productos (2019-21). 
Porcentaje de pymes que innovaron según el tamaño del municipio 


Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME).


Gráfico 2. Innovación digital en procesos (2019-21). 
Porcentaje de pymes que innovaron según el tamaño del municipio 

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME). 


Gráfico 3. Innovación digital en marketing (2019-21).
Porcentaje de pymes que innovaron según el tamaño del municipio

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME).

Gráfico 4. Innovación digital en los modelos organizativos (2019-21).
Porcentaje de pymes que innovaron según el tamaño del municipio 

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” (DIGIPYME).

En consecuencia, conviene implementar actuaciones desde el ámbito público para impulsar la digitalización de las pymes en las zonas rurales. El Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital está desarrollando la iniciativa Kit Digital en el marco del Plan España Digital 2025 y del Plan de Digitalización de Pymes 2021-25 (Gobierno de España, 2020 y 2021), como una palanca para impulsar y acompañar la transformación digital de las pymes en España. Los datos disponibles indican el amplio alcance del programa, del cual se han beneficiado más de 270.000 pymes hasta la fecha. No obstante, resultaría interesante analizar la distribución geográfica de esta iniciativa para evaluar en qué medida está llegando a las pymes en las zonas rurales y analizar el impacto efectivo sobre su actividad.


Nota: Esta entrada se enmarca en el Proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado en la convocatoria 2020 de «Proyectos de I+D+i» del Programa Estatal de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación.


Bibliografía

Gobierno de España (2020). Plan España Digital 2025. Conectándonos al futuro. Madrid: Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital.
Gobierno de España (2021). Plan de Digitalización de Pymes 2021-25. Madrid: Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital.
Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (2021). Informe de digitalización de las pymes 2021. Resumen ejecutivo. Madrid: Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Secretaría General Técnica. https://www.doi.org/10.30923/094-21-064-1

sábado, 3 de abril de 2021

SUPERVIVENCIA EMPRESARIAL, CIUDADES Y COVID-19


(Publicado en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional -AECR-)
      

Como estamos comprobando en este año de pandemia, las trágicas consecuencias en términos de mortalidad asociadas a la Covid-19 no afectan exclusivamente a las personas, sino también a las empresas. Desde una perspectiva sanitaria, algunos análisis han estudiado la posible asociación entre el nivel de incidencia de la epidemia y la densidad de población (véase, por ejemplo, AQR, 2020). A este respecto, se ha planteado la hipótesis de que el impacto epidemiológico de la Covid-19 podría ser mayor en las grandes ciudades (en comparación con las zonas rurales), dado que la concentración de personas elevaría el número de interacciones humanas y, por tanto, el riesgo de contagio. De modo análogo, desde una perspectiva económica, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cabe esperar un incremento de la mortalidad empresarial mayor en los grandes núcleos urbanos en comparación con las zonas rurales?. Para tratar de dar respuesta a esta cuestión, conviene partir de ciertas consideraciones previas sobre la relación entre supervivencia empresarial y nivel de urbanización. 

        Por un lado, las empresas se benefician en las ciudades de la diversidad de actividades productivas existente, que genera tanto externalidades pecuniarias como la oportunidad para la fertilización cruzada de ideas y el “derrame” de conocimiento entre sectores (knowledge spillovers). Los entornos urbanos ofrecen, asimismo, otras variadas ventajas económicas, como el mayor tamaño del mercado local, unos mejores servicios públicos o una mayor disponibilidad de otros recursos, como infraestructuras, financiación, recursos humanos o conocimiento. Todo ello podría afectar positivamente a la supervivencia empresarial en los ámbitos urbanos.

        Sin embargo, en las grandes ciudades, a partir de ciertos niveles de densidad local, pueden aparecer deseconomías de aglomeración en forma de costes más elevados, problemas de congestión o mayor inseguridad, entre otros factores. Asimismo, las ciudades constituyen un entorno empresarial caracterizado por una mayor intensidad de la competencia, lo que podría conducir a una demografía empresarial más turbulenta, caracterizada por más entradas, pero también por más salidas. Las grandes áreas urbanas ofrecen también más oportunidades económicas que las zonas rurales. Ello podría inducir a los emprendedores a cerrar negocios viables pero que muestren una baja rentabilidad, ante la existencia de opciones atractivas de empleo asalariado. Por el contrario, en las áreas rurales, los empresarios pueden verse obligados a ser más resilientes en ausencia de alternativas de empleo razonables. De igual modo, las redes sociales de apoyo en las zonas rurales podrían ser más fuertes que en las zonas urbanas y los emprendedores podrían sentir una mayor responsabilidad frente a la comunidad. Todo ello podría provocar tasas de supervivencia más elevadas para las empresas en las áreas rurales.

