En su novela “Dinero” (1984) el protagonista y narrador del relato es John Self, un director publicitario de éxito. Self es invitado a Nueva York por un productor cinematográfico quien lo ha contratado para rodar su primera película. Amis retrata al personaje central de su obra como un hedonista auto-destructivo, alcohólico y adicto a la pornografía y a la prostitución. John Self lleva una existencia extremamente desordenada, gasta desmedidamente y vive permanentemente inadaptado al medio social.martes, 12 de abril de 2022
EL DINERO SEGÚN MARTIN AMIS
En su novela “Dinero” (1984) el protagonista y narrador del relato es John Self, un director publicitario de éxito. Self es invitado a Nueva York por un productor cinematográfico quien lo ha contratado para rodar su primera película. Amis retrata al personaje central de su obra como un hedonista auto-destructivo, alcohólico y adicto a la pornografía y a la prostitución. John Self lleva una existencia extremamente desordenada, gasta desmedidamente y vive permanentemente inadaptado al medio social.viernes, 18 de marzo de 2022
EL SEGUIMIENTO EN LA ESTRATEGIA DE ESPECIALIZACIÓN INTELIGENTE: IMPORTANCIA Y LIMITACIONES
Mathieu Doussineau e Isidoro Romero.
Publicado en el blog "La Riqueza de las Regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional.
La implementación del concepto de especialización inteligente (Foray, David y Hall, 2009) en el marco de la política europea de cohesión conlleva el reto de aplicar un marco metodológico genérico para la formulación de políticas a una realidad, como la de la UE, caracterizada por su marcada heterogeneidad regional. Por este motivo, un aspecto fundamental en el desarrollo de la smart specialization strategy (S3) es la capacidad de los gobiernos regionales para dirigir el proceso. Sin embargo, muchas regiones carecen en la práctica de la capacidad institucional para desarrollar una adecuada gobernanza de la estrategia de especialización inteligente.
En particular, el seguimiento (monitoring) está llamado a actuar como una dimensión fundamental para un buen gobierno de la S3. La función de seguimiento es un componente transversal del ciclo de las políticas públicas, si bien se la suele percibir como un hermano gemelo de la evaluación. El seguimiento es muy a menudo desatendido en el plano académico y en la praxis de los formuladores y gestores de las políticas, quienes lo consideran, erróneamente, como una actividad útil sólo a los efectos de cumplir con los requisitos de auditoría financiera. Por el contrario, en su concepción moderna, el seguimiento resulta una herramienta clave de gestión que debe asistir a las autoridades públicas en la implementación de la estrategia y facilitarles una mejor conexión con otras partes interesadas en la misma (stakeholders).
La especial relevancia de la actividad de seguimiento en el marco de la S3 se deriva de la complejidad intrínseca al propio concepto de especialización inteligente. A su vez, esta complejidad proviene del carácter inclusivo y de “abajo arriba” de la S3, que invoca a la participación de los principales actores del sistema regional de innovación. El concepto de especialización inteligente supone una nueva forma de concebir la política de innovación que reclama la intervención de las partes interesadas como protagonistas del proceso de descubrimiento emprendedor (Fernández, Martínez-Román y Romero, 2019). Es por ello conveniente que los actores implicados (administraciones, organismos intermedios, asociaciones empresariales, universidades, centros de investigación y otros actores de la sociedad civil) se integren en el mecanismo de seguimiento de la S3 para que éste sea un reflejo de la estrategia en sí.
Por tanto, trasladar en la práctica la propuesta teórica de la S3 conlleva diversos retos y dificultades. A este respecto, pueden señalarse tres limitaciones específicas que se vienen observando en el desarrollo del seguimiento de la S3.
En primer lugar, los formuladores de las políticas ven en teoría a las partes interesadas como actores cruciales y valoran positivamente su participación en el seguimiento de la S3. Sin embargo, en la práctica, solo otorgan a estos stakeholders un papel más bien pasivo (Kleibrink, Gianele y Doussineau, 2016). Sería conveniente pues que todos los actores implicados en la S3 se involucraran de modo más efectivo en las actividades de seguimiento a fin de que pudieran sentir la estrategia como suya. En este sentido, la confianza es fundamental en las interacciones entre instituciones públicas, empresas privadas, organismos de investigación y otros actores involucrados en la S3. Esta confianza se podría favorecer mediante una comunicación más fluida de la información proveniente del seguimiento para proporcionar a las partes interesadas un conocimiento actualizado sobre la implementación de la estrategia.
