jueves, 28 de octubre de 2021

LA BRECHA DIGITAL EMPRESARIAL EN ESPAÑA: DIFERENCIAS REGIONALES Y DIMENSIONALES

(Publicado en el blog "La riqueza de las regionales" de la Asociación Española de Ciencia Regional).

Las próximas décadas van a estar marcadas por el impacto de la digitalización sobre el crecimiento económico y la transformación del sistema productivo. La revolución digital, pese a su potencial para mejorar la vida de las personas, no está exenta de riesgos y amenazas, entre ellos, la aparición de brechas digitales entre grupos sociales, empresas y territorios. 

Desde la perspectiva empresarial, podemos estudiar el nivel de digitalización en España empleando los datos de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas” que elabora el Instituto Nacional de Estadística. Esta fuente permite observar las diferencias regionales en el nivel de digitalización de las empresas, así como aproximarnos a la brecha digital en función del tamaño empresarial, al realizarse la encuesta de forma separada para las microempresas de hasta 9 trabajadores y para el resto de empresas (con 10 trabajadores o más). En esta entrada presentaremos algunos resultados respecto a ambas cuestiones a partir de los últimos datos publicados referidos al primer trimestre de 2020.

Nos aproximaremos aquí al nivel de digitalización utilizando, como indicador sintético simple, la media aritmética de los siguientes ocho indicadores (disponibles en la encuesta por CC.AA. y para las empresas de los dos grupos dimensionales señalados): 

- Empresas que disponen de ordenadores (%).

- Empresas que disponen de conexión a Internet (%).

- Empresas que emplean especialistas en TIC (%).

- Empresas que proporcionaron a sus empleados dispositivos portátiles con conexión móvil a Internet para uso empresarial (%).

- Empresas que disponen de página web (%).

- Empresas que usaron Internet para interactuar con las administraciones públicas (%).

- Empresas que utilizan los medios sociales (%).

- Empresas que compran algún servicio de cloud computing (%).

El Gráfico 1 ilustra los resultados que se obtienen para el caso de las microempresas. Puede comprobarse que es en la Comunidad de Madrid donde las microempresas muestran un mayor nivel de digitalización, seguida de la Comunidad Valenciana, Canarias, Murcia y País Vasco. Por el contrario, Baleares, La Rioja y Castilla-La Mancha son las CC.AA. que muestran niveles más bajos de digitalización de sus microempresas. Esto determina una brecha interregional máxima en términos de digitalización de las microempresas de 6,44 puntos porcentuales -observada entre Madrid y Baleares- (excluimos a efectos de este cálculo los casos de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla).


Gráfico 1. Nivel de digitalización de las microempresas (con menos de 10 empleados) por CC.AA. 

(1er trimestre de 2020)

Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.


En el caso de las empresas con 10 empleados o más (véase Gráfico 2), la comunidad autónoma que presenta mejores resultados es de nuevo Madrid, seguida de Cataluña, mientras que los peores resultados corresponden a Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. La brecha interregional máxima -observada entre la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha- se sitúa en este caso en 7,89 puntos porcentuales. 


Gráfico 2. Nivel de digitalización de las empresas con 10 empleados o más por CC.AA. 

(1er trimestre de 2020)

Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.


Por tanto, si bien existen algunas diferencias relevantes entre CC.AA., la brecha digital más amplia y significativa es la que se observa entre las microempresas y el resto del tejido empresarial. Esta brecha digital dimensional, que se muestra en la última columna de la Tabla 1, se sitúa en un orden de magnitud en torno a cuatro veces la brecha máxima interregional. 


Tabla 1. Niveles de digitalización empresarial. Brechas digitales regional y dimensional

(1er trimestre de 2020)

Fuente: Elaboración propia a partir de la “Encuesta sobre el uso de TIC y comercio electrónico en las empresas”, Instituto Nacional de Estadística.

(*) Algunos de los indicadores utilizados son presentados por el INE como porcentaje de las empresas con conexión a Internet. Aquí se han utilizado recalculándolos como porcentaje del conjunto de las empresas en cada segmento dimensional. 

(**) La brecha regional máxima se calcula como diferencia entre los valores máximo y mínimo de cada indicador para las CC.AA., excluyendo los casos particulares de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.


La brecha digital asociada a la dimensión empresarial resulta aun más preocupante al considerar que las microempresas representan el 95% de la población total de empresas españolas y que muestran bajos niveles de productividad, tanto en comparación con las empresas de mayor tamaño, como respecto a sus homólogas en las principales economías de la UE. El éxito de la transformación digital en España estará condicionado, por tanto, por la capacidad de impulsar la digitalización en las empresas de menor tamaño, lo que constituye, por otra parte, una oportunidad para favorecer su crecimiento y paliar el problema de atomización que afecta estructuralmente a nuestro tejido empresarial.


Nota: Esta entrada se enmarca en el Proyecto “Factor empresarial, ecosistemas digitales y transformación digital de la pyme” -DIGIPYME- (PID2020-113384GB-I00) financiado en la convocatoria 2020 de «Proyectos de I+D+i» del Programa Estatal de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación.


miércoles, 23 de junio de 2021

CAPITALISMO DIGITAL Y PIRATERÍA


    El pasado mes de mayo, el oleoducto Colonial, una gran arteria energética que canaliza el 45% del suministro de fuel en la costa este de EE.UU., paralizó su actividad debido a un ataque informático. El pánico generado en ciudadanos y empresas llevó los precios de la gasolina en la región a máximos desde 2014. La empresa Colonial tuvo que pagar a los piratas informáticos autores de este ataque de ransomware, un grupo autodenominado Darkside, cinco millones de dólares en bitcoins. Se trata del mayor ataque conocido a una infraestructura energética en los EE.UU. 