        La evidencia empírica disponible no permite despejar dudas en torno a esta cuestión, al no proporcionar resultados concluyentes relativos al efecto neto de la urbanización sobre la supervivencia empresarial. A este respecto, en un reciente trabajo (Bellido-Jiménez, Martín-Martín y Romero, 2021) analizamos el impacto del nivel de urbanización sobre la supervivencia de las empresas incubadas por los servicios públicos de apoyo de la Fundación Andalucía Emprende, que representa el principal instrumento para el fomento del emprendimiento en Andalucía. Nuestros resultados muestran que las probabilidades de supervivencia de las nuevas empresas incubadas en las ciudades y los grandes municipios andaluces son significativamente menores que para las promovidas en las áreas rurales y los pequeños municipios. Por lo tanto, un mayor nivel de urbanización se encuentra asociado en Andalucía con tasas de supervivencia más bajas de las nuevas empresas sujetas a procesos de incubación.

        Estos resultados se refieren exclusivamente a Andalucía en el período 2009–2014, estando asimismo afectados por un sesgo de selección, al observarse solo la población de empresas incubadas, que recibieron apoyo público en su proceso de creación. Por lo tanto, las conclusiones obtenidas no pueden extrapolarse al conjunto de las empresas activas a nivel nacional. No obstante, el efecto observado sugiere la existencia de un patrón que podría manifestarse más allá del contexto específico del análisis efectuado.

        Así pues, a tenor de las consideraciones realizadas en esta entrada, puede esperarse que la crisis de la Covid-19 acentúe el patrón espacial de supervivencia observado en nuestro estudio, incrementando la mortalidad empresarial en los grandes núcleos urbanos en mayor medida que en las zonas rurales, menos afectadas por la epidemia. No obstante, ello sería compatible con el mayor potencial de recuperación y el dinamismo empresarial más intenso que cabe esperar en las grandes ciudades conforme el proceso de vacunación avance y la epidemia vaya superándose. En el medio y largo plazo estos procesos estarán condicionados a su vez por los cambios estructurales en el plano económico y social que puedan derivarse de la Covid-19, aunque parece improbable que la pandemia altere significativamente los patrones de urbanización pre-existentes (Florida, Rodríguez-Pose y Storper, 2020).


Referencias:

AQR (2020): “El efecto de la densidad de población en la propagación del COVID-19 en el territorio catalán”, AQR COVID-19 / #1, Grupo de Investigación Anàlisi Quantitativa Regional, Universitat de Barcelona (AQR–UB).

Bellido-Jiménez V. M., Martín-Martín, D. y Romero I. (2021): “The survival of new businesses in Andalusia (Spain): Impact of urbanization, education, and gender”. Regional Science, Policy and Practice, 13, 25–41. https://doi.org/10.1111/rsp3.12308

Florida, R., Rodríguez-Pose, A. y Storper, M. (2020): "Cities in a Post-COVID World," Papers in Evolutionary Economic Geography (PEEG) 2041, Utrecht University, Department of Human Geography and Spatial Planning, Group Economic Geography.


lunes, 28 de septiembre de 2020

LA PYME HOTELERA ANTE LA PANDEMIA. CONSIDERACIONES PARA EL TURISMO DE LITORAL Y DE INTERIOR

(Publicado en el blog "La Riqueza de las Regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional (AECR). 

El sector turístico en conjunto y en particular su rama hotelera se han visto golpeados con crudeza por la crisis asociada a la Covid-19. Las perspectivas de recuperación más optimistas para la estación estival se vieron esencialmente truncadas y las previsiones de futuro siguen marcadas por la incertidumbre. Así pues, la crisis del sector turístico tendrá un impacto contractivo sobre el conjunto de la economía, lo que ha llevado a algún analista a aventurar incluso que su colapso podría desencadenar una nueva etapa en la crisis (Foroohar, 2020). 

En el marco de esta situación aciaga para el sector se observan algunos fenómenos de interés tanto desde la perspectiva de la demanda, como de la oferta turística. Por un lado, la caída de la demanda turística en el contexto de la pandemia se ha visto acompañada de una cierta reorientación hacia destinos rurales de interior, menos congestionados, frente a las zonas del litoral especializadas en un turismo de sol y playa, tradicionalmente masivo. 