Una segunda limitación está asociada a la insuficiente información y a la falta de innovación en la metodología de seguimiento. La principal fuente de información para el seguimiento de la S3 son los datos provenientes de la implementación del programa operativo FEDER y la absorción de fondos relacionada con éste, lo que puede dar una visión limitada del impacto de la estrategia. Se requeriría, por tanto, disponer de un conjunto más amplio de datos y fuentes de información para realizar un seguimiento efectivo de la estrategia. Este problema podría atribuirse a que el seguimiento se sigue ejecutando con modelos tradicionales, sin que se haya adaptado a la nueva forma de abordar la política de innovación que representa la S3. La necesidad de desarrollar otro enfoque para el seguimiento llama a su vez a mejorar las competencias del personal de las administraciones públicas encargado de esta función.
La tercera limitación observable supone que, aunque los formuladores de las políticas parecen comprender y aplicar la lógica de intervención de la S3, sólo una minoría de ellos establece un vínculo claro entre los indicadores de outputs inmediatos, por un lado, y los resultados y el impacto socioeconómico final de la estrategia, por otro. De este modo, se carece de una “teoría de la implementación” sólida (Weiss, 1998). El débil seguimiento de la “última milla” de la implementación que conduce a los impactos finales merece pues más atención por parte de las autoridades públicas y los organismos responsables de supervisar la S3.
La nueva generación de estrategias de especialización inteligente debe impulsar la innovación y ofrecer un marco de acción política transformadora a escala regional. Una buena gobernanza regional de la S3, que incorpore los arreglos institucionales apropiados, puede elevar la resiliencia de las regiones ante shocks externos y mejorar el impacto de la política de innovación sobre las regiones europeas. Para ello, es fundamental incorporar un sistema de seguimiento más avanzado, que permita identificar las necesidades de las partes interesadas y captar las señales provenientes del exterior para favorecer una implementación más eficaz y eficiente de las actuaciones y generar una retroalimentación que permita re-ajustar adecuadamente el diseño de la estrategia.
Referencias:
Fernández-Serrano J., Martínez-Román, J.A. y Romero, I. (2019): “The entrepreneur in the regional innovation system. A comparative study for high and low-income regions”, Entrepreneurship & Regional Development, 31:5-6, 337-356. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/08985626.2018.1513079
Foray, D., David, P.A. y Hall, B. (2009): “Smart specialisation – the concept”, Knowledge Economists Policy Brief No. 9.
Kleibrink, A., Gianelle, C. y Doussineau, M. (2016): “Monitoring innovation and territorial development in Europe: emergent strategic management”, European Planning Studies, 24:8, 1438-1458.
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/09654313.2016.1181717
Weiss, C. H. (1998): Evaluation: Methods for studying programs and policies. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.
jueves, 28 de octubre de 2021
LA BRECHA DIGITAL EMPRESARIAL EN ESPAÑA: DIFERENCIAS REGIONALES Y DIMENSIONALES
(Publicado en el blog "La riqueza de las regionales" de la Asociación Española de Ciencia Regional).
Las próximas décadas van a estar marcadas por el impacto de la digitalización sobre el crecimiento económico y la transformación del sistema productivo. La revolución digital, pese a su potencial para mejorar la vida de las personas, no está exenta de riesgos y amenazas, entre ellos, la aparición de brechas digitales entre grupos sociales, empresas y territorios.
Desde la perspectiva empresarial, podemos estudiar el nivel de digitalización en España empleando los datos de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas” que elabora el Instituto Nacional de Estadística. Esta fuente permite observar las diferencias regionales en el nivel de digitalización de las empresas, así como aproximarnos a la brecha digital en función del tamaño empresarial, al realizarse la encuesta de forma separada para las microempresas de hasta 9 trabajadores y para el resto de empresas (con 10 trabajadores o más). En esta entrada presentaremos algunos resultados respecto a ambas cuestiones a partir de los últimos datos publicados referidos al primer trimestre de 2020.
Nos aproximaremos aquí al nivel de digitalización utilizando, como indicador sintético simple, la media aritmética de los siguientes ocho indicadores (disponibles en la encuesta por CC.AA. y para las empresas de los dos grupos dimensionales señalados):
- Empresas que disponen de ordenadores (%).
- Empresas que disponen de conexión a Internet (%).