    Este episodio engrosa la larga lista de acciones de piratería informática que vienen sucediéndose en tiempos recientes en todo el mundo. A los pocos días, otro ciberataque forzó a Irlanda a cerrar el sistema informático de su sanidad pública. El avance de la digitalización como consecuencia del Covid-19 no ha hecho sino aumentar la vulnerabilidad de nuestras sociedades a este tipo de piratería. Así, según la firma de seguridad Emsisoft, en 2020 los rescates informáticos movieron en el mundo unos 18.000 millones de dólares, con un incremento del 80% respecto al año anterior. Nos encontramos pues ante una amenaza crítica para el desarrollo del “capitalismo digital” que caracteriza la economía global en nuestros días.

    El fenómeno de la piratería en el contexto del desarrollo capitalista no es, sin embargo, un asunto nuevo. Cuando en los s. XVI y XVII la apertura de las grandes rutas oceánicas y la formación de los primeros imperios globales impulsaron el “capitalismo mercantil”, floreció igualmente la piratería, en algunos casos con la complicidad de los propios Estados, como Inglaterra o Francia, que concedían a los piratas autorización para robar y saquear en tiempos de guerra mediante las denominadas “patentes de corso”. 

    Los piratas digitales de hoy despiertan cierta admiración en algunos grupos por su imagen de David frente al Goliat de los gigantes corporativos o los propios Estados a los que atacan; asimismo, inspiran algunas simpatías en ciertos colectivos por su supuesta ideología libertaria. Los piratas del s. XVII estaban igualmente rodeados por un halo de romanticismo. Ello se debía en parte a que representaban un modo de vida no sujeto a poder alguno e imbuido de un cierto espíritu libertario, que inspiró al poeta español José de Espronceda su célebre “Canción del Pirata”: “Que es mi barco mi tesoro/ que es mi dios la libertad,/ mi ley, la fuerza y el viento,/ mi única patria la mar.” Los piratas del mar llegaron a convertirse así en “héroes de masas”, como relata magistralmente Steven Johnson en su ensayo “Un pirata contra el capital”, a pesar de ser “asesinos, violadores y ladrones: enemigos de toda la humanidad.” Algo semejante podría decirse de estos piratas informáticos actuales que amenazan la estabilidad económica, social y política de las sociedades de la era digital. 

    En la citada obra, Johnson relata un episodio histórico particular que supondría un punto de ruptura, un momento de cambio asociado a transformaciones estructurales subyacentes. El protagonista del mismo fue el pirata británico Henry Every, uno de los pocos capitanes piratas que pudo desaparecer sin ser capturado o muerto en batalla. El último y mayor ataque de Every fue perpetrado en 1664 contra el Ganj-i-Sawai, buque insignia del emperador mogol, y supuso un botín de aproximadamente veinte millones de euros actuales, unas cuatro veces el rescate pagado por la compañía estadounidense Colonial.

    El ataque al Ganj-i-Sawai provocó una crisis diplomática entre Inglaterra y el Imperio mogol y obligó a Londres a tomar una postura tajante contra la piratería. Ello supuso el abandono de la indulgencia y colaboración que el gobierno británico había mantenido respecto a figuras como las de Drake y el resto de los corsarios. El Estado utilizó el juicio por el asalto al Ganj-i-Sawai y las ejecuciones de los participantes en el mismo como instrumentos propagandísticos de esta nueva política. Inglaterra debía dejar de ser vista internacionalmente como una “nación de piratas” en favor de los intereses del emergente imperio colonial inglés. La seguridad de los mares y la estabilidad de las relaciones entre los grandes actores políticos internacionales resultaba un factor clave en el desarrollo del capitalismo mercantil del momento y el Estado se involucraría más decididamente en la seguridad de los mares y la persecución de la piratería. 

    Este episodio histórico ilustra cómo para desarrollo del capitalismo resulta fundamental un marco institucional y de seguridad que permita el funcionamiento correcto del mercado. Ello nos devuelve al mundo de hoy, en el que el avance del capitalismo digital estará condicionado en las próximas décadas por la ciberseguridad. A este respecto, necesitamos implementar mecanismos más efectivos contra la delincuencia digital. Es de desear igualmente que no existan “patentes de corso” digitales y que los Estados cooperen internacionalmente para crear un entorno de ciberseguridad global. Es éste un aspecto crítico en el presente y futuro de las sociedades digitales en el s. XXI. Quizás el ataque a Colonial sea, en cierto modo, otro momento Ganj-i-Sawai.


lunes, 10 de mayo de 2021

LA UNIVERSIDAD POST-COVID

(Publicado en el diario ABC -edición Sevilla-, el 4 de mayo de 2021) 

        El 15 de marzo de 2020, con el inicio del primer confinamiento por el Covid-19, la sociedad española y con ella su Universidad se situaron ante un escenario apocalíptico e inimaginable.  


Abruptamente, la Universidad (presencial) se vio forzada a transformarse en un proveedor de enseñanza online, sumando esta adaptación -circunstancial y apresurada- a los retos estructurales de largo alcance que esta longeva institución acumula en el vertiginoso siglo XXI. Fue así como las restricciones en la actividad docente presencial derivaron en un experimento educativo a gran escala del que debemos extraer conclusiones útiles para el futuro. 