En el lado de la oferta y, en concreto, en el ámbito de la distribución turística, la pandemia ha agravado la crisis que los grandes turoperadores vienen sufriendo en los últimos años, con la quiebra de Thomas Cook en 2019 como manifestación emblemática. La crisis de la Covid-19 se ha sumado así a cambios estructurales en curso en las preferencias y el comportamiento de los turistas. La pérdida de interés por el paquete organizado y el creciente dominio de las herramientas digitales están conduciendo hacia la desintegración del producto turístico y al empleo de canales de comercialización más cortos, a través de la venta directa on-line al turista o la comercialización a través de las agencias de viajes on-line (Booking o Expedia, entre otras) u otras plataformas digitales (por ejemplo, Airbnb) (véase figura). 

Ambos fenómenos -de demanda y de oferta- están conectados, dado que los turoperadores han sido tradicionalmente los grandes canalizadores de los flujos de turismo de masas dirigidos hacia las zonas del litoral español. A este respecto, resultan de interés los resultados de un reciente artículo en el que, bajo el título de “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, analizamos las diferencias existentes en las relaciones entre los turoperadores y las pymes hoteleras en los destinos de interior y de litoral (Romero, Cáceres Carrasco y Fernández-Serrano, 2020). 

En este trabajo ponemos de manifiesto cómo los turoperadores internacionales presionan a las pymes hoteleras en el litoral para que bajen los precios de sus habitaciones, a la vez que influyen en su inversión en actividades innovadoras, estimulándola. Esta presión sobre los precios es menos intensa para los hoteles en destinos de interior, donde los turoperadores no ejercen una influencia significativa sobre la inversión en actividades innovadoras. Asimismo, el análisis efectuado permite constatar el impacto generado por los turoperadores turísticos sobre los resultados de los hoteles en las zonas del litoral, que se manifesta a través de dos efectos contrapuestos: por un lado, los turoperadores favorecen el crecimiento de las ventas y el empleo en las pyme hoteleras en el litoral, al facilitar su acceso al turista internacional; por otro lado, la dependencia de los turoperadores tiene un impacto negativo en la rentabilidad de la pyme hotelera en las áreas costeras, como consecuencia principalmente de su presión a la baja sobre los precios de las habitaciones. Por el contrario, en los destinos de interior los turoperadores no ejercen una influencia relevante sobre el crecimiento y la rentabilidad hotelera.

La pyme hotelera está siendo una de las más afectadas por la crisis de la Covid-19 debido a al especial impacto que está sufriendo la actividad turística y al escaso margen de maniobra financiero del que disponen en general este tipo de empresas. En este sentido, el sector requiere de apoyo público para salvaguardar su sostenibilidad en el contexto de la pandemia y facilitar su adaptación al escenario post-Covid. A este respecto, las pymes hoteleras en las zonas de litoral y de interior se enfrentan a problemáticas diferenciadas. Las primeras deberán restablecer la confianza del turista internacional y adaptar sus estrategias de comercialización a la crisis de los grandes turoperadores. Por su parte, las pymes hoteleras en zonas rurales de interior deberían aprovechar los elementos de oportunidad que se esconden en la crisis y modernizar sus estrategias de comercialización. En ambos casos, la innovación y la transformación digital serán estrategias clave a fin de mantener el liderazgo de competitividad a escala mundial que España acredita en el sector turístico.


Referencias: 

(1) Foroohar, R. (2020): “Tourism’s collapse could trigger next stage of the crisis”, Financial Times, 2 de Agosto.

(2) Romero, I. y Tejada, P. (2011): “A multi-level approach to the study of production chains in the tourism sector”, Tourism Management, Vol. 32, Issue 2, pp. 297-306.

(3) Romero, I., Fernández-Serrano, J. y Cáceres-Carrasco, F. R. (2020): “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, International Journal of Hospitality Management, Vol. 85.

(4) World Economic Forum (2019): The Travel & Tourism Competitiveness Report 2019, World Economic Forum, Ginebra. 


jueves, 30 de julio de 2020

CAPITAL HUMANO Y DIGITALIZACIÓN EN LA PYME COMERCIAL

El sector del comercio se enfrenta a una mutación profunda como consecuencia del proceso de transformación digital. El uso de pantallas táctiles y probadores digitales, la interacción con los clientes a través del uso de las redes sociales y aplicaciones para móviles, el empleo de nuevos procedimientos digitales de pago o la aplicación del “big data” son solo algunas novedades que están revolucionando la actividad comercial. Este proceso de transformación se está acelerando además como consecuencia de la crisis de la Covid-19 (como comentamos aquí).

En este contexto, diversas administraciones públicas se están planteando como objetivo apoyar a la pyme comercial en su adaptación a las nuevas circunstancias para favorecer así su viabilidad y mitigar la destrucción de empleo asociada a la crisis que atraviesa el sector. A este respecto, es necesario tener en cuenta en el diseño de estas actuaciones públicas la evidencia disponible sobre los factores que favorecen y obstaculizan la adopción de tecnología en la pyme comercial. Se trata de un aspecto que analizamos en este artículo (junto a Juan Antonio Martínez Román). 