- Empresas que emplean especialistas en TIC (%).
- Empresas que proporcionaron a sus empleados dispositivos portátiles con conexión móvil a Internet para uso empresarial (%).
- Empresas que disponen de página web (%).
- Empresas que usaron Internet para interactuar con las administraciones públicas (%).
- Empresas que utilizan los medios sociales (%).
- Empresas que compran algún servicio de cloud computing (%).
El Gráfico 1 ilustra los resultados que se obtienen para el caso de las microempresas. Puede comprobarse que es en la Comunidad de Madrid donde las microempresas muestran un mayor nivel de digitalización, seguida de la Comunidad Valenciana, Canarias, Murcia y País Vasco. Por el contrario, Baleares, La Rioja y Castilla-La Mancha son las CC.AA. que muestran niveles más bajos de digitalización de sus microempresas. Esto determina una brecha interregional máxima en términos de digitalización de las microempresas de 6,44 puntos porcentuales -observada entre Madrid y Baleares- (excluimos a efectos de este cálculo los casos de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla).
Gráfico 1. Nivel de digitalización de las microempresas (con menos de 10 empleados) por CC.AA.
(1er trimestre de 2020)
Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.
En el caso de las empresas con 10 empleados o más (véase Gráfico 2), la comunidad autónoma que presenta mejores resultados es de nuevo Madrid, seguida de Cataluña, mientras que los peores resultados corresponden a Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. La brecha interregional máxima -observada entre la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha- se sitúa en este caso en 7,89 puntos porcentuales.
Gráfico 2. Nivel de digitalización de las empresas con 10 empleados o más por CC.AA.
(1er trimestre de 2020)
Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.
Por tanto, si bien existen algunas diferencias relevantes entre CC.AA., la brecha digital más amplia y significativa es la que se observa entre las microempresas y el resto del tejido empresarial. Esta brecha digital dimensional, que se muestra en la última columna de la Tabla 1, se sitúa en un orden de magnitud en torno a cuatro veces la brecha máxima interregional.
Tabla 1. Niveles de digitalización empresarial. Brechas digitales regional y dimensional
(1er trimestre de 2020)
Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.(*) Algunos de los indicadores utilizados son presentados por el INE como porcentaje de las empresas con conexión a Internet. Aquí se han utilizado recalculándolos como porcentaje del conjunto de las empresas en cada segmento dimensional.
(**) La brecha regional máxima se calcula como diferencia entre los valores máximo y mínimo de cada indicador para las CC.AA., excluyendo los casos particulares de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
La brecha digital asociada a la dimensión empresarial resulta aun más preocupante al considerar que las microempresas representan el 95% de la población total de empresas españolas y que muestran bajos niveles de productividad, tanto en comparación con las empresas de mayor tamaño, como respecto a sus homólogas en las principales economías de la UE. El éxito de la transformación digital en España estará condicionado, por tanto, por la capacidad de impulsar la digitalización en las empresas de menor tamaño, lo que constituye, por otra parte, una oportunidad para favorecer su crecimiento y paliar el problema de atomización que afecta estructuralmente a nuestro tejido empresarial.
Nota: Esta entrada se enmarca en el Proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado en la convocatoria 2020 de «Proyectos de I+D+i» del Programa Estatal de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación.
miércoles, 23 de junio de 2021
CAPITALISMO DIGITAL Y PIRATERÍA
El fenómeno de la piratería en el contexto del desarrollo capitalista no es, sin embargo, un asunto nuevo. Cuando en los s. XVI y XVII la apertura de las grandes rutas oceánicas y la formación de los primeros imperios globales impulsaron el “capitalismo mercantil”, floreció igualmente la piratería, en algunos casos con la complicidad de los propios Estados, como Inglaterra o Francia, que concedían a los piratas autorización para robar y saquear en tiempos de guerra mediante las denominadas “patentes de corso”.
Los piratas digitales de hoy despiertan cierta admiración en algunos grupos por su imagen de David frente al Goliat de los gigantes corporativos o los propios Estados a los que atacan; asimismo, inspiran algunas simpatías en ciertos colectivos por su supuesta ideología libertaria. Los piratas del s. XVII estaban igualmente rodeados por un halo de romanticismo. Ello se debía en parte a que representaban un modo de vida no sujeto a poder alguno e imbuido de un cierto espíritu libertario, que inspiró al poeta español José de Espronceda su célebre “Canción del Pirata”: “Que es mi barco mi tesoro/ que es mi dios la libertad,/ mi ley, la fuerza y el viento,/ mi única patria la mar.” Los piratas del mar llegaron a convertirse así en “héroes de masas”, como relata magistralmente Steven Johnson en su ensayo “Un pirata contra el capital”, a pesar de ser “asesinos, violadores y ladrones: enemigos de toda la humanidad.” Algo semejante podría decirse de estos piratas informáticos actuales que amenazan la estabilidad económica, social y política de las sociedades de la era digital.