Por un lado, la experiencia educativa en el contexto de la pandemia nos ha reafirmado en algunas convicciones previas. En primer lugar, se ha demostrado la importancia incuestionable del contacto directo con el alumnado. La presencialidad resulta fundamental para la formación en habilidades sociales, el establecimiento de redes de contactos y el desarrollo de aquellos elementos del proceso de enseñanza-aprendizaje que requieren de un mayor nivel de interacción personal. La presencia de los estudiantes en los campus es, asimismo, fundamental para su formación humana integral, que tanto se beneficia de la participación en actividades culturales, deportivas o de voluntariado. La dimensión ética que la formación de un universitario debe contemplar requiere igualmente de la comunicación presencial como hilo conductor que favorece la empatía entre el alumnado y el profesorado. 

En segundo lugar, se ha podido confirmar que la evaluación del proceso de aprendizaje no puede desarrollarse con plenas garantías de modo virtual. La Universidad debe responder ante la sociedad de que sus titulados acrediten los conocimientos y competencias que los habilitan para la actividad profesional y esta función solo puede realizarla satisfactoriamente con pruebas presenciales. Por los dos motivos expuestos, la mejor Universidad tiene y tendrá un carácter presencial.

No obstante, esta experiencia educativa excepcional nos ha permitido también aprender algunas lecciones nuevas. El profesorado ha tenido una oportunidad singular para identificar en qué aspectos concretos la docencia presencial es insustituible y cómo mejorar su aprovechamiento, focalizándola en los elementos de índole práctica, el desarrollo de las capacidades analíticas o la verificación y el apoyo a la asimilación de los conocimientos. Hemos podido valorar también las posibilidades que ofrecen las tecnologías digitales para la creación de entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje. Las herramientas digitales permiten extraer de la docencia presencial algunos elementos de carácter teórico que pueden trasladarse con facilidad, e incluso con ciertas ventajas, a un entorno virtual, empleando las plataformas de docencia online. Se puede ganar así tiempo de clase presencial para la realización de actividades de carácter práctico, avanzando hacia el modelo conocido como flipped classroom o clase invertida. 

Las herramientas digitales también pueden aplicarse en el marco del aula, enriqueciendo el desarrollo de la propia clase presencial. Así pues, la docencia universitaria en el futuro deberá integrar de modo inteligente y equilibrado las tecnologías de la información y de las comunicaciones en escenarios mixtos que complementen la presencialidad docente-discente con recursos y metodologías de enseñanza virtual. 

Por otra parte, el atractivo de la Universidad post-Covid, en un contexto de aceleración del progreso científico y tecnológico, será cada vez más el hecho de representar un medio en el que se crea y fluye conocimiento de modo continuo, un entorno al que convendrá mantenerse conectado para estar al día. La comunidad universitaria se caracteriza por que toda ella está dedicada a aprender, tanto el alumnado como el profesorado, que debe estar al tanto de los avances en su campo de especialización y desarrollar una actividad investigadora orientada a ampliar la frontera del conocimiento. A este respecto, en la Universidad post-Covid ganarán igualmente relevancia las competencias asociadas a un aprendizaje autónomo, que tendrá que prolongarse durante toda la vida. 

En conclusión, la experiencia educativa en la pandemia, a pesar de ser insatisfactoria y frustrante para la mayor parte del profesorado y del alumnado, puede engendrar una Universidad mejor para el futuro. Será una Universidad más adaptada a los retos actuales de la educación y la sociedad, pero reafirmada a la vez en los pilares que la han sostenido en su historia -como el debate abierto y racional, el estímulo a la innovación y la honestidad académica-. Debiera ser, por tanto, una Universidad mejor preparada para servir de brújula a la sociedad en un mundo en continua transformación, plagado de tribulaciones y a menudo desconcertante. 


sábado, 3 de abril de 2021

SUPERVIVENCIA EMPRESARIAL, CIUDADES Y COVID-19


(Publicado en el blog "La riqueza de las regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional -AECR-)
      

Como estamos comprobando en este año de pandemia, las trágicas consecuencias en términos de mortalidad asociadas a la Covid-19 no afectan exclusivamente a las personas, sino también a las empresas. Desde una perspectiva sanitaria, algunos análisis han estudiado la posible asociación entre el nivel de incidencia de la epidemia y la densidad de población (véase, por ejemplo, AQR, 2020). A este respecto, se ha planteado la hipótesis de que el impacto epidemiológico de la Covid-19 podría ser mayor en las grandes ciudades (en comparación con las zonas rurales), dado que la concentración de personas elevaría el número de interacciones humanas y, por tanto, el riesgo de contagio. De modo análogo, desde una perspectiva económica, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cabe esperar un incremento de la mortalidad empresarial mayor en los grandes núcleos urbanos en comparación con las zonas rurales?. Para tratar de dar respuesta a esta cuestión, conviene partir de ciertas consideraciones previas sobre la relación entre supervivencia empresarial y nivel de urbanización. 

        Por un lado, las empresas se benefician en las ciudades de la diversidad de actividades productivas existente, que genera tanto externalidades pecuniarias como la oportunidad para la fertilización cruzada de ideas y el “derrame” de conocimiento entre sectores (knowledge spillovers). Los entornos urbanos ofrecen, asimismo, otras variadas ventajas económicas, como el mayor tamaño del mercado local, unos mejores servicios públicos o una mayor disponibilidad de otros recursos, como infraestructuras, financiación, recursos humanos o conocimiento. Todo ello podría afectar positivamente a la supervivencia empresarial en los ámbitos urbanos.