En dicho trabajo estudiamos los factores impulsores de la adopción de tecnología (introducción de nuevo equipamiento técnico e informático y adopción de nuevo software y aplicaciones) sobre una muestra de pymes operando en el sector del comercio al por menor en España. 

El análisis efectuado permitió comprobar que los perfiles personales de los empresarios, tanto en lo que se refiere a las motivaciones para la puesta en marcha o mantenimiento del negocio, como a su bagaje educativo constituyen factores clave que delimitan la capacidad de las pymes para adoptar tecnología. En relación con la motivación empresarial, son los empresarios con motivaciones por oportunidad (frente a aquellos motivados por situaciones de necesidad) los que lideran pymes comerciales con mayor capacidad de adopción tecnológica. En el caso del nivel educativo del empresario, cuanto mayor es este, mayor capacidad de adopción de tecnología muestran las pymes comerciales, como cabría esperar.

La importancia del capital humano como factor clave en estos procesos de transformación tecnológica, se ve avalada también por un segundo resultado en este estudio: aquellas empresas que implementaron actividades formativas para sus empleados tuvieron mayor capacidad de absorción tecnológica.

Asimismo, aquellas pymes que desarrollaron iniciativas de cooperación con otras empresas pudieron adoptar nueva tecnología en mayor medida. Este hecho indica que las limitaciones a las que se enfrentan las pymes derivadas de su reducido tamaño, que les impide beneficiarse de economías de escala, podrían verse mitigadas mediante mecanismos de cooperación empresarial. 

Por otra parte, nuestros resultados sugieren que la adopción de tecnología en las pymes del comercio minorista no se plantea con el objetivo de reemplazar a trabajadores, como a menudo se suele suponer. 

Por lo tanto, las administraciones públicas pueden jugar un papel positivo catalizando los procesos de adopción de tecnología en las pymes comerciales a través del fortalecimiento del capital humano en estas organizaciones. Para ello cobra sentido el apoyo público a acciones formativas y de asesoramiento con un enfoque que estimule la colaboración empresarial. Este tipo de iniciativas parece ser el mecanismo más eficaz para aumentar la productividad y la calidad del servicio en las pymes comerciales tradicionales, promoviendo así la supervivencia e incluso el crecimiento de estas empresas.

Referencia: 
Romero, I. and Martínez-Román, J.A., 2015. Determinants of technology adoption in the retail trade industry – the case of SMEs in Spain. Amfiteatru Economic, 17(39), pp. 646-660.

miércoles, 13 de mayo de 2020

DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19

Artículo realizado junto con Pedro de Ahumada Servant y publicado en el diario Expansión (Andalucía) el 07/05/20.


El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital. 


Las circunstancias actuales están permitiendo confirmar que España dispone de buenas infraestructuras TIC, capaces de dar respuesta a un crecimiento explosivo del tráfico de datos. Sin embargo, la transformación digital no es un proceso meramente tecnológico: su principal protagonista no son los ordenadores, ni las redes, sino las personas. A este respecto, el Digital Economy and Society Index (DESI), elaborado por la Comisión Europea, muestra deficiencias comparativas en las competencias digitales de la población española en el contexto comunitario. 

La gravedad de la situación económica derivada de la pandemia se acentúa en el caso de aquellos sectores, como el comercio, que se ven más afectados por el confinamiento. El impacto de la crisis se agudiza asimismo en esta rama de actividad debido a su atomización empresarial. El 60,5% de las empresas comerciales en Andalucía no tienen empleados y el 35,8% son microempresas con menos de 10 trabajadores. Estas empresas disponen de un limitado colchón financiero para absorber la paralización de su actividad. El comercio aporta un 9.1% del VAB andaluz y más de 460.000 empleos para la economía regional. Una parte significativa de este tejido empresarial está en riesgo. La amenaza afecta con mayor intensidad a la mujer, dado que la representación femenina en el empleo del sector alcanza el 60,4%. 

El reto de la digitalización representa en estos momentos para la pyme comercial una crisis de supervivencia. A este respecto, un estudio reciente elaborado por Angloben Digital Economy muestra que el nivel de digitalización del comercio en Andalucía se sitúa en el 42,9 % de su potencial. Por lo tanto, el sector se enfrenta a esta crisis con un retraso notable en su transformación digital, pero con perspectivas de mejora extraordinarias en dicho plano. 