En la citada obra, Johnson relata un episodio histórico particular que supondría un punto de ruptura, un momento de cambio asociado a transformaciones estructurales subyacentes. El protagonista del mismo fue el pirata británico Henry Every, uno de los pocos capitanes piratas que pudo desaparecer sin ser capturado o muerto en batalla. El último y mayor ataque de Every fue perpetrado en 1664 contra el Ganj-i-Sawai, buque insignia del emperador mogol, y supuso un botín de aproximadamente veinte millones de euros actuales, unas cuatro veces el rescate pagado por la compañía estadounidense Colonial.
El ataque al Ganj-i-Sawai provocó una crisis diplomática entre Inglaterra y el Imperio mogol y obligó a Londres a tomar una postura tajante contra la piratería. Ello supuso el abandono de la indulgencia y colaboración que el gobierno británico había mantenido respecto a figuras como las de Drake y el resto de los corsarios. El Estado utilizó el juicio por el asalto al Ganj-i-Sawai y las ejecuciones de los participantes en el mismo como instrumentos propagandísticos de esta nueva política. Inglaterra debía dejar de ser vista internacionalmente como una “nación de piratas” en favor de los intereses del emergente imperio colonial inglés. La seguridad de los mares y la estabilidad de las relaciones entre los grandes actores políticos internacionales resultaba un factor clave en el desarrollo del capitalismo mercantil del momento y el Estado se involucraría más decididamente en la seguridad de los mares y la persecución de la piratería.
Este episodio histórico ilustra cómo para desarrollo del capitalismo resulta fundamental un marco institucional y de seguridad que permita el funcionamiento correcto del mercado. Ello nos devuelve al mundo de hoy, en el que el avance del capitalismo digital estará condicionado en las próximas décadas por la ciberseguridad. A este respecto, necesitamos implementar mecanismos más efectivos contra la delincuencia digital. Es de desear igualmente que no existan “patentes de corso” digitales y que los Estados cooperen internacionalmente para crear un entorno de ciberseguridad global. Es éste un aspecto crítico en el presente y futuro de las sociedades digitales en el s. XXI. Quizás el ataque a Colonial sea, en cierto modo, otro momento Ganj-i-Sawai.
lunes, 10 de mayo de 2021
LA UNIVERSIDAD POST-COVID
(Publicado en el diario ABC -edición Sevilla-, el 4 de mayo de 2021)
El 15 de marzo de 2020, con el inicio del primer confinamiento por el Covid-19, la sociedad española y con ella su Universidad se situaron ante un escenario apocalíptico e inimaginable.
Abruptamente, la Universidad (presencial) se vio forzada a transformarse en un proveedor de enseñanza online, sumando esta adaptación -circunstancial y apresurada- a los retos estructurales de largo alcance que esta longeva institución acumula en el vertiginoso siglo XXI. Fue así como las restricciones en la actividad docente presencial derivaron en un experimento educativo a gran escala del que debemos extraer conclusiones útiles para el futuro.
Por un lado, la experiencia educativa en el contexto de la pandemia nos ha reafirmado en algunas convicciones previas. En primer lugar, se ha demostrado la importancia incuestionable del contacto directo con el alumnado. La presencialidad resulta fundamental para la formación en habilidades sociales, el establecimiento de redes de contactos y el desarrollo de aquellos elementos del proceso de enseñanza-aprendizaje que requieren de un mayor nivel de interacción personal. La presencia de los estudiantes en los campus es, asimismo, fundamental para su formación humana integral, que tanto se beneficia de la participación en actividades culturales, deportivas o de voluntariado. La dimensión ética que la formación de un universitario debe contemplar requiere igualmente de la comunicación presencial como hilo conductor que favorece la empatía entre el alumnado y el profesorado.