        Sin embargo, en las grandes ciudades, a partir de ciertos niveles de densidad local, pueden aparecer deseconomías de aglomeración en forma de costes más elevados, problemas de congestión o mayor inseguridad, entre otros factores. Asimismo, las ciudades constituyen un entorno empresarial caracterizado por una mayor intensidad de la competencia, lo que podría conducir a una demografía empresarial más turbulenta, caracterizada por más entradas, pero también por más salidas. Las grandes áreas urbanas ofrecen también más oportunidades económicas que las zonas rurales. Ello podría inducir a los emprendedores a cerrar negocios viables pero que muestren una baja rentabilidad, ante la existencia de opciones atractivas de empleo asalariado. Por el contrario, en las áreas rurales, los empresarios pueden verse obligados a ser más resilientes en ausencia de alternativas de empleo razonables. De igual modo, las redes sociales de apoyo en las zonas rurales podrían ser más fuertes que en las zonas urbanas y los emprendedores podrían sentir una mayor responsabilidad frente a la comunidad. Todo ello podría provocar tasas de supervivencia más elevadas para las empresas en las áreas rurales.

        La evidencia empírica disponible no permite despejar dudas en torno a esta cuestión, al no proporcionar resultados concluyentes relativos al efecto neto de la urbanización sobre la supervivencia empresarial. A este respecto, en un reciente trabajo (Bellido-Jiménez, Martín-Martín y Romero, 2021) analizamos el impacto del nivel de urbanización sobre la supervivencia de las empresas incubadas por los servicios públicos de apoyo de la Fundación Andalucía Emprende, que representa el principal instrumento para el fomento del emprendimiento en Andalucía. Nuestros resultados muestran que las probabilidades de supervivencia de las nuevas empresas incubadas en las ciudades y los grandes municipios andaluces son significativamente menores que para las promovidas en las áreas rurales y los pequeños municipios. Por lo tanto, un mayor nivel de urbanización se encuentra asociado en Andalucía con tasas de supervivencia más bajas de las nuevas empresas sujetas a procesos de incubación.

        Estos resultados se refieren exclusivamente a Andalucía en el período 2009–2014, estando asimismo afectados por un sesgo de selección, al observarse solo la población de empresas incubadas, que recibieron apoyo público en su proceso de creación. Por lo tanto, las conclusiones obtenidas no pueden extrapolarse al conjunto de las empresas activas a nivel nacional. No obstante, el efecto observado sugiere la existencia de un patrón que podría manifestarse más allá del contexto específico del análisis efectuado.

        Así pues, a tenor de las consideraciones realizadas en esta entrada, puede esperarse que la crisis de la Covid-19 acentúe el patrón espacial de supervivencia observado en nuestro estudio, incrementando la mortalidad empresarial en los grandes núcleos urbanos en mayor medida que en las zonas rurales, menos afectadas por la epidemia. No obstante, ello sería compatible con el mayor potencial de recuperación y el dinamismo empresarial más intenso que cabe esperar en las grandes ciudades conforme el proceso de vacunación avance y la epidemia vaya superándose. En el medio y largo plazo estos procesos estarán condicionados a su vez por los cambios estructurales en el plano económico y social que puedan derivarse de la Covid-19, aunque parece improbable que la pandemia altere significativamente los patrones de urbanización pre-existentes (Florida, Rodríguez-Pose y Storper, 2020).


Referencias:

AQR (2020): “El efecto de la densidad de población en la propagación del COVID-19 en el territorio catalán”, AQR COVID-19 / #1, Grupo de Investigación Anàlisi Quantitativa Regional, Universitat de Barcelona (AQR–UB).

Bellido-Jiménez V. M., Martín-Martín, D. y Romero I. (2021): “The survival of new businesses in Andalusia (Spain): Impact of urbanization, education, and gender”. Regional Science, Policy and Practice, 13, 25–41. https://doi.org/10.1111/rsp3.12308

Florida, R., Rodríguez-Pose, A. y Storper, M. (2020): "Cities in a Post-COVID World," Papers in Evolutionary Economic Geography (PEEG) 2041, Utrecht University, Department of Human Geography and Spatial Planning, Group Economic Geography.


lunes, 28 de septiembre de 2020

LA PYME HOTELERA ANTE LA PANDEMIA. CONSIDERACIONES PARA EL TURISMO DE LITORAL Y DE INTERIOR

(Publicado en el blog "La Riqueza de las Regiones" de la Asociación Española de Ciencia Regional (AECR). 

El sector turístico en conjunto y en particular su rama hotelera se han visto golpeados con crudeza por la crisis asociada a la Covid-19. Las perspectivas de recuperación más optimistas para la estación estival se vieron esencialmente truncadas y las previsiones de futuro siguen marcadas por la incertidumbre. Así pues, la crisis del sector turístico tendrá un impacto contractivo sobre el conjunto de la economía, lo que ha llevado a algún analista a aventurar incluso que su colapso podría desencadenar una nueva etapa en la crisis (Foroohar, 2020). 

En el marco de esta situación aciaga para el sector se observan algunos fenómenos de interés tanto desde la perspectiva de la demanda, como de la oferta turística. Por un lado, la caída de la demanda turística en el contexto de la pandemia se ha visto acompañada de una cierta reorientación hacia destinos rurales de interior, menos congestionados, frente a las zonas del litoral especializadas en un turismo de sol y playa, tradicionalmente masivo. 

En el lado de la oferta y, en concreto, en el ámbito de la distribución turística, la pandemia ha agravado la crisis que los grandes turoperadores vienen sufriendo en los últimos años, con la quiebra de Thomas Cook en 2019 como manifestación emblemática. La crisis de la Covid-19 se ha sumado así a cambios estructurales en curso en las preferencias y el comportamiento de los turistas. La pérdida de interés por el paquete organizado y el creciente dominio de las herramientas digitales están conduciendo hacia la desintegración del producto turístico y al empleo de canales de comercialización más cortos, a través de la venta directa on-line al turista o la comercialización a través de las agencias de viajes on-line (Booking o Expedia, entre otras) u otras plataformas digitales (por ejemplo, Airbnb) (véase figura). 