El potencial de la digitalización como motor de cambio de los modelos tradicionales de negocio en el comercio es formidable y constituye una singular oportunidad. Los comercios locales pueden desarrollar servicios digitales para reducir los obstáculos asociados a las barreras físicas -más limitantes en un contexto de confinamiento y aislamiento social-, simplificar las cadenas de suministro y agilizar la provisión de bienes y servicios. En estos días difíciles, muchos comercios tradicionales se están transformando digitalmente con éxito. En las propias plazas de abastos algunos negocios han diseñado herramientas de pedidos, han contratado personal y multiplicado por cinco sus ventas. La clave en estos procesos es sin lugar a dudas el capital humano y no son pocos los comerciantes que están evaluando con rapidez la situación y aprendiendo a relacionarse digitalmente con sus clientes. 

La crisis del Covid-19 supone un punto de no retorno para la transformación digital del comercio. Las políticas públicas deben acompañar a los comerciantes perspicaces y dinámicos que busquen aprovechar las oportunidades que la transformación digital pone a su alcance, garantizando la viabilidad presente y futura de un tejido empresarial necesario para la economía andaluza.

martes, 29 de septiembre de 2015

EL TAMAÑO EMPRESARIAL IMPORTA

El tamaño óptimo de una empresa es el resultado de un amplio conjunto de factores (economías de escala, costes de transacción, estructura del mercado, …). A su vez, la composición por tamaños del tejido empresarial en una economía -globalmente considerada- es asimismo consecuencia de múltiples factores (dotación de recursos, tecnología, grado de apertura, instituciones, tamaño del mercado interior, …). Ambos aspectos se ven afectados por los continuos cambios tecnológicos, económicos y socio-políticos. 

En cualquier caso, las empresas que funcionan bien y colocan productos atractivos en el mercado captan, por lo general, mayor demanda y obtienen mejores resultados, lo que impulsa su crecimiento. Por el contrario, las empresas menos competitivas ven coartadas sus posibilidades de crecimiento -e incluso ponen en peligro su supervivencia-, crean menos empleo, tienen menor productividad y pagan salarios más bajos. Desde esta óptica, la mayor prueba del éxito de una pyme consiste en dejar de serlo, convirtiéndose en una gran empresa. El papel dinámico de la pyme, retando a empresas consolidadas y modificando las pautas de competencia, es fundamental en una economía de mercado. 

Así pues, el tamaño empresarial y su crecimiento representan en general un signo de salud de la empresa. No obstante, no todo crecimiento empresarial es necesariamente saludable: las nuevas inversiones pueden no resultar rentables o venir asociadas a un excesivo endeudamiento (los problemas actuales de Abengoa ilustran el segundo caso). Asimismo, cuando las empresas crecen de modo extraordinario pueden llegar a alcanzar una posición de cierto control o auténtico dominio del mercado, lo que favorece el desarrollo de prácticas que limitan o cercenan la competencia efectiva en perjuicio de los consumidores. Los poderes públicos deben diseñar regulaciones que eviten esos efectos perniciosos, como muestra el Prof. Jean Tirole, Premio Nobel de Economía en 2015. 

En el caso concreto de España y Andalucía, se aprecia un tamaño empresarial medio por debajo de las economías más prósperas de la UE. Según datos de Eurostat, el número medio de trabajadores por empresa en España era de 4,7 en 2014, número inferior al de Francia (5,7 empleados) y muy lejos de las cifras del Reino Unido (11 trabajadores) y Alemania (11,7 asalariados). Esta atomización empresarial se manifiesta como una restricción al desarrollo tecnológico, la innovación y al crecimiento de la productividad de nuestras empresas, limitando su capacidad de competir en el mercado mundial (véase esto o esto). Las grandes empresas españolas muestran unos niveles de productividad semejantes (o incluso superiores) a los de sus homólogas en las grandes economías de la UE (véase aquí). Por tanto, el desfase en los niveles de productividad de la economía nacional con las economías europeas más prósperas se explica por el diferencial de productividad en nuestras pymes y su mayor presencia relativa en nuestra economía (efecto composición).

A este respecto, cabe señalar que en el marco regulador español, como en el de otros países, existen requerimientos legales en la normativa mercantil, laboral o fiscal asociados al tamaño que tienen un efecto desincentivador del crecimiento empresarial. Así pues, nuestras empresas optan en ocasiones por no crecer para eludir determinadas normas que les acarrean costes adicionales. Se da lugar así a lo que algún analista ha dado en denominar “la maldición del empleado 50”. 