En segundo lugar, se ha podido confirmar que la evaluación del proceso de aprendizaje no puede desarrollarse con plenas garantías de modo virtual. La Universidad debe responder ante la sociedad de que sus titulados acrediten los conocimientos y competencias que los habilitan para la actividad profesional y esta función solo puede realizarla satisfactoriamente con pruebas presenciales. Por los dos motivos expuestos, la mejor Universidad tiene y tendrá un carácter presencial.
No obstante, esta experiencia educativa excepcional nos ha permitido también aprender algunas lecciones nuevas. El profesorado ha tenido una oportunidad singular para identificar en qué aspectos concretos la docencia presencial es insustituible y cómo mejorar su aprovechamiento, focalizándola en los elementos de índole práctica, el desarrollo de las capacidades analíticas o la verificación y el apoyo a la asimilación de los conocimientos. Hemos podido valorar también las posibilidades que ofrecen las tecnologías digitales para la creación de entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje. Las herramientas digitales permiten extraer de la docencia presencial algunos elementos de carácter teórico que pueden trasladarse con facilidad, e incluso con ciertas ventajas, a un entorno virtual, empleando las plataformas de docencia online. Se puede ganar así tiempo de clase presencial para la realización de actividades de carácter práctico, avanzando hacia el modelo conocido como flipped classroom o clase invertida.
Las herramientas digitales también pueden aplicarse en el marco del aula, enriqueciendo el desarrollo de la propia clase presencial. Así pues, la docencia universitaria en el futuro deberá integrar de modo inteligente y equilibrado las tecnologías de la información y de las comunicaciones en escenarios mixtos que complementen la presencialidad docente-discente con recursos y metodologías de enseñanza virtual.
Por otra parte, el atractivo de la Universidad post-Covid, en un contexto de aceleración del progreso científico y tecnológico, será cada vez más el hecho de representar un medio en el que se crea y fluye conocimiento de modo continuo, un entorno al que convendrá mantenerse conectado para estar al día. La comunidad universitaria se caracteriza por que toda ella está dedicada a aprender, tanto el alumnado como el profesorado, que debe estar al tanto de los avances en su campo de especialización y desarrollar una actividad investigadora orientada a ampliar la frontera del conocimiento. A este respecto, en la Universidad post-Covid ganarán igualmente relevancia las competencias asociadas a un aprendizaje autónomo, que tendrá que prolongarse durante toda la vida.
En conclusión, la experiencia educativa en la pandemia, a pesar de ser insatisfactoria y frustrante para la mayor parte del profesorado y del alumnado, puede engendrar una Universidad mejor para el futuro. Será una Universidad más adaptada a los retos actuales de la educación y la sociedad, pero reafirmada a la vez en los pilares que la han sostenido en su historia -como el debate abierto y racional, el estímulo a la innovación y la honestidad académica-. Debiera ser, por tanto, una Universidad mejor preparada para servir de brújula a la sociedad en un mundo en continua transformación, plagado de tribulaciones y a menudo desconcertante.
sábado, 3 de abril de 2021
SUPERVIVENCIA EMPRESARIAL, CIUDADES Y COVID-19
(Publicado en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional -AECR-)
Por un lado, las empresas se benefician en las ciudades de la diversidad de actividades productivas existente, que genera tanto externalidades pecuniarias como la oportunidad para la fertilización cruzada de ideas y el “derrame” de conocimiento entre sectores (knowledge spillovers). Los entornos urbanos ofrecen, asimismo, otras variadas ventajas económicas, como el mayor tamaño del mercado local, unos mejores servicios públicos o una mayor disponibilidad de otros recursos, como infraestructuras, financiación, recursos humanos o conocimiento. Todo ello podría afectar positivamente a la supervivencia empresarial en los ámbitos urbanos.
Sin embargo, en las grandes ciudades, a partir de ciertos niveles de densidad local, pueden aparecer deseconomías de aglomeración en forma de costes más elevados, problemas de congestión o mayor inseguridad, entre otros factores. Asimismo, las ciudades constituyen un entorno empresarial caracterizado por una mayor intensidad de la competencia, lo que podría conducir a una demografía empresarial más turbulenta, caracterizada por más entradas, pero también por más salidas. Las grandes áreas urbanas ofrecen también más oportunidades económicas que las zonas rurales. Ello podría inducir a los emprendedores a cerrar negocios viables pero que muestren una baja rentabilidad, ante la existencia de opciones atractivas de empleo asalariado. Por el contrario, en las áreas rurales, los empresarios pueden verse obligados a ser más resilientes en ausencia de alternativas de empleo razonables. De igual modo, las redes sociales de apoyo en las zonas rurales podrían ser más fuertes que en las zonas urbanas y los emprendedores podrían sentir una mayor responsabilidad frente a la comunidad. Todo ello podría provocar tasas de supervivencia más elevadas para las empresas en las áreas rurales.