Ambos fenómenos -de demanda y de oferta- están conectados, dado que los turoperadores han sido tradicionalmente los grandes canalizadores de los flujos de turismo de masas dirigidos hacia las zonas del litoral español. A este respecto, resultan de interés los resultados de un reciente artículo en el que, bajo el título de “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, analizamos las diferencias existentes en las relaciones entre los turoperadores y las pymes hoteleras en los destinos de interior y de litoral (Romero, Cáceres Carrasco y Fernández-Serrano, 2020). 

En este trabajo ponemos de manifiesto cómo los turoperadores internacionales presionan a las pymes hoteleras en el litoral para que bajen los precios de sus habitaciones, a la vez que influyen en su inversión en actividades innovadoras, estimulándola. Esta presión sobre los precios es menos intensa para los hoteles en destinos de interior, donde los turoperadores no ejercen una influencia significativa sobre la inversión en actividades innovadoras. Asimismo, el análisis efectuado permite constatar el impacto generado por los turoperadores turísticos sobre los resultados de los hoteles en las zonas del litoral, que se manifesta a través de dos efectos contrapuestos: por un lado, los turoperadores favorecen el crecimiento de las ventas y el empleo en las pyme hoteleras en el litoral, al facilitar su acceso al turista internacional; por otro lado, la dependencia de los turoperadores tiene un impacto negativo en la rentabilidad de la pyme hotelera en las áreas costeras, como consecuencia principalmente de su presión a la baja sobre los precios de las habitaciones. Por el contrario, en los destinos de interior los turoperadores no ejercen una influencia relevante sobre el crecimiento y la rentabilidad hotelera.

La pyme hotelera está siendo una de las más afectadas por la crisis de la Covid-19 debido a al especial impacto que está sufriendo la actividad turística y al escaso margen de maniobra financiero del que disponen en general este tipo de empresas. En este sentido, el sector requiere de apoyo público para salvaguardar su sostenibilidad en el contexto de la pandemia y facilitar su adaptación al escenario post-Covid. A este respecto, las pymes hoteleras en las zonas de litoral y de interior se enfrentan a problemáticas diferenciadas. Las primeras deberán restablecer la confianza del turista internacional y adaptar sus estrategias de comercialización a la crisis de los grandes turoperadores. Por su parte, las pymes hoteleras en zonas rurales de interior deberían aprovechar los elementos de oportunidad que se esconden en la crisis y modernizar sus estrategias de comercialización. En ambos casos, la innovación y la transformación digital serán estrategias clave a fin de mantener el liderazgo de competitividad a escala mundial que España acredita en el sector turístico.


Referencias: 

(1) Foroohar, R. (2020): “Tourism’s collapse could trigger next stage of the crisis”, Financial Times, 2 de Agosto.

(2) Romero, I. y Tejada, P. (2011): “A multi-level approach to the study of production chains in the tourism sector”, Tourism Management, Vol. 32, Issue 2, pp. 297-306.

(3) Romero, I., Fernández-Serrano, J. y Cáceres-Carrasco, F. R. (2020): “Tour operators and performance of SME hotels: Differences between hotels in coastal and inland areas”, International Journal of Hospitality Management, Vol. 85.

(4) World Economic Forum (2019): The Travel & Tourism Competitiveness Report 2019, World Economic Forum, Ginebra. 


jueves, 30 de julio de 2020

CAPITAL HUMANO Y DIGITALIZACIÓN EN LA PYME COMERCIAL

El sector del comercio se enfrenta a una mutación profunda como consecuencia del proceso de transformación digital. El uso de pantallas táctiles y probadores digitales, la interacción con los clientes a través del uso de las redes sociales y aplicaciones para móviles, el empleo de nuevos procedimientos digitales de pago o la aplicación del “big data” son solo algunas novedades que están revolucionando la actividad comercial. Este proceso de transformación se está acelerando además como consecuencia de la crisis de la Covid-19 (como comentamos aquí).

En este contexto, diversas administraciones públicas se están planteando como objetivo apoyar a la pyme comercial en su adaptación a las nuevas circunstancias para favorecer así su viabilidad y mitigar la destrucción de empleo asociada a la crisis que atraviesa el sector. A este respecto, es necesario tener en cuenta en el diseño de estas actuaciones públicas la evidencia disponible sobre los factores que favorecen y obstaculizan la adopción de tecnología en la pyme comercial. Se trata de un aspecto que analizamos en este artículo (junto a Juan Antonio Martínez Román). 

En dicho trabajo estudiamos los factores impulsores de la adopción de tecnología (introducción de nuevo equipamiento técnico e informático y adopción de nuevo software y aplicaciones) sobre una muestra de pymes operando en el sector del comercio al por menor en España. 

El análisis efectuado permitió comprobar que los perfiles personales de los empresarios, tanto en lo que se refiere a las motivaciones para la puesta en marcha o mantenimiento del negocio, como a su bagaje educativo constituyen factores clave que delimitan la capacidad de las pymes para adoptar tecnología. En relación con la motivación empresarial, son los empresarios con motivaciones por oportunidad (frente a aquellos motivados por situaciones de necesidad) los que lideran pymes comerciales con mayor capacidad de adopción tecnológica. En el caso del nivel educativo del empresario, cuanto mayor es este, mayor capacidad de adopción de tecnología muestran las pymes comerciales, como cabría esperar.