Estos problemas derivados de la regulación coexisten en nuestro país con los asociados a una acción pública insuficiente en defensa de la competencia en algunos sectores oligopolizados o con restricciones a la competencia, principalmente en el campo de los servicios. Se requiere a tal efecto una regulación más inteligente que estimule la competencia efectiva a la vez que evite la generación de distorsiones, como el mencionado freno al crecimiento empresarial. 

Asimismo, la creciente apuesta pública por los emprendedores queda excesivamente enfocada al estímulo del autoempleo -como respuesta de política social ante situaciones de desempleo- sin que ello suponga con frecuencia un impulso a proyectos empresariales con auténtica proyección económica. A este respecto, cabe apoyar en mayor medida el crecimiento de la pyme para consolidar un sector de mediana empresa capaz de competir globalmente. Esta transformación es parte del cambio en el modelo productivo que las economías española y andaluza necesitan.

viernes, 29 de mayo de 2015

LA POLÍTICA ECONÓMICA PARA UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO

El estallido de la burbuja de la construcción y la crisis posterior han evidenciado la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo productivo que permita consolidar la recuperación económica y afrontar algunas de las debilidades estructurales de la economía española. En este sentido, podemos preguntarnos por el papel que la política económica puede jugar a fin de favorecer tal cambio de modelo productivo. Y existen dos estrategias alternativas. 

Una primera opción, de corte más intervencionista, partiría de la identificación desde el estado de los sectores económicos llamados a constituirse en motores del crecimiento y en yacimientos de empleo. Al objeto de impulsar el cambio de modelo, los poderes públicos orientarían selectivamente la inversión y los incentivos públicos hacia estos sectores. Los candidatos previsibles serían algunas actividades de alto nivel tecnológico o buenas perspectivas de futuro. En el escenario actual, esta estrategia, con un alto protagonismo estatal, queda substancialmente constreñida por las exigencias de contención presupuestaria. Más allá de esta limitación, argumentos de peso desaconsejan esta vía. 

En una economía de mercado la detección de las oportunidades de negocio con mayor potencial no es una función propia de la iniciativa pública, sino de los emprendedores y de las empresas privadas. Es a estos a los que corresponde leer las señales del mercado y valorar las capacidades competitivas de sus empresas para tomar en consecuencia sus decisiones de inversión. Difícilmente podrá el Estado en una economía de mercado madura reemplazar con éxito a la iniciativa privada en este cometido, que constituye el núcleo central de la planificación estratégica en la empresa y la esencia de la perspicacia emprendedora.

Por otra parte, las oportunidades de negocio atractivas pueden encontrarse también en sectores maduros que difícilmente serían catalogados como “estratégicos” en ningún análisis de prospectiva. Así, por ejemplo, incuestionables referentes de éxito empresarial en los últimos tiempos en España o Suecia como, respectivamente, Inditex e Ikea se encuadran en sectores, como el textil/confección o la industria del mueble, que a priori habrían sido calificados como industrias tradicionales sin especial relevancia estratégica, ni proyección de futuro. La clave de estas historias de éxito empresarial se encuentra en aspectos intangibles como el diseño, la organización, el marketing o la innovación y estos factores son aplicables potencialmente a cualquier actividad, no sólo a las de un nivel tecnológico más alto.

Frente a esta estrategia de política industrial beligerante, cabe un planteamiento alternativo que confíe el liderazgo productivo a la iniciativa empresarial privada, limitándose a un papel de acompañamiento activo. Bajo este enfoque, la acción pública debería preocuparse fundamentalmente por crear un marco general favorable a la actividad empresarial, que estimule el surgimiento y el desarrollo fluido de las iniciativas emprendedoras. El mantenimiento de un marco regulatorio, administrativo, fiscal, financiero y cultural favorable a la empresa puede así coadyuvar a la generación y regeneración de un tejido productivo sólido y competitivo. 

Un entorno empresarial favorable propicia la aparición de nuevas empresas y la adopción por las ya establecidas de comportamientos dinamizadores (crecimiento, innovación, internacionalización, ...); pero al mismo tiempo eleva el atractivo del territorio como destino de inversiones de grandes empresas externas y contribuye a la retención de las previamente instaladas en él.

A este respecto, cabe señalar que España ocupa el puesto el lugar 33 (entre 189 países) en el mundo en función de las condiciones de su entorno empresarial según el informe Doing Business. En el último año nuestro país ha empeorado su posición en un puesto. España se sitúa en esta clasificación, elaborada por el Banco Mundial, justo por delante de Colombia, Perú o Montenegro.

La estrategia de mejora del entorno empresarial requiere de la actuación pública sobre los fallos del mercado y los fallos institucionales que constituyen obstáculos para las empresas. La regulación inadecuada, el mal funcionamiento administrativo, un sistema fiscal mal diseñado o la falta de una cultura emprendedora constituyen barreras para las empresas que la acción pública debe considerar y reparar. 