La evidencia empírica disponible no permite despejar dudas en torno a esta cuestión, al no proporcionar resultados concluyentes relativos al efecto neto de la urbanización sobre la supervivencia empresarial. A este respecto, en un reciente trabajo (Bellido-Jiménez, Martín-Martín y Romero, 2021) analizamos el impacto del nivel de urbanización sobre la supervivencia de las empresas incubadas por los servicios públicos de apoyo de la Fundación Andalucía Emprende, que representa el principal instrumento para el fomento del emprendimiento en Andalucía. Nuestros resultados muestran que las probabilidades de supervivencia de las nuevas empresas incubadas en las ciudades y los grandes municipios andaluces son significativamente menores que para las promovidas en las áreas rurales y los pequeños municipios. Por lo tanto, un mayor nivel de urbanización se encuentra asociado en Andalucía con tasas de supervivencia más bajas de las nuevas empresas sujetas a procesos de incubación.
Estos resultados se refieren exclusivamente a Andalucía en el período 2009–2014, estando asimismo afectados por un sesgo de selección, al observarse solo la población de empresas incubadas, que recibieron apoyo público en su proceso de creación. Por lo tanto, las conclusiones obtenidas no pueden extrapolarse al conjunto de las empresas activas a nivel nacional. No obstante, el efecto observado sugiere la existencia de un patrón que podría manifestarse más allá del contexto específico del análisis efectuado.
Así pues, a tenor de las consideraciones realizadas en esta entrada, puede esperarse que la crisis de la Covid-19 acentúe el patrón espacial de supervivencia observado en nuestro estudio, incrementando la mortalidad empresarial en los grandes núcleos urbanos en mayor medida que en las zonas rurales, menos afectadas por la epidemia. No obstante, ello sería compatible con el mayor potencial de recuperación y el dinamismo empresarial más intenso que cabe esperar en las grandes ciudades conforme el proceso de vacunación avance y la epidemia vaya superándose. En el medio y largo plazo estos procesos estarán condicionados a su vez por los cambios estructurales en el plano económico y social que puedan derivarse de la Covid-19, aunque parece improbable que la pandemia altere significativamente los patrones de urbanización pre-existentes (Florida, Rodríguez-Pose y Storper, 2020).
Referencias:
AQR (2020): “El efecto de la densidad de población en la propagación del COVID-19 en el territorio catalán”, AQR COVID-19 / #1, Grupo de Investigación Anàlisi Quantitativa Regional, Universitat de Barcelona (AQR–UB).
Bellido-Jiménez V. M., Martín-Martín, D. y Romero I. (2021): “The survival of new businesses in Andalusia (Spain): Impact of urbanization, education, and gender”. Regional Science, Policy and Practice, 13, 25–41. https://doi.org/10.1111/rsp3.12308
Florida, R., Rodríguez-Pose, A. y Storper, M. (2020): "Cities in a Post-COVID World," Papers in Evolutionary Economic Geography (PEEG) 2041, Utrecht University, Department of Human Geography and Spatial Planning, Group Economic Geography.
lunes, 28 de septiembre de 2020
LA PYME HOTELERA ANTE LA PANDEMIA. CONSIDERACIONES PARA EL TURISMO DE LITORAL Y DE INTERIOR
(Publicado en el blog "La Riqueza de las Regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional (AECR).
El sector turístico en conjunto y en particular su rama hotelera se han visto golpeados con crudeza por la crisis asociada a la Covid-19. Las perspectivas de recuperación más optimistas para la estación estival se vieron esencialmente truncadas y las previsiones de futuro siguen marcadas por la incertidumbre. Así pues, la crisis del sector turístico tendrá un impacto contractivo sobre el conjunto de la economía, lo que ha llevado a algún analista a aventurar incluso que su colapso podría desencadenar una nueva etapa en la crisis (Foroohar, 2020).