La importancia del capital humano como factor clave en estos procesos de transformación tecnológica, se ve avalada también por un segundo resultado en este estudio: aquellas empresas que implementaron actividades formativas para sus empleados tuvieron mayor capacidad de absorción tecnológica.

Asimismo, aquellas pymes que desarrollaron iniciativas de cooperación con otras empresas pudieron adoptar nueva tecnología en mayor medida. Este hecho indica que las limitaciones a las que se enfrentan las pymes derivadas de su reducido tamaño, que les impide beneficiarse de economías de escala, podrían verse mitigadas mediante mecanismos de cooperación empresarial. 

Por otra parte, nuestros resultados sugieren que la adopción de tecnología en las pymes del comercio minorista no se plantea con el objetivo de reemplazar a trabajadores, como a menudo se suele suponer. 

Por lo tanto, las administraciones públicas pueden jugar un papel positivo catalizando los procesos de adopción de tecnología en las pymes comerciales a través del fortalecimiento del capital humano en estas organizaciones. Para ello cobra sentido el apoyo público a acciones formativas y de asesoramiento con un enfoque que estimule la colaboración empresarial. Este tipo de iniciativas parece ser el mecanismo más eficaz para aumentar la productividad y la calidad del servicio en las pymes comerciales tradicionales, promoviendo así la supervivencia e incluso el crecimiento de estas empresas.

Referencia: 
Romero, I. and Martínez-Román, J.A., 2015. Determinants of technology adoption in the retail trade industry – the case of SMEs in Spain. Amfiteatru Economic, 17(39), pp. 646-660.

miércoles, 13 de mayo de 2020

DIGITALIZACIÓN DEL COMERCIO EN TIEMPOS DEL COVID-19

Artículo realizado junto con Pedro de Ahumada Servant y publicado en el diario Expansión (Andalucía) el 07/05/20.


El Covid-19 ha transformado inesperadamente la forma en que vivimos, trabajamos y consumimos. Nuestra sociedad se enfrenta a un cambio disruptivo que dejará huella perdurable en las pautas de producción y consumo, así como en los estilos de vida. Ya en el corto plazo, el confinamiento y el distanciamiento social están acelerando el avance hacia una sociedad digital. 


Las circunstancias actuales están permitiendo confirmar que España dispone de buenas infraestructuras TIC, capaces de dar respuesta a un crecimiento explosivo del tráfico de datos. Sin embargo, la transformación digital no es un proceso meramente tecnológico: su principal protagonista no son los ordenadores, ni las redes, sino las personas. A este respecto, el Digital Economy and Society Index (DESI), elaborado por la Comisión Europea, muestra deficiencias comparativas en las competencias digitales de la población española en el contexto comunitario. 

La gravedad de la situación económica derivada de la pandemia se acentúa en el caso de aquellos sectores, como el comercio, que se ven más afectados por el confinamiento. El impacto de la crisis se agudiza asimismo en esta rama de actividad debido a su atomización empresarial. El 60,5% de las empresas comerciales en Andalucía no tienen empleados y el 35,8% son microempresas con menos de 10 trabajadores. Estas empresas disponen de un limitado colchón financiero para absorber la paralización de su actividad. El comercio aporta un 9.1% del VAB andaluz y más de 460.000 empleos para la economía regional. Una parte significativa de este tejido empresarial está en riesgo. La amenaza afecta con mayor intensidad a la mujer, dado que la representación femenina en el empleo del sector alcanza el 60,4%. 

El reto de la digitalización representa en estos momentos para la pyme comercial una crisis de supervivencia. A este respecto, un estudio reciente elaborado por Angloben Digital Economy muestra que el nivel de digitalización del comercio en Andalucía se sitúa en el 42,9 % de su potencial. Por lo tanto, el sector se enfrenta a esta crisis con un retraso notable en su transformación digital, pero con perspectivas de mejora extraordinarias en dicho plano. 

El potencial de la digitalización como motor de cambio de los modelos tradicionales de negocio en el comercio es formidable y constituye una singular oportunidad. Los comercios locales pueden desarrollar servicios digitales para reducir los obstáculos asociados a las barreras físicas -más limitantes en un contexto de confinamiento y aislamiento social-, simplificar las cadenas de suministro y agilizar la provisión de bienes y servicios. En estos días difíciles, muchos comercios tradicionales se están transformando digitalmente con éxito. En las propias plazas de abastos algunos negocios han diseñado herramientas de pedidos, han contratado personal y multiplicado por cinco sus ventas. La clave en estos procesos es sin lugar a dudas el capital humano y no son pocos los comerciantes que están evaluando con rapidez la situación y aprendiendo a relacionarse digitalmente con sus clientes. 

La crisis del Covid-19 supone un punto de no retorno para la transformación digital del comercio. Las políticas públicas deben acompañar a los comerciantes perspicaces y dinámicos que busquen aprovechar las oportunidades que la transformación digital pone a su alcance, garantizando la viabilidad presente y futura de un tejido empresarial necesario para la economía andaluza.

lunes, 10 de diciembre de 2018

LA RECETA DE LA INNOVACIÓN PARA ANDALUCÍA

Publicado en Expansión (Andalucía) 03/12/18

Existe un amplio consenso que apunta a la innovación como el factor clave para avanzar en el desarrollo de Andalucía. Sin embargo, no resulta tan evidente cómo hacer más innovadora a la economía andaluza. 