Especialmente destacables son los fallos en el funcionamiento del sistema financiero -derivados de situaciones de información imperfecta y asimétrica-, que dificultan el acceso al crédito a las pyme en comparación con las grandes empresas. Este sesgo en el racionamiento del crédito en perjuicio de las pyme limita la canalización eficiente de recursos financieros hacia proyectos ambiciosos e innovadores, que implican riesgos diferenciales. A este respecto, se abre un campo de actuación de singular relevancia para medidas de política financiera que corrijan y completen el funcionamiento autónomo de los mercados financieros, potenciando mecanismos específicos de financiación para las pyme (capital semilla, capital riesgo, sociedades de garantía recíproca, avales públicos, etc.). 

En cualquier caso, resulta indudable que en el nuevo modelo productivo deberían ganar peso las actividades de alto valor añadido asociadas al conocimiento, la creatividad y la innovación. Es por ello que la política económica para un nuevo modelo productivo debería fomentar la innovación empresarial y sentar las bases para que el conocimiento y la creatividad se incorporen con éxito a los procesos productivos. Con este fin, se justifican los esfuerzos dirigidos a mejorar el capital humano y tecnológico -activos productivos fundamentales en las economías basadas en el conocimiento-, así como a fortalecer los cauces institucionales que permitan la incorporación del conocimiento y la creatividad al sistema productivo. 

A este respecto, resulta estratégica la contribución de la Universidad. La vetusta institución universitaria está llamada a sumar en el siglo XXI una nueva función a sus clásicas responsabilidades en el plano docente e investigador: debe convertirse en una “Universidad emprendedora”. No sólo debe preocuparse de la generación y transmisión de conocimiento, sino que debe implicarse más directamente en su comercialización y en su aplicación al sistema productivo, bien a través de vínculos con las empresas existentes, bien a través de nuevos proyectos empresariales surgidos de ella (“spin-off”).

miércoles, 22 de octubre de 2014

GRANDES EMPRESAS, PYME Y MARCA "ESPAÑA"

(Esta entrada recoge algunas ideas centrales de mi artículo con la Prof. María José Rodríguez publicado en Comillas Journal of International Relations bajo el título "Sobre la internacionalización de la PYME y su contribución a la imagen exterior de España")

En las últimas décadas la presencia internacional de las grandes corporaciones españolas ha podido contribuir positivamente a una mejor imagen exterior de nuestra economía. A este respecto, se suele interpretar que las grandes compañías actúan como “buques insignia” de la economía nacional. 

No obstante, las grandes empresas españolas tienen una presencia global limitada en términos de posicionamiento de sus marcas. Solo la marca Zara se situó entre las 100 con mejor reputación en el mundo en 2013 según el ranking que elabora la consultora Reputation Institute. 

Por otro lado, especialmente en Latinoamérica, segundo mayor destino de la inversión española en el exterior, las grandes empresas españolas se enfrentan a una cierta animosidad derivada de factores históricos. En algunos países latinoamericanos la presencia de estas grandes corporaciones en sectores básicos para los consumidores y el sistema productivo (energético, telecomunicaciones, suministro de agua, infraestructuras, banca, etc.) ha podido consolidar en las últimas décadas ciertas percepciones negativas asociadas a la imagen de España. 

Asimismo, el proceso de globalización empresarial está dando lugar a grupos transnacionales en los que resulta cada vez más discutible asociar la empresa a una nacionalidad. Este proceso afecta también a las grandes corporaciones españolas que, en algunos casos, muestran una elevada penetración del capital extranjero en su accionariado y obtienen más beneficios, tienen más empleados o invierten más en el extranjero que en la propia España.

En estas circunstancias, cabe preguntarse hasta qué punto siguen siendo “españolas” algunas grandes empresas “españolas”. A título ilustrativo, el propio Presidente de Iberdrola, afirmó en una comparecencia pública en Londres en febrero de 2014: “Somos más británicos, americanos y mexicanos que españoles”, en alusión al peso de cada negocio en las cuentas de la empresa.

Las grandes empresas en muchos casos prefieren proyectarse como corporaciones globales y no identificarse con una marca-país. De este modo, ciertas grandes compañías españolas, en su intento de consolidar marcas globales mundialmente reconocidas y percibidas con atributos positivos, podrían tratar de escapar de posibles percepciones instrumentales negativas asociadas a la imagen-país de España como una economía frágil y periférica en la UE. 

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta sobre Estrategias Empresariales (Fundación SEPI, 2014).