En el marco de esta situación aciaga para el sector se observan algunos fenómenos de interés tanto desde la perspectiva de la demanda, como de la oferta turística. Por un lado, la caída de la demanda turística en el contexto de la pandemia se ha visto acompañada de una cierta reorientación hacia destinos rurales de interior, menos congestionados, frente a las zonas del litoral especializadas en un turismo de sol y playa, tradicionalmente masivo.
En el lado de la oferta y, en concreto, en el ámbito de la distribución turística, la pandemia ha agravado la crisis que los grandes turoperadores vienen sufriendo en los últimos años, con la quiebra de Thomas Cook en 2019 como manifestación emblemática. La crisis de la Covid-19 se ha sumado así a cambios estructurales en curso en las preferencias y el comportamiento de los turistas. La pérdida de interés por el paquete organizado y el creciente dominio de las herramientas digitales están conduciendo hacia la desintegración del producto turístico y al empleo de canales de comercialización más cortos, a través de la venta directa on-line al turista o la comercialización a través de las agencias de viajes on-line (Booking o Expedia, entre otras) u otras plataformas digitales (por ejemplo, Airbnb) (véase figura).
Ambos fenómenos -de demanda y de oferta- están conectados, dado que los turoperadores han sido tradicionalmente los grandes canalizadores de los flujos de turismo de masas dirigidos hacia las zonas del litoral español. A este respecto, resultan de interés los resultados de un reciente artículo en el que, bajo el título de “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, analizamos las diferencias existentes en las relaciones entre los turoperadores y las pymes hoteleras en los destinos de interior y de litoral (Romero, Cáceres Carrasco y Fernández-Serrano, 2020).
En este trabajo ponemos de manifiesto cómo los turoperadores internacionales presionan a las pymes hoteleras en el litoral para que bajen los precios de sus habitaciones, a la vez que influyen en su inversión en actividades innovadoras, estimulándola. Esta presión sobre los precios es menos intensa para los hoteles en destinos de interior, donde los turoperadores no ejercen una influencia significativa sobre la inversión en actividades innovadoras. Asimismo, el análisis efectuado permite constatar el impacto generado por los turoperadores turísticos sobre los resultados de los hoteles en las zonas del litoral, que se manifesta a través de dos efectos contrapuestos: por un lado, los turoperadores favorecen el crecimiento de las ventas y el empleo en las pyme hoteleras en el litoral, al facilitar su acceso al turista internacional; por otro lado, la dependencia de los turoperadores tiene un impacto negativo en la rentabilidad de la pyme hotelera en las áreas costeras, como consecuencia principalmente de su presión a la baja sobre los precios de las habitaciones. Por el contrario, en los destinos de interior los turoperadores no ejercen una influencia relevante sobre el crecimiento y la rentabilidad hotelera.
La pyme hotelera está siendo una de las más afectadas por la crisis de la Covid-19 debido a al especial impacto que está sufriendo la actividad turística y al escaso margen de maniobra financiero del que disponen en general este tipo de empresas. En este sentido, el sector requiere de apoyo público para salvaguardar su sostenibilidad en el contexto de la pandemia y facilitar su adaptación al escenario post-Covid. A este respecto, las pymes hoteleras en las zonas de litoral y de interior se enfrentan a problemáticas diferenciadas. Las primeras deberán restablecer la confianza del turista internacional y adaptar sus estrategias de comercialización a la crisis de los grandes turoperadores. Por su parte, las pymes hoteleras en zonas rurales de interior deberían aprovechar los elementos de oportunidad que se esconden en la crisis y modernizar sus estrategias de comercialización. En ambos casos, la innovación y la transformación digital serán estrategias clave a fin de mantener el liderazgo de competitividad a escala mundial que España acredita en el sector turístico.
Referencias:
(1) Foroohar, R. (2020): “Tourism’s collapse could trigger next stage of the crisis”, Financial Times, 2 de Agosto.
(2) Romero, I. y Tejada, P. (2011): “A multi-level approach to the study of production chains in the tourism sector”, Tourism Management, Vol. 32, Issue 2, pp. 297-306.
(3) Romero, I., Fernández-Serrano, J. y Cáceres-Carrasco, F. R. (2020): “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, International Journal of Hospitality Management, Vol. 85.
(4) World Economic Forum (2019): The Travel & Tourism Competitiveness Report 2019, World Economic Forum, Ginebra.
jueves, 30 de julio de 2020
CAPITAL HUMANO Y DIGITALIZACIÓN EN LA PYME COMERCIAL
miércoles, 13 de mayo de 2020
DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19
El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital.