La innovación se concibe en la actualidad como el resultado de procesos interactivos de creación, transformación, aplicación y difusión de conocimiento, en los que participan diversos actores presentes en el territorio (empresas, sistema educativo, centros de investigación, administraciones públicas, …). Este paradigma lo ilustra a la perfección un modelo de excelencia como el Silicon Valley, donde se explotan con éxito las sinergias derivadas de la colaboración entre los agentes que conforman el sistema de innovación. 

No obstante, supondría una ingenuidad pensar que es posible recrear un Silicon Valley en cualquier territorio. Para cocinar ese plato hacen falta unos ingredientes y unos medios técnicos que no siempre están disponibles e, incluso si lo estuvieran, reproducir la receta con acierto resultaría harto complicado. Un enfoque más realista consiste en fortalecer los sistemas regionales de innovación a partir de las fortalezas y debilidades de cada territorio. Se trata de cocinar adaptando recetas aplicadas con éxito en otros entornos a los ingredientes y los medios disponibles. A tal efecto, conviene considerar que los factores críticos que estimulan y obstaculizan la innovación empresarial difieren parcialmente entre unas regiones y otras. En un reciente estudio (“The entrepreneur in the regional innovation system. A comparative study for high- and low-income regions”, publicado en la revista Entrepreneurship and Regional Development) ponemos de manifiesto estas diferencias para el caso de España. 

Así pues, en las economías regionales de ingreso más alto, como Madrid, País Vasco y Navarra, las restricciones financieras, fiscales y administrativas representan los obstáculos más sensibles a la innovación empresarial. Por el contrario, en las regiones de bajo ingreso del sur español, como Andalucía, Extremadura y Murcia, las deficiencias en capital humano e infraestructuras siguen actuando como las principales barreras para las empresas innovadoras. Asimismo, en las economías con atraso relativo como Andalucía, con deficiencias significativas en sus capacidades emprendedoras, la ambición por el crecimiento resulta una característica muy distintiva de las empresas que innovan frente al resto. Por otra parte, la innovación en las regiones españolas más desarrolladas se beneficia de la colaboración entre las empresas, mientras que este mecanismo es poco empleado en las regiones del sur peninsular. En estas últimas, la colaboración efectiva en materia de innovación se restringe a las relaciones entre empresas y universidades/centros tecnológicos y de investigación, siendo esta cooperación en cualquier caso débil. 

Por lo tanto, en la receta de la innovación para Andalucía, el capital humano constituye el ingrediente clave, lo que insta al fortalecimiento tanto de la educación reglada, como de la formación continua en las empresas. Las actuaciones en este ámbito deben contemplar, de modo trasversal, el estímulo a la cultura emprendedora. Pese al avance logrado en las últimas décadas, se deben seguir abordando de modo selectivo inversiones en ciertas infraestructuras estratégicas. Finalmente, resulta esencial aumentar la interacción entre los agentes del sistema regional de innovación. A tal fin, urge estrechar las relaciones entre el sistema productivo y las universidades y los centros tecnológicos. Las empresas andaluzas deberían asimismo aprovechar mejor las oportunidades asociadas a la cooperación inter-empresarial mediante procesos de innovación abierta (“open innovation”). La cooperación resulta fundamental en un tejido productivo como el andaluz, en el que la atomización empresarial lastra la innovación. 

martes, 19 de junio de 2018

MIEDO Y LIBERTAD

En “El hombre que amaba a los perros”, Leonardo Padura, premio Princesa de Asturias de las Letras, recreó el asesinato de León Trotski por Ramón Mercader para reflexionar sobre el experimento social fallido que supuso el Comunismo en el s. XX. A lo largo de las páginas de esta novela, el escritor cubano se compadece de las víctimas del totalitarismo, “trágicas criaturas cuyos destinos están dirigidos por fuerzas superiores que los desbordan y los manipulan hasta hacerlos mierda” y condena el “fanatismo obcecado”, que ignora las tragedias personales, sacrificándolas en el altar de la historia, en aras de utopías que tarde o temprano acaban pervirtiéndose. 


La novela tiene también otro protagonista invisible pero omnipresente: el miedo. No en balde la palabra miedo aparece 142 veces a lo largo de la obra. Se trata de un miedo “común y corriente”, pero también de un miedo “extensivo y omnipresente”; un miedo “con mayúsculas, real, incisivo, omnipotente y ubicuo”; un miedo individual y también un miedo colectivo; el miedo como pulsión que mueve a los individuos y como motor de la Historia; un miedo “visceral” y lacerante; un miedo “congénito”, que “se transmite, como una herencia”; un miedo que deja “huellas”, que queda “adormecido”, pero “se despierta en la memoria”; un miedo a morir; un miedo al otro, e incluso a uno mismo.


Los antropólogos han reivindicado el valor funcional del miedo en la evolución. El miedo protege al ser humano frente a los peligros que le acechan, lo alerta y lo predispone a afrontar las amenazas, bien huyendo, bien enfrentándolas, venciendo, en este caso, al propio miedo. De una u otra forma, el miedo ha resultado útil al ser humano en el plano individual y como especie y de ahí que siga con nosotros. Desde esta perspectiva evolutiva, somos hijos del miedo. 

Pero el miedo actúa también como un enemigo implacable de la libertad, limitando el desarrollo personal del individuo y operando como un instrumento de dominación social. Con frecuencia el miedo en los grupos sociales ha obedecido y obedece a una amenaza violenta. En otros casos lo suscita el riesgo de pérdida de bienestar económico. Y en ocasiones nace y se expande como gangrena en la conciencia colectiva ante amenazas intangibles de origen más difuso. Así, Erich Fromm, psicólogo y politólogo de la Escuela de Frankfurt, mostró en “El Miedo a la libertad” algunos de los mecanismos psico-sociales a través de los cuales las sociedades pueden renunciar a la libertad por desorientación y miedo a la incertidumbre. En esa clave cabe interpretar, según Fromm, el ascenso y triunfo de Hitler y el nacional-socialismo en la Alemania de entreguerras. 