Por su parte, las PYME españolas muestran un nivel de internacionalización por debajo del observado en las grandes empresas; sin embargo, están incrementando significativamente su presencia en el exterior en un proceso que cabe esperar continúe y se fortalezca en los próximos años (véase gráfico adjunto).

En este contexto, la imagen exterior de España puede dejar de gravitar tan estrechamente sobre las grandes corporaciones de origen nacional y quedar vinculada de manera creciente a las PYME. De este modo, podría recaer en estas últimas en el futuro la responsabilidad de mejorar la percepción internacional de la economía española, asociándola a connotaciones de eficiencia económica. Por su propia naturaleza, las PYME se encuentran más estrechamente vinculadas a la marca “España” y dependen también más de ella.

miércoles, 8 de octubre de 2014

LOS BUDDENBROOK Y LA PRESUNTA MALDICIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR


Una empresa es un ser vivo, una forma elemental de vida económica. Como tal, toda empresa nace, crece, eventualmente se reproduce (eso que en terminología anglosajona se conoce como spin-off) e inevitablemente muere. Ninguna empresa puede esquivar este desenlace, pero sobre las empresas familiares parece pesar un mal congénito que limita fatalmente su existencia condenándolas a la extinción antes de superar la tercera generación. De este modo, según datos del Instituto de Empresa Familiar para el caso español, el 50% de las empresas familiares alcanza la segunda generación y solo el 15% sobrevive a la tercera.

Esta “maldición” de la empresa familiar se encuentra estrechamente vinculada al problema de la sucesión del empresario. El proceso de reemplazo generacional con frecuencia plantea conflictos familiares irresolubles o sitúa al frente de la organización a individuos con escasa vocación empresarial, poco arrojo e ilusión, o habilidades insuficientes para asumir con éxito el liderazgo y buen gobierno del negocio.

Mucho han discutido los economistas de la empresa sobre esta cuestión, pero nadie ha podido ilustrar tan magistralmente la problemática de la empresa familiar como el escritor alemán Thomas Mann en su novela “Los Buddenbrook”. 

La obra, ambientada en la ciudad alemana de Lübeck a mediados del siglo XIX, narra las vicisitudes de una familia de comerciantes a lo largo de cuatro generaciones que van marcando la decadencia y el ocaso final del negocio. Esta novela, que Mann escribiera con solo veinticinco años, fue el principal mérito alegado por la Academia Sueca para conceder a su autor el Premio Nobel de Literatura.

El destino trágico de la empresa familiar queda sublimemente simbolizado en “Los Buddenbrook” en una premonitoria escena que sitúa al niño Hanno Buddenbrook, el hijo único llamado a heredar el negocio, frente al preciado cuaderno donde se recoge el árbol genealógico y se anotan los grandes acontecimientos familiares. 

Nos cuenta entonces Mann como Hanno “(…) colocó la regla debajo de su nombre, recorrió con la mirada todo aquel entramado genealógico una vez más y, con gesto sereno y sin pensar en nada, tan cuidadosa como mecánicamente, trazó una bonita y limpia doble línea con el plumín atravesando en diagonal todo el espacio restante, tal y como le habían enseñado en el colegio a adornar las páginas del cuaderno de matemáticas.” Y cuando su padre, el senador Thomas Buddenbrook, le recrimina indignado su acción, Hanno solo puede a duras penas balbucear: “Es que… yo creí que…, creí que después ya no venía nada más…”.

Sin embargo, no todas las empresas familiares sucumben a este mortal maleficio. La más antigua del mundo, la hotelera japonesa Hoshi Ryokan, cuenta nada menos que 1289 años de existencia. En el selecto grupo de las empresas familiares más longevas se encuentran dos compañías españolas: Codorníu, con más de cinco siglos de vida, y Bodegas Osborne, con más de 200 años de antigüedad. Curiosamente, la firma andaluza fue fundada por otro Mann, el británico Thomas Osborne Mann, en 1772. 

Asimismo, algunas de las mayores corporaciones internacionales nacieron como empresas familiares y en alguna medida siguen siéndolo tras protagonizar brillantes trayectorias empresariales. Baste citar casos como los de Wall-Mart, Ford Motor Co., LG Group, Hyundai Motor o las españolas Banco Santander, el Corte Inglés, Mercadona, Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) o Inditex (Zara).

La vida de las empresas, como la de las personas, desemboca más tarde o más temprano en su desaparición, pero antes se ofrece como una página en blanco con infinitas posibilidades. Quizás la mayor trascendencia posible para unas y otras consista, como en el caso de “Los Buddenbrook”, en llenar esas páginas con bellas historias. Puede que eso sea todo a lo que quepa aspirar. Puede que quepa aspirar nada menos que a eso.