El mundo asiste en la actualidad a profundos procesos de cambio de carácter tecnológico, económico y social (robotización, deslocalización industrial, retroceso de los derechos laborales y otros recortes sociales, intensos procesos de inmigración, envejecimiento de la población, sentimientos de pérdida de identidad cultural, etc.) que están generando incertidumbres y miedos de diversa naturaleza, especialmente en las clases medias y bajas de los países desarrollados. Estos procesos coinciden con un retroceso en la democracia en el mundo, con el ascenso de diversas manifestaciones de populismo simplista y de perfiles autoritarios en el liderazgo político de las democracias occidentales y en otros ámbitos. El matonismo político se instala en muchos países, estableciendo un culto a líderes “fuertes” con discursos rotundamente demagógicos, que albergan un pensamiento “débil” y falaz. 

Ante un escenario convulso, el miedo está activándose como un resorte de alerta en muchas sociedades. El miedo, que ha sido un buen aliado del hombre, también lo ha esclavizado. Las sociedades occidentales deben afrontar los retos presentes actuando con diligencia, racionalidad y valentía. No es tiempo de ignorar los problemas, ni de hundir la cabeza en la tierra como el avestruz, pero tampoco de sucumbir al miedo, sacrificando la decencia, la democracia y la libertad. Habitamos un tiempo en el que, ante todo, debemos temer al miedo.

jueves, 4 de mayo de 2017

ANDALUCÍA Y LA ESPECIALIZACIÓN NEGLIGENTE

Publicado en Expansión (Andalucía) en 2 de Mayo de 2017

El debate sobre el modelo productivo andaluz y su transformación retorna periódicamente adquiriendo un renovado protagonismo en foros políticos, empresariales y académicos. Los anhelos de industrialización constituyen, a este respecto, el lugar común de unas demandas recurrentes de cambio estructural impregnadas de voluntarismo. El discurso industrializador se superpone en la actualidad al relato asociado a la nueva estrategia de Política de Cohesión comunitaria, que se articula en torno al concepto de especialización inteligente (“smart specialisation”).

La estrategia de especialización inteligente anima a cada territorio a aprovechar sus fortalezas, ventajas competitivas y potencial para la excelencia a través de la innovación y un desarrollo basado en el conocimiento. La estructura económica andaluza ha estado históricamente delimitada por ventajas comparativas asociadas a su base natural. Los recursos minerales, una tierra y un clima favorable para la agricultura, su litoral y su situación geo-estratégica han marcado y marcan nuestra economía. Esta especialización, más que falta de inteligencia, ha adolecido de negligencia. Desde esta perspectiva, el retraso comparativo andaluz responde en buena parte a la falta de cuidado, aplicación y diligencia para explotar al máximo las ventajas comparativas existentes, ganando escala empresarial y ampliando el valor añadido.

¿Cómo puede Andalucía avanzar hacia una especialización más inteligente? Por una parte, incrementando la capacidad de generación de valor en sus sectores tradicionales, como el agro-alimentario o el turismo. Para ello es clave la incorporación de tecnología, conocimiento y creatividad a los procesos productivos a través de la innovación empresarial. Andalucía tiene potencial para el liderazgo global en su producción agro-alimentaria y puede explotar mejor las sinergias derivadas de la conexión de este sector con el turismo a través de la restauración y, en particular, de la alta cocina. Andalucía puede atraer a un mayor número de turistas y a la vez posicionarse para captar un turismo de mayor calidad, asociado a un gasto medio por visitante superior. Este desarrollo turístico puede alcanzarse preservando el equilibrio territorial y la sostenibilidad con la contribución del sector ambiental y las energías renovables. Y Andalucía puede y debe explotar más diligentemente las ventajas logísticas asociadas a su situación estratégica en un mundo donde las cadenas de generación de valor se han hecho globales.

Al modelo productivo andaluz se han sumado apuestas exitosas, como la del sector aeronáutico, que hay que cuidar con esmero. Existen también oportunidades por explotar en los sectores de la ingeniería, otros servicios avanzados y la cultura. Asimismo, nuevos desarrollos industriales podrían contribuir a diversificar nuestra estructura productiva. No obstante, el proceso de desindustrialización afecta a la mayor parte de las economías avanzadas y la transformación del modelo productivo solo puede responder a ventajas comparativas reales y no a buenos deseos suspendidos en el aire.


La Estrategia de Investigación e Innovación para la Especialización Inteligente de Andalucía (RIS3) y la Estrategia Industrial de Andalucía 2020 proponen un marco de referencia válido para el fortalecimiento del sistema productivo regional. Sin embargo, el reto más inmediato pasa por perseguir con diligencia la excelencia en lo que hacemos. Las empresas andaluzas deben afrontar su internacionalización y mejorar su competitividad en el mercado global con ambición e invirtiendo en conocimiento. Del mismo modo, necesitamos un sector público más eficiente que aspire a la excelencia. Y todo ello no se alcanzará con la mera retórica de los planes estratégicos, sino mediante una labor sorda, esforzada y persistente a escala microeconómica en busca de la eficiencia. A tal fin, resulta prioritaria la inversión en el recurso clave para la Andalucía del siglo XXI: su capital humano. Porque solo será posible lograr una especialización más inteligente contando con la formación, la diligencia y la capacidad emprendedora de los andaluces.